De Pueblos Indígenas en Brasil
Foto: APIZ-Associação do Povo Indígena Zoró Pangyjej, 2008

Zoró

Autodenominación
¿Donde están? ¿Cuántos son?
MT 711 (Siasi/Sesai, 2014)
Familia linguística
Mondé

Los Zoró, y los demás habitantes de lengua Tupí-Mondé son habitantes seculares de la región noroeste de Mato Grosso y sur de Rondônia. En el siglo XX, progresivamente, este extenso territorio indígena fue invadido por caucheros y empresas mineras. La inauguración de la carretera Cuiabá-Porto Velho, en 1961, lanzó colonos, agropecuarias y posseiros [pequeños agricultores sin título de propiedad] a la disputa por las tierras indígenas. En vista de la agudización de los conflictos, se organizaron varias expediciones de “pacificación”. Oficialmente contactados en 1977, los Zoró fueron los últimos de los Tupí-Mondé en aproximarse a los frentes de expansión regional. (ver "História de la pacificación")Los sertanejos [personas que exploran regiones agrestes] de la Funai [Fundación Nacional del Indio] estimaban su población entre 800 y 1000 personas. Un año después del contacto, este número se redujo a la mitad. La invasión de sus tierras por posseiros y madereras ganó fuerza en las décadas siguientes, ocasionando epidemias y despoblamiento. No obstante, la retirada de los invasores del área Zoró, a  inicios de la década de 1990, no interrumpió la extracción ilegal de madera. En los últimos años, la Asociación Pangyjej (APIZ) viene asumiendo iniciativas para la protección de la Tierra Indígena Zoró y sus recursos naturales, además de apoyo a la educación escolar y a los objetos productivos, como la recolección de castaña.

Nombre

Jovem Zoró com uma cuia cheia de chicha, bebida feita a base de mandioca, Terra Indígena Zoró, Mato Grosso. Foto: APIZ-Associação do Povo Indígena Zoró Pangyjej, 2007
Jovem Zoró com uma cuia cheia de chicha, bebida feita a base de mandioca, Terra Indígena Zoró, Mato Grosso. Foto: APIZ-Associação do Povo Indígena Zoró Pangyjej, 2007

Los registros históricos más antiguos no distinguen a los Zoró de los demás pueblos de familia lingüística Tupí-Mondé, en general referidos como “Cinta-Larga” o “Cinturón-Largo” (además de ellos, los actuales Cinta-Larga, los Suruí y los Gavião), que hasta mediados del siglo XX habitaban las florestas tropicales densas, con sus enclaves de formaciones abiertas y cerradas, que caracterizan las cuencas de los ríos Aripuanã y Roosevelt, al noroeste de Mato Grosso y sudeste de Rondônia. Todos portaban algún tipo de cinturón y construían malocas oblongas muy semejantes. Caucheros, cazadores y garimpeiros se referían a ellos con el apodo “Cabezas-Secas”, tal vez debido a los cabellos raspados, como usaban los Tupí-Mondé en ocasión de enfermedades y funerales.

Los sertanejos de la Funai, a su vez, obtuvieron de los Suruí (que se autodenominan Paiter), sus más tenaces enemigos de la época, la designación que hoy identifica a los “Zoró”. Según el periodista Cesarion Praxedes, que visitó en 1977 el campamento del Frente de Atracción en las márgenes del río Branco (afluente de la margen izquierda del río Roosevelt):

“Zoró es el nombre que quedó de la denominación monshoro, utilizada por los suruís para designar a sus vecinos y enemigos (…). Monshoro es una palabra despreciativa de las que los Suruí no explican directamente el significado. Con el tiempo fue abreviada para shoro y, por fin, zoró” (Praxedes 1977a).

El médico Jean Chiappino (1975), que en 1972 permaneció durante algunos meses en el Área Indígena Sete de Setembro (actual Tierra Indígena Sete de Setembro), oyó a los Suruí llamar de “Mojur” a sus enemigos situados al norte. De acuerdo con la indigenista Inês Hargreaves (1992), los Suruí les aplicaban estos dos apelativos: ngu sura (“boca o habla ruin”) y lad up (“gente roja”).

A sí mismos los Zoró se designan como Pangyjej. Con todo, asimilaron la denominación “Zoro”, que rápidamente se difundió en el contexto de sus relaciones con la sociedad nacional; utilizándola, inclusive, como apellido en registros de nacimiento y otros documentos personales.

Lengua

Los Zoró hablan una lengua de la familia Mondé, de la cual también hacen parte las lenguas de las familias Cinta-Larga, Gavião, Salamãi (Sanamaiká o Mondé), Suruí, Aruá y Aruaxi (Rodrigues 1986); y, probablemente, también las lenguas Kepkiriwat, de un pueblo que la Comisión Rondon encontró en 1913 en el valle del río Pimienta, que es uno de los que forma el río Ji-Paraná (Rondon 1916; Rondon & Faria 1948; Levi-Strauss 1994) así como Arara del Guariba (Dal Poz 1995).

Para el lingüista Denny Moore (2005), las lenguas Cinta Larga, Gavião y Zoró serían solamente variantes dialectales, pues son mutuamente comprensibles.

La denominación de esta familia lingüística se debe a un pequeño grupo de 25 indios “Mundé” que el antropólogo Lévi-Strauss visitó en 1938, en el alto río Pimienta Bueno, actual Estado de Rondônia (Lévi-Strauss 1955). Años después, la misionera Wanda Hanke los encontró en el alto Guaporé, hacia donde las tres familias habían sido removidas, y recogió una lista de palabras y datos etnográficos superficiales (Hanke 1950).  

Localización y población

Menina Zoró, aldeia Escola Zawa Karej Pangyjej, Terra Indígena Zoró, Mato Grosso. Foto: APIZ-Associação do Povo Indígena Zoró Pangyjej, 2007
Menina Zoró, aldeia Escola Zawa Karej Pangyjej, Terra Indígena Zoró, Mato Grosso. Foto: APIZ-Associação do Povo Indígena Zoró Pangyjej, 2007

 

Los Zoró viven en la TI (Tierra Indígena) Zoró, demarcada y homologada, en el municipio de Rôndolandia (desmembrado en 1998 del municipio de Aripuanã), en Mato Grosso, en un área próxima a la frontera con Rondônia.

La región de los afluentes de la margen derecha del alto río Madeira es, desde hace mucho tiempo, el hábitat de los pueblos de lenguas Tupí-Mondé. Las investigaciones etno-linguísticas estiman en dos o tres siglos el origen del proceso de diversificación de sus lenguas, cuando algunos grupos de la misma familia se habrían desplazado hacia las nacientes a lo largo de los ríos Aripuanã y Roosevelt (Brunelli 1989).

Por consiguiente, un estado de guerra incesante gobernaba las relaciones de estos pueblos entre sí y les servía de mecanismo para la definición de sus límites territoriales. Los Zoró relataron al antropólogo Gilio Brunelli (1987a) que sus ancestros habitaban las inmediaciones de la desembocadura del río Aripuanã y, en las primeras décadas del siglo XX, se abrieron camino entre los Arara Karo y otros pueblos agricultores establecidos aguas arriba, aproximándose de a pocos al territorio que hoy ocupan. En esta migración, los Zoró enfrentaron grupos Cinta-Larga encima de la confluencia del río Branco con el río Roosevelt, imponiéndose después de arduas escaramuzas.

La agitación cesó alrededor de la década de 1930, cuando los Zoró chocaron con grupos Cinta-Larga y Suruí más numerosos, al oeste y al sur. A mediados del siglo pasado, por consiguiente, los Zoró ocupaban un territorio continuo, desde la margen derecha del río Roosevelt  hasta los arroyos que forman el río Madeirinha, rivalizando con los Cinta-Larga al este, los Suruí al sur, los Gavião al sudoeste y oeste y los Arara Karo al noroeste. e.

En 1976, en base a los registros aéreos, los sertanejos de la Funai estimaron la población Zoró en 800 personas, distribuidas en más de 10 aldeas. Un año después, los Zoró no llegaban ni a la mitad de ese número – en caso sea cierta la información de que apenas 400 personas fueron vacunadas por el equipo de la Funai en 1977. Tuberculosis, gripe, diarrea y malaria golpearon epidémicamente a los Zoró, antes y después de su primera visita a los peones de la Hacienda Castanhal (Brunelli y Cloutier 1986). Después del contacto, los Zoró se desplazaron hacia el Área Igarapé Lourdes, de los Gavião, aturdidos por el ataque inesperado de los Suruí a un campamento – una estadía corta, pero marcadora: allí conocieron a  los religiosos fundamentalistas norteamericanos de la MNTB (Misión Nuevas Tribus del Brasil) y, además de eso, contrajeron malaria y hepatitis que victimaron a varios de ellos (Brunelli 1987a; Forseth & Lovøld 1984). En mayo de 1980, nuevamente buscaron refugio en el Área Igarapé Lourdes, donde los misioneros disponían de remedios y les prestaron la atención de la que carecían (Brunelli 1987a; Cloutier 1988). Desde los primeros contactos con los peones de la hacienda Castanhal, en 1976, hasta fines de 1979, ocurrieron cerca de 44 óbitos, tratándose la mitad de ellos de personas con treinta años o más (Forseth & Lovøld 1984; Brunelli 1987a). Algunos Zoró se casaron entre los Gavião y asentaron definitivamente sus familias en la Tierra Indígena Igarapé Lourdes. Un año después, con todo, la mayoría retornaría al territorio tradicional, concentrándose en el Puesto de la Funai, donde el pequeño ambulatorio contaba con la presencia eventual de un auxiliar de salud (Brunelli 1989). Así, en 1984, luego de una serie de brotes epidémicos, la población zoró sumaba poco más de 200 personas.

Datos demográficos

 

Año Población Lugar/Área Fuente
 1977 350   Praxedes, 1977
 1980

175

Igarapé Lourdes Moore, 1981
 1981 152 36 F.A. Zoró Igarapé Lourdes Proyeto Rondon/UFMT, 1981
 1983

175

           32
F.A. Zoró Igarapé Lourdes Gambini, 1983
 1984 169 34 F.A. Zoró Igarapé Lourdes Brunelli & Vallee, 1984; Brunelli & Cloutier, 1986
 1985 194 34 F.A. Zoró Igarapé Lourdes Brunelli & Cloutier, 1986
 1987 211 F.A. Zoró Gambini, 1987
 1988 200 F.A. Zoró Coimbra & Santos, 1989
 1989 218 Zoró Funai, apud CEDI, 1981
 1992 237 20 Zoró Igarapé Lourdes Hargreaves, 1993
 2000 400 T.I. Zoró Funai, apud ISA, 2000
 2003 464 T.I. Zoró Funasa, apud ISA, 2006
 2006 540 T.I. Zoró Associação Pangyjej, 2006
 2008 599 T.I. Zoró

Funai/CGDC - AER Ji-Paraná

 2010 625 T.I. Zoró

Associação Pangyjej, 2010 

En el 2008, los Zoró contaban con 599 personas, distribuidos en 23 aldeas que estaban dispuestas desigualmente por todos los cuadrantes de la Tierra Indígena Zoró, conforme a los datos de la Funai/CGDC (Coordinación General de Desenvolvimiento Comunitario) AER (Administración Ejecutiva Regional)-Ji-Paraná-RO (Rondônia).

Historial de la Pacificación

El proceso de colonización en el centro-oeste y sur de la Amazonía pasó a lo largo de la región bañada por los ríos Aripuanã, Roosevelt y Ji-Paraná, tributarios de la cuenca del río Madeira. Sólo a partir de la segunda mitad del siglo XX, con el inicio del “ciclo del caucho”, que atrajo peruanos y cearenses hacia la explotación de los caucheros nativos, los afluentes del Madeira (ríos Marmelos, Manicoré, el bajo Aripuanã y Ji-Paraná) pasaron a ser recorridos y ocupados económicamente.

A comienzos del siglo XX, la creación de la Comisión de Líneas Telegráficas Estratégicas de Mato Grosso al Amazonas (la “Comisión Rondon”) ofreció un impulso adicional a la ocupación sistemáticas y permanente del noroeste del entonces inmenso Estado de Mato Grosso. Además de extender el telégrafo, abrir rutas estratégicas, ejecutando trabajos geográficos, botánicos y mineralógicos, la Comisión también se encargó de “pacificar” las poblaciones indígenas en su recorrido.

Entre otros emprendimientos, la Comisión organizó la expedición Roosevelt-Rondon, que conjugaba el interés del ex-presidente norteamericano Theodore Roosevelt en obtener ejemplares de la fauna sudamericana para el American Museum of Natural History y la intención del gobierno brasileño de prestarle homenaje. El entonces coronel Cândido Rondon diseñó un itinerario por las regiones agrestes de Mato Grosso que finalizó con el registro del “río de la Duda”, que luego sería rebautizado como río Roosevelt, cuyo curso y confluencia eran entonces desconocidos. La expedición, que cruzó territorio ocupado por los Zoró y Cinta-Larga, entre otros, encontró en su recorrido innumerables señales de la proximidad de los indios.

En los años siguientes, sólo aparecieron noticias dispersas y fragmentarias sobre los grupos indígenas de la región, relatando conflictos con los frentes pioneros.

En la década de 1960 se dio un nuevo impulso a la migración y ocupación económica de la Amazonía meridional: en primer lugar, la construcción de la carretera BR-364, uniendo las capitales de Cuiabá y Porto Velho; en seguida, el asedio de los garimpeiros y empresas mineras a las reservas de casiterita, diamante y oro; y, finalmente, la convergencia de intereses gubernamentales y privados, desencadenando el proceso de colonización y explotación agropecuaria. En particular, el Estado de Mato Grosso promovió la alienación de las tierras del municipio de Aripuaña, sin tomar en cuenta la presencia de indios, caucheros y posseiros, ni siquiera con respecto a la superposición de títulos inmobiliarios. La presión sobre los territorios indígenas llevó al órgano de protección a los indios, el combatido SPI (Servicio de Protección a los Indios), luego sustituido por la Funai, a organizar expediciones de “pacificación”, con el objetivo de neutralizar la resistencia indígena a los invasores y, así, confinar a los Suruí, Cinta-Larga y Zoró en áreas reducidas.

Por entonces, los grupos locales zoró permanecían en el triángulo formado por los ríos Roosevelt y Branco, aún cuando incursiones de caucheros y garimpeiros habían diezmado completamente alguna de sus aldeas. De un campamento zoró atacado en 1963 sobrevivió solamente una niña, raptada por los caucheros.

En el sector oriental, a lo largo de los ríos Roosevelt, los Zoró fueron luego forzados a ceder grandes extensiones de sus tierras a favor de las haciendas de ganado que por entonces iniciaban sus actividades. Al este se confrontaban con la hacienda Muiraquitã, al oeste, con los peones de la hacienda Castanhal y al sudeste, con los Suruí, empujados en dirección al norte por posseiros que avanzaban sobre sus tierras.

Un registro aéreo realizado en 1967 por Horst Stute, de la Misión Nuevas Tribus de Brasil, localizó los agrupamientos más significativos de los Suruí, Cinta-Larga y los Zoró. Las operaciones de “pacificación” iniciadas en 1966 se mostraron, con todo, descoordinadas e insuficientes en medio de la invasión generalizada del territorio indígena por parte de garimpeiros y colonos. Los desaciertos, las omisiones y la connivencia del órgano indigenista tuvieron efectos desastrosos. Los Zoró se aproximaron a los frentes regionales en 1976, avistándose con “peones” de la hacienda Castanhal en las márgenes del río Branco, afluente del Roosevelt. Sólo en octubre del año siguiente una  expedición de la Funai, bajo el comando de los sertanejos Apoena Meirelles y José do Carmo Santana (“Ze Bell”) fue a su encuentro en la sede de la hacienda.

Primeras tentativas

Las primeras tentativas de contacto, con los que entonces se suponía ser los “indios Suruí” del alto río Branco (en verdad, los actuales Zoró), fueron iniciativa de Constantino Marques de Almeida, encargado del Servicio de Protección a los Indios-Puesto Igarapé Lourdes, contando para ello con la cooperación de los Gavião. Aquellos indios habían realizado en febrero de 1967 una visita a la aldea gavião de la región.

En 1973, guerreros Zoró atacaron una familia Suruí que pescaba a ocho kilómetros del Puesto Siete de Setiembre (Puttkamer, Diarios de Campo II, 1972-1976). Algunas de sus aldeas fueron avistadas por el sertanejo Apoena Meirelles a fines de 1974 a setenta kilómetros del Puesto Siete de Setiembre. El sertanejo estimó su población entre 500 a 800 personas, distribuida en por lo menos ocho aldeas.

Cuando reasumió la dirección del Parque del Aripuanã en 1976, Meirelles realizó un nuevo sobrevuelo de las aldeas de los indios conocidos como “cabezas-secas” y considerados todavía “retraídos”, situadas entre las cabeceras del igarapé Tiroteio con la margen derecha del río Branco. De esto resultó una primera propuesta de interdicción de las tierras ocupadas por los Zoró y un plan para su “atracción”.

En agosto del mismo año, el sertanejo José do Carmo Santana (“Ze Bell”) acompañó al fotógrafo Jesco von Puttkamer, de National Geographic, en otro sobrevuelo por el territorio Zoró. Siguiendo el río Tiroteio avistaron entonces las primeras aldeas.

“Había dos claros de dos nuevas aldeas con dos o tres malocas en el medio de un área desmatada hacía poco. Las personas corrieron, escondiéndose del avión. Esos indios son hostiles, han matado recientemente a varios hombres blancos. Unos pocos minutos después, vimos otras dos aldeas con malocas más viejas – ya en las cabeceras del río Branco. Los indios aquí también son hostiles, e intentaron esconderse del avión [en sus casas]. Sólo los cachorros se quedaron del lado de fuera.

En torno a una de las casas, pudimos ver centenares de tacuaras para flechas, secando al sol. Por qué están haciendo tantas flechas? Para guerrear, obviamente. ¿Pero irán ellos a combatir intrusos blancos o volverán a atacar a sus parientes del Puesto Siete de Setiembre?

Nosotros sabíamos que más al norte encontraríamos otras aldeas, aunque el cielo estaba muy nublado y lleno de humo [de las quemadas en las haciendas al sur y al este de las tierras de los Zoró] “ (Puttkamer, Diarios de Campo II, 1972-1976).

El Frente de Atracción

En las márgenes del río Blanco, afluente del Roosevelt, los Zoró confraternizaron con algunos peones de la hacienda Castanhal, en enero de 1977. Pero sólo en junio un nuevo “plan de atracción” fue encaminado por Apoena Meirelles, proponiendo la interdicción del área donde habitan los Zoró, la asignación de recursos para estructurar el Frente de Atracción y la instalación de un puesto en la región del río Quatorze de Abril. 

La Funai preparaba una expedición para el mes de marzo, bajo la conducción del sertanejo José do Carmo Santana, ex-director del Parque del Aripuanã, para contactar cerca de 800 indios Zoró o “cabezas-secas”, y así evitar que chocasen con hacenderos y caucheros que avanzaban, día a día, en dirección a sus tierras en las cabeceras del río Branco y 14 de abril. La partida de la expedición, postergada varias veces, se dio recién en octubre de 1977, después de un nuevo sobrevuelo del área. Las actividades de la expedición de la Funai y los primeros contactos amistosos con los Zoró fueron descritos por el periodista Cesarion Praxedes en dos largos reportajes en la revista Manchete y en la Revista Geográfica Universal. Conviene revisar el relato de Praxedes que registró los primeros contactos con los Zoró.

Otras lecturas

Lea más sobre el historial de la pacificación, por João Dal

Sociedad, cultura y recursos naturales

Organización social

La organización social Zoró se presenta bajo la forma de grupos locales (o aldeas) de dimensiones variadas (entre algunas decenas y, tal vez, poco más de una centena de personas), que ocupan diferentes puntos del territorio tradicional y están dotados de autonomía política y económica (Brunelli 1989). En ausencia de una autoridad o poder político centralizado, no eran infrecuentes, anteriormente, las escisiones, disputas y refriegas, pero los lazos de parentesco y obligaciones rituales y festivas favorecían el mantenimiento de relaciones de alianza y cooperación. Del mismo modo, las funciones chamánicas, para las cuales acostumbraban recurrir a los grandes jefes, eran ampliamente reconocidas y requeridas.

Cada grupo local se componía de una o varias familias extensas – una unidad de consanguíneos y afines – reunidas en torno a un hombre de prestigio (zapijaj, el dueño-de-casa). Su aldea comportaba, normalmente de una a tres grandes malocas oblongas, las rozas a poca distancia y las trochas de caza, que de allí partían radialmente. La filiación a tales grupos locales, incluso hoy, se reconoce a través de la línea paterna. A su vez, para las parejas jóvenes la residencia uxorilocal (cuando el novio va a morar a la casa del suegro), al menos temporalmente, pautaba las obligaciones y los servicios que el marido debía prestar a su suegro – exigencia de poco alcance, en realidad, dada la preferencia por los casamientos endogámicos, esto es, entre miembros de un mismo grupo local.

La elección matrimonial entre grados próximos resulta, en gran medida, del propio régimen de alianzas que caracteriza el sistema de parentesco que allí rige. Los Zoró consideran incestuosa la unión de primos paralelos (hijos de hermanos del mismo sexo), reales o clasificatorios; no obstante, privilegian otras dos modalidades “consanguíneas”: según Brunelli (1989), a mediados de la década de 1980 un tercio de los casos estudiados correspondía a casamientos avunculares (entre tío materno y sobrina) y un tercio a casamientos de primos cruzados (entre hijos y hermanos de sexo opuesto), reales o clasificatorios, pareciendo que el resto no implicaba relaciones significativas.

El sistema de parentesco Zoró, en sus trazos principales, se asemeja a los demás pueblos tupí-mondé, reconocidos por la articulación matrimonial avuncular y sus proyecciones oblicuas en la terminología. Con todo, hay evidencia de alteraciones recientes que sugieren una tendencia a la nivelación generacional (en particular, el uso de un único término para el tío materno y la tía paterna (kutkut), y una preferencia más acentuada por el casamiento entre primos cruzados. Para ego masculino, los demás términos vocativos son: abuelas y abuelos, de ambos lados, kutkut; padre y hermano del padre, padpa; madre y hermana de la madre, ngaj; hermana y primas paralelas, mbat; y hermano y primos paralelos, zano; hijos propios e hijos del hermano, netup (para el hombre) y wajit (para la mujer); sobrinos (hijos de la hermana) y primos cruzados patrilaterales (hijos del hermano del padre), opep (para el hombre) y õzaj (para la mujer); primos cruzados matrilaterales (hijos del hermano de la madre), ma-kaman (“hijos de los otros”, o sea, casi no-parientes); y nietos, nzerat.

Alrededor de la década de 1960, los Zoró se componían de nueve o diez grupos locales, distribuidos en quince o dieciséis malocas, sumando una población de casi mil personas: los Zabeap Wej con tres malocas, los Pangyjej Tere con cinco malocas, los Joiki Wej, los Jej Wej, los Pama-Kangyn Ej, los Maxin Ej, los Ii-Andarej, los Pewej, los Angojej y, probablemente, los Kirej, cada uno de éstos con solamente una maloca (Brunelli, 1987a; 1989). En el inventario que condujo en 1992, con la ayuda de informante más viejos, la antropóloga Denise Maldi (1992) identificó 47 aldeas antiguas, entre los diversos grupos locales, por todo el territorio zoró.

Para los Tupí-Mondé, en general, las aldeas antiguas o abandonadas constituyen una especie de cementerio, en razón de sus costumbres funerarias – entre la cuales figura la restricción a decir el nombre de los muertos –. Ellos eran sepultados en el interior de la casa, enrollados en la hamaca, a poco más de un metro de profundidad; sus pertenencias eran destruidas y los animales domésticos, sacrificados. Por esta razón, hay muchos afloramientos de fragmentos de cerámica e instrumentos líticos en los locales anteriormente habitados. De modo que las rozas de antiguas aldeas, que testimonian la ocupación indígena ancestral, se presentan a los Zoró como un substrato que actualiza la memoria histórica y las tradiciones que recibieron de sus antepasados que allí vivieron.

Marcas, artefactos y fiestas

Como marca distintiva o de identidad, los Zoró exhibían el tatuaje zoli, apenas un surco azulado que contornaba el rostro. Los adultos, además, perforaban el tabique nasal, para adornarlo con una pluma de papagayo. En el labio inferior, hacían otra perforación para el tembetá, metiga. Y los hombres, para las ocasiones más formales, portaban plumas de gavilán y de papagayo, andarap, encajadas en un aro doble de tacuara ajustado en la cabeza.

Estos y otros artefactos eran fabricados por los hombres en el bekã (un campamento, cerca de la aldea, que servía de oficina), donde también enseñaban sus habilidades a los más jóvenes. Era en esta oficina donde se concentraban los convidados al llegar a las fiestas: allí hacían sus pinturas corporales, afinaban sus instrumentos y arreglaban sus adornos.

Tradicionalmente, los Zoró realizaban sus fiestas en el período de lluvias, en ocasión de la recolección del maíz. Para las fiestas principales (Gojanej, Zaga Puj, Gat Pi y Bebej) los chamanes atendían las solicitaciones que recibían de los correspondientes espíritus. En general, cada aldea realizaba una de ellas cada año, prolongándola por hasta tres meses. La fiesta más importante era Gojanej, que celebraba la visita del espíritu-de-las-aguas: el chamán incorporaba al espíritu malula (“armadillo-canasta”), a quien los participantes debían agradar con presentes (flechas, etc.), servir chicha y tortillas de maíz. Cada familia, asimismo, presentaba un jacaré vivo en el patio que, después de ser abatido en el interior de la casa, era servido a los convidados. En la fiesta Zaga Puj los chamanes invocaban a los espíritus que protegen la caza, la extracción de la miel y la recolección de frutos – a modo de retribución a los espíritus, las familias exponían, en varales en torno a la aldea, los productos cultivados, como mandioca, cará, algodón, entre otros. En la fiesta Bebej (“puerco-pecarí”), el chamán se comunicaba con el “dueño-de-los-puercos”, en busca de información valiosa para los cazadores, como la localización de los rebaños de pecarís. Finalmente, la fiesta Gat Pi (“camino del sol”), estaba dirigida a los espíritus que habitan el mundo celeste (Lisboa 2008).

Actividades económicas

Sus rozas, en general, se sitúan en las inmediaciones de las aldeas. Los hombres derriban el bosque y preparan el terreno, mientras las mujeres responden por la plantación y por la recolección. Cultivan sobre todo especies de mandioca dulce, frijoles, maní, diferentes tubérculos, banana, algodón, tabaco, pimienta, etc. La mandioca silvestre y el maíz eran plantados en cantidades mayores, tanto para el consumo de alimentos sólidos como para la fabricación de bebidas.

Actividad marcadamente masculina, los Zoró practicaban la caza solamente durante el período diurno; a solas o en grupo, con esmerados arcos y flechas, recorrían trochas habituales en los alrededores de las aldeas, explorando así una zona circular de cinco a quince kilómetros de radio. Los niños, desde muy temprano, juegan con miniaturas de arcos y flechas, un entrenamiento progresivo para la vida adulta. Ya adolescentes, se muestran hábiles en su uso y fabricación, además del conocimiento sobre los hábitos animales y la floresta en general. Había diversas interdicciones al consumo de presas de caza, y sólo los más viejos se podían alimentar de todas las especies animales, a excepción de los felinos, venados y urubús.

Durante la estación seca, sobre todo, organizaban grandes expediciones de pesca colectiva, batiendo timbó en los pequeños cursos de agua, escudriñando lagos casi secos o flechando en los grandes ríos.

Las aldeas distaban horas, incluso días de caminata entre ellas. Tal forma de distribución espacial aseguraba un uso equilibrado de los recursos naturales disponibles, además de la autonomía política. Cada cuatro o cinco años, al escasear la caza y los suelos aptos para el cultivo, las aldeas se transferían para nuevos nichos ecológicos, todavía no agotados por la explotación intensiva. Asimismo, se desplazaban en función de ítems de recolección indispensable: cañas usadas en la fabricación de flechas, que crecen en pocos lugares; o frutos silvestres; o miel; o barro para las ollas; las hierbas y los bejucos medicinales, las resinas, etc.

Indigenismo y mudanzas

Cuando retornaron del Área Igarapé Lourdes, los Zoró fueron aglutinados en el frente de Atracción de la Funai erguido en 1978 en las proximidades de la antigua aldea Bobyrej, a quince kilómetros de la margen derecha del río Branco; allí permanecieron hasta 1992, cuando todos los invasores fueron retirados del área demarcada. Por más de seis años, el jefe de puesto Natalicio Maia actuó como capataz general, impidiéndoles deliberadamente atravesar su territorio, al mismo tiempo que cultos evangélicos ganaban mayor regularidad (Hargreaves 1992).

En esa época, solamente acostumbraban visitar las haciendas más próximas, especialmente la Muiraquitã y la Castanhal, donde dormían, comían y compraban alguna provisión con el dinero de la venta de artesanías. El antropólogo Roberto Gambini, del equipo de evaluación del Programa Polonoroeste, que estuvo allí en 1983, observó que el jede de puesto asumía la organización de las principales actividades diarias. Hombres y jóvenes (en un total de 45) fueron sometidos a un agotador régimen semanal para aprender a “trabajar como blanco”: a las siete horas eran convocados para el café en la cocina del Puesto; a una señal del jefe, partían en fila, con botas de jebe, sombreros de paja y machete en mano; a las 11.30 horas volvían para el almuerzo; y por la tarde tenían otras cuatro horas de trabajo (Gambini 1983).

La disciplina impuesta a los Zoró tenía como objetivo la expansión desmesurada de las áreas cultivadas en las inmediaciones del Puesto y la apertura de la carretera hasta la hacienda Castanhal. En 1984 el área deforestada ya alcanzaba los 40 celemines y los excedentes de maíz, arroz y otros productos eran desperdiciados, porque no había formas de secamiento. La compulsión al trabajo, tal cual una “ética protestante”, se prestaba ante todo a la reafirmación cotidiana de la autoridad de la Funai, siendo un ejemplo eficaz de su misión civilizadora.

La actividades de caza y recolección se limitaban a los sábados; los domingos estaban reservados al culto evangélico. Los viernes, el jefe de puesto comandaba la distribución de los obsequios semanales, destinados solamente a los más asiduos al “trabajo colectivo”: algunas pilas, jabón, cuatro cartuchos, unos 50 gramos de pólvora, balas, kerosene y sal. Un efecto directo de tal régimen de trabajo era que la dieta de las mujeres y niños se reducía a mandioca y maíz, pues el almuerzo en la cocina del puesto era sólo servido a los hombres que trabajaban.

En este mismo sentido, la tendencia a la “urbanización” de la aldea, desmembrando la población en familias nucleares, en casas cuadrangulares dispuestas ortogonalmente, de piso elevado y cocina en anexo, reflejaba las mudanzas que ocurrían en la propia organización social.

En setiembre de 1984, había 35 unidades residenciales en el puesto del Frente de Atracción, siendo de ellas 4 malocas y 31 casas cuadradas, con una variación de 2 a 11 personas por unidad, lo que daba un promedio de 4,9 (Brunelli & Valle 1984). En 1992, la aldea se componía, en cambio, de 2 malocas y 71 casitas rústicas, con cocinas anexas, formando alineamientos (Hargreaves, 1992).

Nuevas actividades productivas

Alrededor de 1985, algunos Zorós comenzaron a trabajar en la extracción de jebe, con el objetivo de obtener dinero para la compra de artículos de consumo. Los resultados, sin embargo, nunca fueron muy significativos. De la misma manera, unos pocos artículos artesanales negociados ocasionalmente con funcionarios de la Funai o con gente de la región, generaban un retorno poco significativo. De mayor monta, y efectos duraderos, fue la vinculación de los Zoró con la explotación comercial de madera, asociados a firmas madereras que allí actuaban al margen de las leyes forestales y fiscales.

Tan luego retirados los invasores, a inicios de la década de 1960, los Zoró se apoderaron de casas y fincas abandonadas a lo largo de la carretera al Condominio Lunardelli. En forma concomitante, se retomó la explotación de madera, esta vez con el consentimiento de los propios líderes indígenas – de inmediato, los madereros forzaron el retiro de la barrera de fiscalización y obtuvieron la connivencia de los agentes de la Funai y del Ibama (Instituto Brasilero del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales). En un primer momento, casi la mitad de la población pasó a residir en la Barreira, en el límite sur (la actual aldea Zawã Kej Alakit).  Poco después, otras aldeas intermediarias fueron surgiendo, aprovechando las demás rutas que atraviesan el área (Hargreaves, 1993).

Durante toda aquella década, el comercio de madera ganó el estatus de principal actividad económica, por medio de la cual los Zoró compraban sus alimentos, viabilizaron la compra de vehículos y combustible, abrieron caminos y construyeron casas e instalaciones en las aldeas. La flota de vehículos creció bastante: en 1993, después de un año de “economía de madera” ya poseían un pequeño camión, tres camionetas y dos carros de paseo. Asimismo, invirtieron parte de los recursos en la compra de ganado para ocupar las casi cincuenta mil hectáreas de pastos ya formados.

La interdicción de las actividades madereras en la Tierra Indígenas Zoró, a partir del segundo semestre de 1993, ocurrió después de la confiscación de madera por la Policía federal, la Funai y los propios Zoró, con el apoyo decisivo del Ministerio Público Federal. A partir de ahí, se intensificó el movimiento de rearticulación de los grupos locales, con la fundación de varias aldeas nuevas y la recuperación o adaptación de un patrón tradicional de organización social, a partir de pequeñas unidades más autónomas, distribuidas en todo su territorio.

Cosmología y religión

La conversión masiva al evangelismo fundamentalista, bajo influencia de la MNTB (Misión Nuevas Tribus del Brasil) y de iglesias baptistas de Rondônia, llevó a los Zoró a abandonar, de manera abrupta, casi todas las prácticas chamánicas, las concepciones cosmológicas y el rico corpus mitológico que componían el modo de vida tradicional. Pasados pocos años de los contactos iniciales, incluso la investigación de estos y otros aspectos de sus tradiciones tropieza en la religión evangélica.

Cultos, rezos y curas espirituales son hoy administrados casi diariamente por pastores indígenas, de cuyo entrenamiento y orientación se encargaron los misioneros de la MNTB, ahora asentados en Ji-Paraná (Rondônia). Las narrativas bíblicas, traducidas y memorizadas en lengua materna, son evocadas en sermones y solemnidades públicas; sirven asimismo en la formulación de los nuevos juicios morales y colman la conversación doméstica.  Ápice del proceso de transfiguración por el que atraviesa la cultura Zoró, los bautismos colectivos, por medio de la inmersión de los iniciados en lagos o ríos, señalan la sustitución del demiurgo Gorá, el inventor del mundo, de los hombres y de los bienes culturales para los pueblos tupí-mondé por el Dios cristiano profesado por los evangélicos baptistas.

Decían los antiguos Zoró que Gorá, en los tiempos míticos, enseñó la aparición de los diferentes pueblos que componen la humanidad, tal como hoy se observa: los Suruí, Cinta-Larga, Arara, Gavião, Zoró y los “blancos” escaparon de manera ordenada a través de la abertura excavada por papagayos y periquitos en la “maloca de piedra”, una formación rocosa entre la cabecera de los ríos Roosevelt y Aripuanã, donde el propio demiurgo, contrariado, los había aprisionado (Løvold, 1987).

Además de nuestro estrato terrestre, cuyas formas fueron modeladas por los deseos y las actitudes de Gorá, los Zoró concebían además un mundo acuático subterráneo, peligroso, y un paraíso celeste, Gat Pi (“camino del sol”), en todo semejante a nuestro mundo, pero más bello y abundante.

Espíritus, enfermedades y chamanes

Los espíritus acuáticos Gojanej (goyan designa el trueno como también el poraqu conciencia y las de la persona, que se forma junto con el feto y refleja la personalidad de su portador. La plos Panderej, "ê o pez eléctrico) que habitan tanto el mundo subterráneo como el celeste; ellos son conflictivos, en especial cuando se embriagan con chicha de maíz. Con sus auxiliares espirituales y animales, los Gojanej representan una constante amenaza al bienestar de los Panderej, “los humanos”, porque son capaces de robarles la “imagen” – el principio vital ixo es una parte intrínseca e inmortal de la persona, que se forma junto con el feto y refleja la personalidad de su portador. La pérdida de conciencia y las dificultades respiratorias, que caracterizan a las enfermedades avi, son los síntomas que indican la pérdida de ixo (Brunelli 1989).

Los Gere Baj, a su vez, son seres invisibles y maléficos, que se manifiestan a través de los animales, tales como el mutum [Crax fasciolata], nambu [Cripturellus sp.] y la nutria gigante, o incluso de los mismos chamanes. Sus ataques traicioneros provocan cefaleas repentinas y agudas, fiebres elevadas y diarreas incontrolables, o cualquier síntoma persistente que acaba con su víctima al término de pocos días. También existen entidades que moran en el interior de las sierras, los Doka, que atacan órganos específicos, provocando malestar y dolores fuertes. En verdad, decían los Zoró, todos los elementos o aspectos naturales como las piedras, los árboles, los animales, etc., son habitados por seres invisibles y estos seres, a veces, causan dolores físicos localizados, las enfermedades atika.

Otros males pueden resultar de la infracción de reglas alimentarias., de un acto de hechicería o de accidentes variados. De modo general, no obstante, las enfermedades y sus cuidados, junto con sus causas más inmediatas, se articulan a razones de un orden más profundo. Lo que exige, por regla general, la intervención del wãwã, chamán, cuyas actividades terapéuticas son indispensables para el restablecimiento de los pacientes.

Los poderes del wãwã pueden llevarlo a visitar, periódicamente, la aldea del demiurgo Gorá, que le ofrece grandes banquetes. Pero la función chamánica implica también la interacción y la “negociación” con seres peligrosos que habitan las diferentes regiones del cosmos, donde radica la causa última de las enfermedades humanas. Para ello contaban con la ayuda de los espíritus auxiliares, los Gere Bai amigos. El tratamiento adoptaba diversos atributos, teniendo como escenario una fiesta colectiva, a la cual eran convidados los moradores de las aldeas vecinas y, naturalmente, sus chamanes. Las mujeres ofrecían chicha en grandes dosis en el transcurso de danzas, cantos y música de clarinetes. Los chamanes, a cierta altura, escenifican la extracción de la enfermedad del paciente, o si no organizaban una expedición para recapturar su ixo, etc.

Al lado de las funciones especializadas del wãwã, hombres y mujeres disponían también de conocimientos minuciosos sobre un inestimable conjunto de plantas medicinales denominadas pawat, manipuladas tanto para fines profilácticos cuanto curativos (Brunelli 1989).

Conversión al evangelismo

Luego que los primeros 40 Zoró llegaron a la aldea Gavião, en el año de 1978, fueron allí prontamente vestidos – como en un “rito de pasaje”, una manera de señalizar su entrada en el “mundo de los blancos”, en los términos de la visión puritana enunciada por los misioneros de la MNTB. Estos misioneros, entre los que destacaba el matrimonio alemán Horst y Annette Stute, que se instalaron en 1966 en el igarapé Lourdes, están vinculados estrechamente a la Iglesia Baptista de Ji-Paraná (Rôndonia). Ellos se dedican desde entonces al estudio de la lengua indígena, a la alfabetización, al atendimiento médico y, sobre todo, a la traducción de la biblia y al proselitismo religioso. 

Entre los Gavião, no obstante, la conversión al evangelismo no duró mucho; la mayoría abandonó la nueva religión algunos años después y volvió a celebrar sus fiestas y ceremonias chamánicas (Cloutier 1988). Pero cuando los Zoró llegaron allí, los Stute pudieron contar con la ayuda inestimable de dos pastores gavião para, de inmediato, transmitir la “Palabra de Dios” a los recién llegados. Al lado de estos “mediadores” entre la ideología religiosa y las concepciones amerindias, otros factores favorecieron la adhesión entusiasta de los Zoró: una epidemia de tos ferina y otra de hepatitis, que causaron cinco muertes. Los misioneros, junto con los servidores de la Funai, ayudaron a enfrentar las epidemias: los Zoró descubrieron así, al mismo tiempo, la eficacia de la medicina occidental y los rezos cristianos de curación que les fueron enseñados por los misioneros.

La adhesión colectiva al evangelismo, después de algunos meses, llegó a sorprender incluso a los misioneros. Algunos años más tarde, ya reunidos en torno al Frente de Atracción, situado en la antigua aldea Bobyrej, el enardecimiento de los Zoró por la nueva religión era de tal magnitud que llegaban a celebrar hasta cinco cultos por semana. En 1986 ya contaban con cinco pastores Zoró, cuatro hombres y una mujer, encargados de la administración de los sacramentos (bautismo, comunión) y la organización de los cultos.

A inicios de la década de 1980 impresionó al antropólogo Gambini (1983) el generalizado empobrecimiento cultural. Un único ritual sustituía a los anteriores: el culto protestante, monótono y repetitivo – pasajes del Génesis, alabanzas a Jesucristo, himnos en lengua Zoró –. Cuatro años después, el mismo antropólogo los encontró más fervorosos todavía, siendo los cultos realizados diariamente – una por la mañana, sólo para las mujeres, y uno en la noche, para toda la comunidad. Liderados por un pastor Zoró, los “creyentes” compartían relatos bíblicos, confesiones públicas, testimonios de fe, himnos, pases de mano y atendimiento a los enfermos.

Impactados por la nueva religión y por la convivencia con Gaviões cristianizados, sin embargo, los Zoró acataron innúmeras intromisiones directas en su orden social y en su cultura: los chamanes fueron alejados de sus funciones, la poligamia fue prohibida, y las prácticas cotidianas están ahora sometidas al escrutinio de una estrecha noción de pecado, que los obliga al uso de ropas, prohíbe rituales, fiestas, instrumentos musicales, adornos y, sobre todo, la ingestión de bebidas fermentadas.

Situación actual

Un acelerado proceso de mudanzas sociales, culturales y económicas irrumpió en las últimas décadas en el seno de un conturbado contexto regional y nacional, alcanzando indistintamente a todos los pueblos tupí-mondé. Entre otros aspectos relevantes, la función de zapijaj (“dueño-de-casa” o cacique) ha ampliado su alcance político y económico, y responde ahora a nuevas atribuciones y obligaciones que antes eran ejercidas por la Funai. Todos los líderes indígenas se implicaron, en mayor o menor medida, en negocios con las madereras con el objetivo de, a cambio de caoba, cedro o cerejeira [Eugenia involucrata], adquirir vehículos, abrir caminos, allanar y plantar rozas mecanizadas, instalar energía y antenas parabólicas en los puestos y aldeas, comprar casas en las ciudades vecinas, etc.

Explotación maderera

Desde 1987, cuando diversos contratos irregulares fueron asignados por la propia Funai, las áreas indígenas en la región noroeste de Mato Grosso y sur de Rondônia fueron abiertas de par en par a la explotación ilegal de madera, involucrando a funcionarios y haciendo sucumbir la resistencia de los líderes indígenas. Aunque los contratos hayan sido luego embargados por la Justicia Federal y por el tribunal de Cuentas de la Unión, las actividades ilícitas prosiguieron, creciendo año a año en volumen e involucrando a más grupos indígenas y nuevas áreas de explotación. Las instancias locales de la Funai y de los demás órganos gubernamentales se mantuvieron omisas y, en la mayor parte de los casos, conniventes y corruptas. Las prácticas rutinarias de extorsión, bajo variadas formas, sujetaron a dirigentes y servidores públicos a los intereses predatorios de os madereros y, últimamente, de intermediarios de garimpeiros y contrabandistas.

Se estima que, en los últimos años, la mayor parte de la madera extraída en los municipios de Juína, Aripuanã y Rondôlandia salió de las tierras indígenas. Las firmas madereras actuaron allí con desenvoltura por casi veinte años, sin planes de manejo o medidas de control ambiental; ellas siempre dispusieron, incluso, de las indispensables autorizaciones y guías fiscales para el transporte, el comercio interestadual o la exportación de las tablas y troncos de caoba, cerejeira, angelim [Amburana cearensis], ipê [Tabebuiua] y demás maderas nobles de allí extraídas.

En todo sentido, los resultados son trágicos. El prolongado proceso de soborno de los líderes y de las comunidades Cinta-Larga, Suruí y Zoró, incrementó ciertamente el consumismo y la dependencia. Alcoholismo, drogadicción, prostitución, desagregación social y el aumento de la mortalidad infantil, inclusive por accidentes vehiculares, se imponen sobre la vida comunitaria y las tradiciones culturales, conforme ha sido ampliamente difundido por la prensa.

La Asociación Pangyjej

Como reacción a este cuadro, los líderes Zoró impulsaron nuevas formas de organización, destacando entre ellas la Asociación del Pueblo Indígena Zoró (APIZ), más conocida como Asociación Pangyjej, fundada en 1955 y registrada en 1997. Junto a otras organizaciones indígenas, la APIZ se envolvió en la ejecución del Componente Indígena del Programa Planafloro, el Plan Agropecuario y Forestal, financiado por el Banco Mundial, orientado al desenvolvimiento sustentable del Estado de Rondônia. En forma participativa, la Asociación elaboró el “Proyecto Socio-Económico y Forestal del Pueblo Zoró”, con énfasis en los consorcios agroforestales con esencias frutícolas y forestales así como en la producción de un documentario sobre el pueblo Zoró y su arte, además de actividades de capacitación en la formación de asociaciones.

La principal línea de acción de la Asociación Pangyjej ha sido contraponerse al asedio de las madereras y de otros interesados en las riquezas de las tierras indígenas. Sólo en tiempos muy recientes los órganos públicos responsables tomaron medidas más eficaces para cohibir la práctica del soborno, así como los daños ambientales y el robo del patrimonio público corrientes. En operación realizada en agosto de 2003, de la cual participaron la Funai, la Policía Federal y Ambiental, el Ibama y el Ejército, fueron capturadas maquinarias, equipos y vehículos, además de cerca de 7 mil metros cúbicos de madera en troncos. La APIZ y la Funai-AER Ji-Paraná apelaron al Ministerio Publico para que la subasta administrativa de la madera confiscada revirtiese a favor de la comunidad indígena.

Desde entonces, los Zoró mantienen a través de la Asociación Pangyjej una barrera y un equipo permanente de fiscales para impedir la evasión y el robo de madera de sus tierras. Al mismo tiempo, los Zoró firmaron un acuerdo con los condominios de la Aprovale (que es la denominación actual del “Condominio Lunardelli”) y con la hacienda Peralta sobre la utilización de las carreteras que cruzan el territorio indígena. A cambio de la concesión de uso y control del tráfico por los fiscales Zoró, la Asociación Pangyjej ya recibió diversos bienes, como cabezas de ganado, vehículos y combustible.

Al mismo tiempo, varias aldeas están utilizando los pastizales formados por los posseiros para mantener pequeños rebaños, construyendo corrales y cercados en las proximidades de los lugares de residencia. No obstante, debido a la inexperiencia en el manejo del ganado, algunas aldeas firmaron contratos con ganaderos de la región para el uso de pastizales para la crianza y engorde del ganado; en contrapartida, los ganaderos se comprometieron a las indemnizaciones debidas y a pagos anuales en becerros, así como a la capacitación de vaqueos Zoró. En el 2003, estaban en ejecución cerca de cinco contratos, envolviendo a aldeas próximas a los pastizales.

En otra dirección, la Asociación Pangyjej se asoció con el Programa de Artesanía Indígena de la Funai/Artindia para la comercialización regular de artículos de la cultura material. La producción y la venta de artesanías favorecieron, en este caso, una mayor autonomía de las mujeres en la obtención y en la aplicación de la renta familiar.

Más recientemente, con el apoyo de un equipo del Gera/Universidad Federal do Mato Grosso y de la Secretaría de Medio Ambiente de Mato Grosso (Sema), mediante el apoyo técnico del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Asociación Pangyjej desenvolvió un sistema de recolección y comercialización de la castaña de Brasil, con la participación de casi todas las aldeas. A través del Programa Integrado de la Castaña (PIC), los Zoró comercializaron en la zafra de 2002-2003 cerca de 40 toneladas de castaña en sacos, al precio de R$ 0,60 a R$ 0,80 el kilo; en la zafra siguiente llegaron a 60 toneladas, comercializándola a R$ 1,00 el kilo. Se estima que dado el volumen de castaña recolectada y comercializada por los Zoró sea “el más significativo emprendimiento del ramo” en el Estado de Mato Grosso (Mendes dos Santos 2004).

Educación

La educación escolar comenzó en 1989, en la aldea Bobyrej (“Central”), contando ya con profesores indígenas. A la época, los profesores se valían de cartillas en la lengua Gavião; entre 1991 y 1994, el pastor luterano Ismael Tressman, la lingüista Ruth Montserrat y el profesor Waratã Zoró formularon una nueva propuesta ortográfica y un libro de textos con historias del pueblo Zoró (Tressmann 1994). En aquel año había apenas dos escuelas en las aldeas mayores; en el 2005 ya eran diez, además de la escuela polo Zawã Karej.

Inaugurada en el segundo semestre del 2002, la Aldea Escuela Zawã Karej posee un complejo de construcciones en estilo tupí-mondé entre salas de aula, refectorio, alojamientos y bañeros, que atiende a cerca de 80 alumnos del primer ciclo de la enseñanza fundamental en régimen de alternancia, parte del mes estudiando en período integral, parte en sus aldeas de origen. Desde entonces, otras escuelas entraron en funcionamiento, inclusive una nueva escuela polo, la Aldea Escuela Zarup Wej, para la atención de 50 alumnos, también en régimen de alternancia.

Notas sobre las fuentes

Informaciones oficiales sobre los Zoró se encuentran en el Servicio de Archivos del Museo del Indio, en Rio de Janeiro (en especial, los microfilmes del acervo del SPI, Servicio de Protección a los Indios, 1910-1967) y en el Departamento de Documentación de la Funai, en Brasilia (que guarda los procesos de identificación de las tierras indígenas y los informes de las actividades del órgano indigenista federal). Diarios, fotografías y filmes del fotógrafo Jesco von Puttkamer, que acompañó las principales en la región y regiirios, fotografias s deel Indio, en Rio de Janeiro (especialmente se comprometieron a indemnizacilas acciones de la Funai en la región y registró los principales hechos ocurridos en las décadas de 1970 y 1980, están disponibles en el Acervo del Instituto Goiano de Prehistoria y Antropología de la Universidad Católica de Goiás, en Goiânia (Puttkamer 1969-1979).

Los antropólogos noruegos Lars Løvold y Elisabeth Forseth, del Instituto de Antropología Social de Oslo, llevaron a cabo investigaciones sobre cosmología y organización social de los Gaviões entre 1980 y 1981 (Løvold & Forseth, 1984; Løvold, 1983; 1984a; 1984b); en esa ocasión tuvieron el privilegio de observar a los recién contactados Zoró, que buscaron refugio entre aquéllos. La vida cotidiana en el Puesto de Atracción y, especialmente, la actuación de los funcionarios de la Funai fueron aspectos abordados por Roberto Gambini (1983; 1984a; 1987), que visitó a los Zoró en calidad de miembro del equipo FIPE/Universidad de São Paulo de evaluación del Programa Polonoroeste y fue responsable del informe de identificación del área Zoró (Gambini 1984b).

Investigaciones etnográficas más extensas fueron llevadas a cabo por los antropólogos Gilio Brunelli y Sophie Cloutier, en los años de 1984 y 1985. En su disertación de maestría, Des esprits aux microbes: santé et sociéte en transformation chez les Zoró de l’Amazonie brésilienne, defendida en la Universidad de Montreal (Canadá) en 1987, el antropólogo Gilio Brunelli trató de la etnomedicina Zoró y las transformaciones que este sistema sufrió a través del contacto con la sociedad nacional, incursionando también en la noción de persona y la cosmología, las restricciones alimentarias, las prácticas terapéuticas y la farmacopea – la disertación fue traducida al castellano y publicada (Brunelli 1989). Del mismo autor, un ensayo de etnohistoria, en el cual la narrativa de las guerras y migraciones pone en cuestión la identidad de los grupos locales (Brunelli 1986); un análisis de las  relaciones entre el sistema cosmológico y los hábitos alimentarios (Brunelli 1988a); y algunas notas sobre el complejo del chamanismo (Brunelli 1988b). Su colega Sophie Cloutier presentó también datos interesantes sobre la musicología Zoró (Cloutier 1987) y la función simbólica de la sangre y de las interdicciones alimentarias (Cloutier 1988a); en su disertación de maestría, abordó el proceso de conversión de los Zoró al evangelismo (Cloutier 1988b).

A partir de la década de 1980, fueron producidos varios laudos periciales histórico-antropológicos, que examinaron la situación agraria del territorio Zoró a solicitud del Poder Judicial Federal (entre otros: Maldi 1993, 1994; y Dal Poz 2006).

Un escenario más actual de la situación de los Zoró, en cuanto al uso de los recursos naturales, fue elaborado en el 2003 y el 2004 (Mendes dos Santos 2004), por un equipo técnico del Gera, un núcleo de investigaciones de la Universidad de Mato Grosso, con el objetivo de subsidiar programas regionales y canalizar el apoyo del Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Datos etnográficos actualizados están siendo procesados por diferentes instancias, a saber: el sistema Siasi de la Funasa (Fundación Nacional de Salud, del Ministerio de Salud, responsable por la atención primaria de la salud indígena; la Administración Ejecutiva Regional de la Funai/Ji-Paraná (Rondônia); y la Asociación Pangyjej (APIZ).

Fuentes de información

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1976a    Relatório n. 1, ao presidente da FUNAI, gen. Ismarth de Araújo Oliveira. Brasília, 27/05/1976, 8 p., mapa anexo (Processo FUNAI/BSB/02803/76 1976b    Ofício n. 105/PQARI/76, ao presidente da FUNAI, gen. Ismarth de Araújo Oliveira. Riozinho (RO), 20 setembro. FUNAI-PQARI, datilo., 7 p. (Proc. FUNAI/BSB/04966, fls. 1-7). 1977a    Plano de atração aos índios Zorós (encaminhado ao DGO/FUNAI). Brasília, 27/06/1977, datilo., 3 p. 1977b    Relatório do sertanista... ao Exmo. Sr. Gen. Ismarth de Araújo Oliveira, presidente da FUNAI. Brasília: FUNAI.

  • Mendes dos Santos, Gilton

2004    Diagnóstico sociambiental das Terras Indígenas do noroeste de Mato Grosso (Convênio PNUD BRA/00/G-31_GEF). Cuiabá: GERA/ICHS/UFMT, PNUD, FEMA/MT.

  • Moore, Denny

1978    Relatório sobre o P.I. Lourdes. Porto Velho: CIMI-RO. 1981    “The Gavião, Zoró and Arara Indians”, in In the path of Polonoroeste. Endangered peoples of Western Brazil. Cultural Survival Occasional Paper 6: 46-52. 1987    Relatório - Pesquisa de campo na reserva dos índios Gavião e Arara em Rondônia - maio e junho de 1987. S.l., datilo, 9 p. 2005    “Classificação interna da família lingüística Mondé”. Estudos Lingüísticos, 34, p. 515-520.

  • Neiva, Ligia

1995    Zoró. Dir.: Vídeo cor, VHS, 14 min. Prod.: Artindia/FUNAI. Praxedes, Cesarion 1977a    “Zorós: os últimos guerreiros”. Manchete, n. 1.334, edição de 12 de novembro, p. 4-11. 1977b    “Primeiro encontro com os índios Zorós”. Revista Geográfica Universal, 38: 68-79.

  • Puttkamer, Jesco Von

1969-1979    Diários de Campo. Acervo do Instituto Goiano de Pré-História e Antropologia, da Universidade Católica de Goiás, Goiânia.

  • Rodrigues, Aryon Dall'igna

1986    Línguas brasileiras: Para o conhecimento das línguas indígenas. São Paulo: Loyola.

  • Santos, Luiz Paulino dos

s/d    Ikatena, vamos caçar? Dir.:. Filme cor, 35 mm., 38 min., 1983. Prod.: SEC/NEC; Funarte.

  • Santos, Ricardo Ventura

1991    Coping with change in Native Amazonia: A bioanthropological study of the Gavião, Suruí and Zoró, Tupi-Mondé speaking societies from Brazil. Tese de doutorado. Bloomington: Indiana University.

  • Silva, Marcio

1986    Os Zoró e o contato com a sociedade brasileira. Ji-Paraná (outubro/1986), datilo., 6 p. 1987    “Zoro Indians prepare for war”. Cultural Survival Quarterly, 11 (3), setembro.

  • Stute, Horst

1967    Relatório Missionário - Março 1967. Vila de Rondônia, 20 março. Missão Novas Tribos do Brasil, datilo., 4 p. + mapa (MI/Serviço de Arquivos: F. 044 Pl. 499).

  • Tressmann, Ismael (org.)

1994    Pangyjej Kue Sep: a nossa língua escrita no papel. S.l.: Comin/ Nei-RO.

Otras lecturas

Documento  con otras fuentes de información sobre Zoró