De Pueblos Indígenas en Brasil

¿Quiénes son?

Foto: diversos autores, vea aqui

En pleno siglo XXI, la gran mayoría de los brasileños ignora la inmensa diversidad de los pueblos indígenas que viven en el país. Se estima que, en el momento de la llegada de los europeos, más de 1.000 pueblos, totalizando entre dos a cuatro millones de personas, habitaban la región. En la actualidad, se encuentran en el territorio brasileño 256 pueblos que hablan más de 150 diferentes lenguas

La actual población indígena en Brasil, según el Censo IBGE 2010,  es de 896.917 individuos (de los cuales 572.083 viven en áreas rurales y los otros 324.834 en ciudades) lo que corresponde a un aproximado, en términos porcentuales al 0,47% de la población total del país (IBGE, 2010).

La mayor parte de esta población se distribuye por millares de aldeas, situadas al interior de 723 Tierras Indígenas, del norte al sur del territorio nacional.

Hablar en la actualidad de pueblos indígenas en Brasil significa reconocer, básicamente, seis puntos:

  • En estas tierras colonizadas por portugueses, donde se formaría un país denominado Brasil, ya existían poblaciones humanas que ocupaban territorios específicos.
  • Se desconoce exactamente de donde provienen; decimos que son “originarios” o “nativos” porque estaban aquí antes de la ocupación europea.
  • Ciertos grupos de personas que viven actualmente en el territorio brasileño están históricamente vinculados a esos primeros pueblos.
  • Los indios que están hoy en día en Brasil tienen una larga historia que comenzó a diferenciarse de la historia de la civilización occidental ya en la denominada “prehistoria” (con flujos migratorios del “Viejo Mundo” en dirección a América ocurridos hace decenas de miles de años), la historia “de ellos” se reaproximó a “nuestra historia” hace algo así como 500 años (con la llegada de los portugueses).
  • Como todo grupo humano, los pueblos indígenas tienen culturas que resultan de la historia de las relaciones que se dan entre los propios hombres y entre ellos con el medio ambiente, una historia que –en su caso- fue (y continua siendo) drásticamente alterada por la realidad de la colonización.
  • La división territorial en países (Brasil, Venezuela, Bolivia, etc.) no coincide, necesariamente, con la ocupación indígena del espacio; en muchos casos, los pueblos que viven hoy en una región de fronteras internacionales ya ocupaban esa área antes de la creación de las divisiones entre los países; y por eso tiene más sentido decir “pueblos indígenas en Brasil” que “pueblos indígenas del Brasil”.

La expresión genérica “pueblos indígenas” se refiere a los grupos humanos esparcidos por todo el mundo y que son muy diferentes entre sí. Es simplemente el uso corriente del lenguaje que hace que, en nuestro país y en otros, se hable de pueblos indígenas, al mismo tiempo que en Australia, por ejemplo, la forma genérica para designarlo sea la de aborígenes.

¿Qué es lo que todos los pueblos indígenas tienen en común? Antes que nada, el hecho de que cada uno de ellos se identifica con una colectividad específica, diferente de otras con las cuales convive y, principalmente, del conjunto de la sociedad nacional en la cual está insertada. Indígena o aborigen, como está en el diccionario, quiere decir “originario de determinado país, región o localidad; nativo”. Inclusive, nativos y autóctonos son otras expresiones usadas, en todo el mundo, para denominar a esos pueblos.

Indios, amerindios

Genéricamente, los pueblos indígenas que viven no sólo en Brasil sino en todo el continente americano, también son llamados indios. Esa palabra es la consecuencia del equívoco histórico de los primeros colonizadores quienes, habiendo llegado a las Américas, creían estar en la India. A pesar del error, el uso continuado –inclusive por parte de los propios indios- hace de esta palabra, en el Brasil actual, un sinónimo de individuo indígena.

Como existen ciertas semejanzas que unen los indios de las tres Américas (Norte, Centro y Sur), algunos prefieren utilizar la denominación amerindios. Los indios o amerindios son, entonces, los pueblos indígenas de las Américas.

En décadas pasadas, otra palabra era bastante utilizada en el Brasil para designar genéricamente a los indios silvícolas (“quienes nacen o viven en las selvas”). El término es totalmente inadecuado porque lo que hace de alguien que sea o no sea indígena no es el hecho de vivir o haber nacido en la “selva”. Pero, al fin y al cabo… ¿quién es indígena?

Criterios de identificación

Desde el punto de vista de los pueblos que ya vivían en un determinado territorio antes de la formación del Estado nacional, los procesos de colonización y de constitución del nuevo país fueron extremadamente violentos. Las consecuencias para los indios fueron las peores posibles: extinción de pueblos enteros, brutal disminución demográfica, ocupación de tierras, puesta en riesgo de los medios tradicionales de supervivencia física y cultural y falta de respeto y desvalorización de identidades étnicas particulares frente a los valores de la nueva sociedad nacional.

Luego de tanto tiempo, de tanta opresión y, muchas veces, de miscegenación, surge un problema: ¿cómo identificar claramente a las personas y a los grupos de personas que están vinculadas históricamente a esas poblaciones originarios o nativas?

No es esa una pregunta fácil de responder; sin embargo es fundamental hacerlo. Tiene que ver con el reconocimiento de derechos especiales, con la lucha por la comprensión de las deudas históricas y con los conflictos de intereses en relación a la posesión de determinados territorios o a la utilización de los recursos naturales, Se ubica, finalmente, en el campo de la política de cada país y también de aquella que se desarrolla en el ámbito de los organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Los documentos de países, instituciones y épocas diferentes presentan criterios bastante disímiles en tanto identificar quién es indígena. Muchos de ellos, se basan en conceptos y nociones tales como raza, rasgos culturales o en el desarrollo económico.

En Brasil, el criterio más aceptado en la actualidad es el de la auto identificación étnica. O sea, es indígena aquel grupo de personas que se identifica como una colectividad diferente del conjunto de la sociedad nacional en virtud de sus vínculos históricos con poblaciones de origen precolombino (período anterior a la llegada de Cristóbal Colón a América). Todo individuo que se reconoce como parte de un grupo con esas características y es reconocido por el grupo como tal podrá ser considerado indio.

¿Quién es indio?

por Eduardo Viveiros de Castro, investigador y profesor de antropología del Museu Nacional (UFRJ-Universidad Federal de Río de Janeiro) y socio fundador del ISA.

  • Indio es cualquier miembro de una comunidad indígena, reconocido por ella como tal.
  • Comunidad indígena es toda comunidad fundada en relaciones de parentesco o vecindad entre sus miembros, que mantienen lazos históricos culturales con las organizaciones sociales indígenas precolombinas.

Las relaciones de parentesco o vecindad constitutivas de la comunidad incluyen las relaciones de afinidad, de filiación adoptiva, de parentesco ritual o religioso y, en forma más general, se definen en los términos de la concepción de los vínculos interpersonales fundamentales propios de la comunidad en cuestión.

Los lazos histórico culturales con las organizaciones sociales precolombinas comprenden dimensiones históricas, culturales y sociopolíticas, a saber:

  • La continuidad de la presente implantación territorial de la comunidad en relación a la situación existente en el período precolombino. Tal continuidad incluye, en particular, la derivación de la situación presente a partir de la determinación o de las contingencias impuestas por los poderes coloniales o nacionales en el pasado, tales como las migraciones forzadas, las reducciones, las concentraciones en aldeas y demás medidas de asimilación y oclusión étnicas.  
  • La orientación positiva y activa del grupo de cara a los discursos y a las prácticas comunitarias derivadas del fondo cultural amerindio, y concebida como patrimonio relevante de ese grupo. En relación a los procesos de destrucción, reducción y oclusión cultural asociados a la situación evocada en el ítem anterior, tales discursos y prácticas no son necesariamente  específicos del área cultural (en el sentido histórico-etnológico) en donde se encuentra la comunidad actualmente.  
  • La decisión, sea ella manifiesta o simplemente presumida, de que una comunidad se constituya como una entidad socialmente diferenciada dentro del concierto nacional, con autonomía para deliberar y establecer estatutos sobre su composición (formas de reclutamiento y criterios de inclusión de sus miembros) y asuntos internos (gobierno comunitario, formas de ocupación del territorio, régimen de intercambio con la sociedad envolvente), así como definir sus modalidades de reproducción simbólica y material.

 [Mayo, 2005]

Sobre el nombre de los pueblos

Por no poseer escritura alfabética en los tiempos de la “atracción y pacificación”, los pueblos indígenas fueron (y continúan siendo) “bautizados” por escrito por los no indios, en un proceso que produjo (y aún produce) muchas confusiones en términos de grafías y significados.

Es importante destacar que, en las últimas décadas, con el desarrollo de proyectos en el área de la educación escolar indígena, algunos pueblos están aprendiendo a escribir su propia lengua y, de esta manera, a crear, junto a los asesores lingüistas, una grafía propia.

Grafías

Existe una gran variabilidad en las formas de escribir los nombres de los pueblos indígenas. Conviven patrones diferentes, algunos creados por funcionarios de la Fundaçao Nacional do Indio (Funai-Fundación Nacional del Indio), otros por antropólogos y, más recientemente, hasta por los manuales de redacción de los grandes órganos de prensa brasileños. Un grupo que actualmente reside en las áreas del estado de Acre, denominado kaxinawá, sólo a modo de ejemplo, tiene su designación escrita -por lo menos- de cuatro maneras diferentes: caxinauá, cashinauá, kaxinawá y kaxináua.

"Atraer y pacificar” a los indios, imponiéndoles denominaciones arbitrariamente, tiene que ver, históricamente, con prácticas coloniales de control social: concentración espacial de la población (con la consecuente contaminación por las enfermedades y la despoblación poscontacto), la implantación de los sistemas paternalistas y precarios de asistencia social, el confinamiento territorial y la explotación de los recursos naturales disponibles. Todo en nombre de la “integración de los indios a la comunión nacional”.

Muy por el contrario; reconocer y valorizar sus identidades específicas, comprender sus lenguas y sus formas tradicionales de organización social, de la ocupación de la tierra y el uso de sus recursos naturales, está relacionado con gestos diplomáticos de intercambio cultural y respeto a los derechos colectivos especiales.

La razón básica por la cual los antropólogos escriben el nombre de un grupo de una manera determinada se relaciona con la adopción de un alfabeto con el cual escribirán las palabras de la lengua de un pueblo dado. Como las lenguas indígenas tienen sonidos que no encuentran representación directa en las letras del alfabeto brasileño, los antropólogos están compelidos a recurrir a otras letras y a sus respectivas combinaciones. Buscan, entonces, utilizar letras cuya interpretación sonora se aproxima al alfabeto fonético internacional, empleado por lingüistas de todo el mundo, y no al alfabeto brasileño.

Inclusive, ¿que justificaría la reducción fonética de los nombres indígenas a la forma brasileña si existen diversos pueblos que no viven exclusivamente en el Brasil? Recordemos que las fronteras entre los Estados nacionales de América del Sur se superpusieron a las áreas ocupadas por los pueblos indígenas, de forma tal que algunos de ellos viven actualmente bajo la jurisdicción político-administrativa de dos, tres y hasta cuatro países diferentes.

Las discordancias ortográficas acerca de los nombres de los pueblos indígenas acostumbran oponer a los antropólogos y a los manuales de redacción de los grandes diarios. Con respecto a esto, no hay consenso ni siquiera entre los mismos antropólogos. Las polémicas más importantes se refieren al uso (o no) de mayúsculas iniciales y de la forma del uso del plural para los nombres de la etnias.

Para muchos, cuando la denominación de un pueblo aparece con función de adjetivo, no habría por que no escribirla con minúscula (lengua guaraní, por ejemplo). Sin embargo, cuando se manifiesta como sustantivo en forma de gentilicio sería más adecuado mantenerla con mayúscula porque, si es verdad que esas etnias no tienen países (como los franceses a Francia), también es cierto que sus nombres designan una única colectividad, de una sociedad, de un pueblo, y no simplemente de una sumatoria de personas. De esta manera, por ejemplo, nos podríamos referir a los kaingang.

Aquellos que defienden la posición negativa en relación a la no flexión del plural, se basan en la justificación de que, en la mayoría de los casos, cuando los nombres son palabras en lengua indígena, agregar una S resultaría en una forma hibrida. Además, existe la posibilidad que las palabras estén ya en la forma plural o, inclusive, de que la forma del plural no exista en las lenguas indígenas correspondientes.

Los manuales de redacción, por otro lado, le han impuesto una forma portuguesa a la grafía de los nombres de los grupos indígenas, prohibiendo el uso de letras como w, y, k (¡) y ciertos grupos de letras no existentes en portugués, como la sh. Este criterio no tiene consistencia, así como el de escribir los nombres siempre con minúsculas o flexionar el número (singular/plural), aunque no el género (masculino/femenino). Por ejemplo, si krahô de debe escribir craô, entonces Kubitscheck debería escribirse Cubicheque y Geisel se graficaría Gáisel (ambos ex presidentes brasileños). ¿Por qué el mismo manual que recomienda escribir Yanomami y los ianomâmis, veta la flexión por género, cuando la palabra tiene función de adjetivo (“mujeres ianomâmis” y no “mujeres ianomâmas”), resultando en una transformación parcial al portugués?

Significados

La confusión se agrava cuando entran en escena las auto denominaciones. Esto es, las formas verbales a través de las cuales un determinado pueblo se refiere a sí mismo. En muchos casos, las investigaciones de los antropólogos y lingüistas nos enseñan que las auto denominaciones no tienen nada que ver con los nombres aplicados a los grupos indígenas por los no indios. Buena parte de los nombres utilizados, tanto en la actualidad como en el pasado, para designar a los pueblos indígenas en el Brasil no son auto denominaciones. Muchos de ellos fueron atribuidos por otros pueblos, con frecuencia enemigos y, por ello, cargan connotaciones peyorativas.

Es el caso, por ejemplo, de los araweté, denominados por vez primera por un sertanista (persona que conoce y frecuenta regiones remotas del Brasil) de la Funai (Fundación Nacional del Indio) que creía comprender la lengua de ese pueblo, inmediatamente después de haberse producido los “primeros contactos” establecidos a mediados de la década del 70. Tal designación, escrita por primera vez por un funcionario del gobierno federal en un informe, permaneció como la identidad pública oficial de ese pueblo. Sin embargo, un antropólogo que estudió a los araweté algunos años después y aprendió su lengua descubrió que esos indios no se denominan originalmente a través de un sustantivo “los araweté”, sino que utilizan la palabra bïdé (un pronombre que significa “nosotros, los seres humanos”) para referirse al colectivo al cual pertenecen.

La palabra no remite a una sustancia (como brasileños, por ejemplo, remite al Brasil), sino más a un perspectiva humana, que se opone a la animal, a la divina, a la enemiga…. Dependiendo del contexto en que es enunciada, la palabra bïdé se puede referir a las colectividades humanas, abarcándolas en mayor o en menor medida: a los mismos araweté (en oposición a otros grupos, enemigos); a todos los indios (en oposición a los no indios); a todos los seres humanos (en oposición a los animales y dioses)…

Los miembros de los Estados-Naciones, como nosotros -los no indios-, tienen el prejuicio de que toda sociedad tiene que tener un nombre propio. Se trata de una idea equivocada, como lo ilustra el caso araweté. Porque, si es cierto que los araweté utilizan la palabra bïdé para referirse a sí mismos, no lo es que esa denominación sea un “nombre propio” y tampoco que el “nosotros” al que se refieren sea siempre el mismo.

En otros casos, las connotaciones de los nombres atribuidas a las etnias indígenas llegan a ser despreciativas. Kayapó, por ejemplo, es una designación genérica que le fue dada a aquellos indios por pueblos de lengua tupí, con los cuales mantuvieron guerras hasta no hace mucho y significa “parecido al mono”. Otras denominaciones fueron dadas por los sertanistas del antiguo SPI (Serviço de Proteção aos Indios-Servicio de Protección a los Indios) o de la Funai (Fundação Nacional do Indio-Fundación Nacional del Indio), en muchas oportunidades inmediatamente después de los primeros contactos promovidos por las llamadas “expediciones de atracción”. En ese contexto, sin entender la lengua nativa, los equívocos son frecuentes, y determinados pueblos terminan siendo conocidos por denominaciones que les son atribuidos por razones absolutamente aleatorias.

En la época de los primeros contactos, en la cual la comunicación con las “etnias desconocidas” era precaria, algunos pueblos comenzaron a ser denominados por el nombre de alguno de sus integrantes o facciones. Aún se verifican casos de nombres impuestos en portugués, como, por ejemplo, los “beiço-de-pau” (“labio inferior de madera”, para referirse a los tapayuna, del estado de Mato Grosso) o los cinta-ancha, denominados así por los sertanistas de la Funai, simplemente porque usaban anchas cintas elaboradas de corteza de árbol al momento de ser contactados hacia el final de la década del 60, en el estado de Rondônia.

Contacto con los no indios

Muchos pueblos reúnen, en su cotidiano, formas de vivir heredadas de sus antepasados, además de productos, instituciones y relaciones sociales adquiridas luego de la intensificación del contacto con los “blancos”. En este punto, no difieren mucho de “nosotros”, brasileños no indios, finalmente vivimos en una sociedad continuamente influenciada por otras tradiciones culturales. Por ejemplo, este sitio de Internet, donde ahora nos encontramos, o las cadenas de comida rápida dispersas por las ciudades de nuestro país son pequeñas pruebas de que nuestra lengua y nuestra cultura también sufren influencias de otras.

Cambios en la forma de vivir

El contacto con nuestra sociedad seguramente provocó muchos cambios en la forma de vivir de los pueblos indígenas. Con relación a ese aspecto, es necesario, por lo menos, considerar dos puntos.

  • Las culturas indígenas no son estáticas. Por el contrario, ellas son, como cualquier otra cultura, dinámicas. De tal manera, se transforman a lo largo del tiempo, inclusive sin la necesidad de una influencia extranjera. Por otra parte, es innegable que los cambios ocurridos a partir del contacto con nuestra sociedad pueden, muchas veces, alcanzar niveles preocupantes. Ese es el caso, por ejemplo, de los pueblos que perdieron sus lenguas maternas y, en la actualidad, sólo hablan portugués.  
  • Es necesario mencionar que por detrás de los cambios, cuyo ritmo y naturaleza son diferentes en cada caso, existe un aspecto fundamental: inclusive manteniendo relaciones con los o indios, los pueblos indígenas mantienen sus identidades y se afirman como grupos étnicos diferenciados, portadores de tradiciones propias. Y esto vale también para los pueblos que viven en situaciones de contacto más intenso.

 

La identidad étnica, esto es, la conciencia de pertenecer a una determinada etnia, resulta de un complejo juego entre lo “tradicional” y lo “nuevo”, entre lo “propio” y lo “ajeno”, que surge siempre cuando diferentes poblaciones están en contacto. Es importante tomar en cuenta todas esas consideraciones antes de decir que alguien “ya no es indio” porque usa vestimenta, concurre a la misa, mira la televisión, opera computadoras, juega al fútbol o conduce un automóvil.

Diferentes experiencias de contacto

Más allá de la diversidad que existe entre los indios a causa de sus lenguas, culturas, modos de vivir y pensar tan diferentes, existe otra distinción que se refiere a las diferentes formas de contacto que ellos mantuvieron y/o mantienen con los no indios: si este es razonablemente pacífico o violento, si se produjo hace tiempo o si es reciente, si fue en forma directa con la población regional (hacendados, posaderos, madereros, garimperos, pescadores, entre otros) o mediado por alguna institución gubernamental o no gubernamental, laica o religiosa. Muchos pueblos fueron víctimas de violencia en la época de sus primeros contactos con la población no indígena.

Es el caso de los Rikbaktsa, que viven en el estado de Mato Grosso. Desde la década de 1950 hasta el inicio de 1960, ellos sufrieron la oposición armada de los seringalistas ubicados en la región, además de la presencia de los madereros, mineros y hacendados, lo que resultó en un 75% de la población diezmada. En contraste, otros pueblos guardan en su memoria una imagen inclusive amistosa de los primeros contactos. Los kadiwéu, por ejemplo, recuerdan con insistencia y orgullo su participación, junto a los brasileños, en la guerra del Paraguay, hito importante en su historia del contacto con la sociedad nacional.

En muchas oportunidades, una relación inicial entre indios y no indios, marcada por el enfrentamiento hostil, puede dar lugar a relaciones razonablemente pacíficas y, hasta inclusive, deseables. En la actualidad, diferentes pueblos indígenas se han asociado a organizaciones de apoyo que actúan en la sociedad civil brasileña. Los diferentes pueblos que viven en el Parque Indígena do Xingu, por ejemplo, cuentan con diversos proyectos en el área de la salud, encabezados por la Unifesp (Universidade Federal de São Paulo, antigua Escuela Paulista de Medicina), de educación, de alternativas económicas, de fiscalización y de vigilancia, promovidos por el ISA (Instituto Socio Ambiental).

Son comunes los casos de convivencia con los misioneros católicos o protestantes, como puede ser observado, respectivamente, entre los makuxi y entre los taurepang, ambos ubicados en la región de labranza, en el estado de Roraima. Es importante destacar también que la relación entre los indios y los misioneros presenta formas diversas en todo el Brasil. Especialmente en lo que se refiere a las propuestas de transmisión de los valores cristianos.

La manera en que cada pueblo se inserta en la sociedad brasileña es muy variada. Existen pueblos cuyos miembros trabajan en el mercado regional y son asalariados, como los guaraní kaiowá, asociados a las actividades del corte de la caña de azúcar para las destilerías de alcohol del estado de Mato Grosso do Sul. Por otro lado, hay quienes viven en centros urbanos, como las familias saturé-mawé, en la zona periférica de la ciudad de Manaus y los pankararu, migrantes del estado de Pernambuco y que actualmente residen en la favela –asentamiento- Real Parque de la ciudad de São Paulo.

Un hecho notable es el crecimiento del número de indígenas en el escenario político brasileño. Sólo en 2.000, fueron electos, entre concejales, vice intendentes o alcaldes y un intendente o alcalde, 80 indios.

En el polo opuesto de aquellos que participan intensamente de varias esferas de la sociedad brasileña, están aquellos grupos o personas que rechazan el contacto con la población no indígena. Entre ellos, se destacan algunos grupos que residen en la Tierra Indígena del Vale do Javari.

Indios aislados

Poco se sabe sobre los denominados indios aislados – también conocidos como pueblos en situación de aislamiento voluntario, pueblos ocultos o pueblos no contactados, entre otros. Así son denominados aquellos grupos con los cuales la Funai no estableció contacto. Las informaciones acerca de ellos son heterogéneas, transmitidas por otros indios o por personas de una región determinada, así como por indigenistas e investigadores.

La Funai, institución responsable por la política indigenista del Estado brasileño, posee un órgano responsable para proteger la región donde están indicadas las referencias a esos grupos sin contactos: es la Coordinación General de Indios Aislados y Recién Contactados (CGIIRC- Coordenação Geral de Índios Isolados e Recém Contatados), que ya confirmó la existencia de 28 de estos grupos. En toda América Latina, el Brasil es el único país que tiene un órgano específico para desarrollar políticas de protección a los pueblos aislados.  La CGIIRC está organizada en seis Frentes de Protección Etnoambiental (Juruena, Awa-Guajá, Cuminapanema, Vale do Javari, Envira, Guaporé, Madeira, Madeirinha, Purus, Médio Xingu, Uru-Eu-Wau-Wau e Yanomami), que actúan en la amazonía brasileña, en regiones donde existe la confirmación de la presencia de indios aislados y donde viven pueblos recién contactados.

De acuerdo con los datos de ISA y sus colaboradores, se verifican en la amazonía brasileña más de 70 evidencias de indios aislados. Pero no se sabe ciertamente quiénes son, donde se encuentran ubicados, cuántos son y qué lenguas hablan. Entre esos grupos, de los cuales se tiene evidencia, apenas uno, los avá-canoeiro, se ubica fuera de la Amazonía Legal. De los avá-canoeiro se dice que son cuatro personas, en fuga permanente, evitando el contacto, trasladándose por el norte de los estados de Minas Gerais, Bahia y Goias. Además de este pequeño grupo, otros seis avá-canoeiro viven en la Tierra Indígena homónima y otros cuatro, junto con sus descendientes, residen en el Parque Indígena do Araguaia.

Lo que se sabe es que la mayor parte de esas referencias se encuentran en Tierras Indígenas ya demarcadas o con algún grado de reconocimiento por los órganos federales. También hay evidencias de grupos aislados dentro de dos Parques Nacionales y de dos Selvas Nacionales (Flonas). En el caso de los parques, los grupos están protegidos de la ocupación desordenada de su hábitat; en al caso de las Flonas, que a pesar de ser federales y protegidas, son áreas destinadas a la explotación forestal por empresas, de forma que no existe garantía de que los indios serán protegidos y tendrán su futuro asegurado.

Las informaciones acerca de esas pueblos son escasas. En algunas oportunidades, se presentan vestigios como tapires, flechas y otros objetos encontrados en las áreas por donde pasaron y los mismos son registrados fotográficamente. Los relatos verbales acerca de la existencia de esos grupos son generalmente proporcionados por otros indios y habitantes de las cercanías quienes narran encuentros fortuitos, o que simplemente reproducen informaciones de terceros.

Un caso que ejemplifica correctamente la definición de grupos aislados, en donde las informaciones de los vecinos confirman su existencia y la relación de contacto que mantuvieron con ellos, demuestra que el aislamiento es relativo: los Hi-Merimã, que en la actualidad viven aislados, fueron cuantificados en más de 1.000 personas en 1943. Eran considerados uno de los mayores grupos de la región del río Purus, en el estado de Amazonas, aunque retornaron a una situación de aislamiento. También eran conocidos como Marimã o Merimã, según la información otorgada por la antropóloga Luciene Pohl, en su trabajo de identificación de la Tierra Indígena hi-merimã. Pohl recolectó las informaciones acerca de ellos gracias a sus vecinos, los jamamadi, cuyas tierras demarcadas son continuas a la tierra de los aislados, siendo su lengua de la familia Arawá.

Los jamamadi, relatan que mantuvieron contacto con ellos en el pasado, aunque se produjeron problemas de entendimiento entre las partes, lo que resulto en un conflicto en donde se produjeron decesos. Los banawa, también de la familia lingüística arawá, dicen comprender en forma parcial la lengua hablada por los hi-merimã y afirman que mantuvieron relaciones con ellos, pudiendo describir las características de modo de ser de estos indios quienes volvieron a aislarse. Los indios zuruahã, de la misma familia lingüística, así como sus vecinos hacia el oeste, relatan historias de hostilidades hacia ellos.

¿Aislados o contactados?

A partir de estos relatos se puede percibir que la idea de que hay indios aislados desde la llegada de los portugueses, o sociedades mantenidas al margen de todas las trasformaciones ocurridas desde entonces es engañosa. Los grupos considerados aislados entablaron, entablaron, en muchas oportunidades, relaciones de larga data con segmentos de la sociedad nacional, habiendo, posteriormente, optado por el aislamiento. Los Apiaká de Matrinxã, por ejemplo, tuvieron contactos con la sociedad regional, sufrieron en demasía, y resolvieron huir y aislarse frente a nuevos contactos. La misma historia es atribuida a los katawixi. De esta manera, el aislamiento representa, en muchos casos, una opción grupal, que puede estar pautada por sus relaciones con otros grupos, por la historia de los frentes de ocupación en la región donde residían y también por los condicionantes geográficos que propiciaron esta situación. La noción de aislados, entonces, se refiere al contacto regular, principalmente con la Funai.

Lo que ha ocurrido con alguna frecuencia es la tentativa de la Funai de realizar contactos con grupos que se encuentran en situaciones de riesgo, no obstante, mucho rehúsan esa aproximación. Un caso de opción por el aislamiento también puede ser observado en la región de Tanaru, al ser del estado de Rondônia. No se trata de una sociedad sino de un único hombre sobreviviente. Todo lleva a creer que su pueblo desapareció debido a la violencia y a la ambición de los ganaderos que ocuparon la región. Desde 1996, la Funai ha intentado ofrecerle asistencia aunque, en todas las oportunidades en las que su campamento fue identificado, era inmediatamente abandonado. El sujeto se muestra absolutamente opuesto al contacto, a pesar de aceptar algunos regalos de los sertanistas como ollas y facones.

Vea tanbién

Aislados: Recorrrido historico

¿Dónde están los indios aislados?

Contactados y protegidos

Los pueblos, luego de contactados, quedaban bajo la protección de la Funai, aunque esta no poseía una política especial para ellos, quienes terminaban por sufrir epidemias e invasiones a sus tierras, además de un sinnúmero de problemas que el contacto y la sedentarización les acarreaban. A partir de la evaluación de esta situación de fragilidad a la que los grupos recién contactados estaban sujetos, la CGII comenzó a asistir en forma diferencial a los kanoê (cuatro personas) y a los akuntsu (seis individuos) ubicados en el estado de Rondônia, contactados hace más de diez años; a los zo’é en el estado de Pará y a un pequeño grupo korubo, localizado en el Vale do Javari, estado de Amazonas. Los zo’e, grupo tupí guaraní, localizado en la cuenca del río Cuminapanema (estado de Pará) fueron por vez primera contactados por la Funai en 1989. Sin embargo, ellos ya habían entablado relaciones con misioneros protestantes desde 1982.

Los korubo se hicieron famosos en los medios masivos de comunicación cuando un sector de su población fue contactada en 1996, por una expedición promovida por la Funai, coordinada por el sertanista Sydney Possuelo, y acompañada por reporteros de la revista National Geographic que transmitieron el evento en vivo y on line para todo el mundo. Conocidos como “indios caceteiros”, por la no utilización de arcos, los korubo entablan, hace décadas, una guerra contenida con la población regional, a pesar de las tentativas mutuas de aproximación. Parte del grupo que fue contactado, y cuenta hoy en día con 25 personas separados del grupo original, permanece en constante fuga.

Coordinación General de Indios Recientemente Contactados (Coordenadoria Geral de índios Recém-Contatados): sin estar aún implementada, esta dependencia está subordinada a la Dirección de Asistencia de la Funai y es coordinada por el antropólogo Artur Nobre Mendes, hasta entonces director de la Dirección de Tierras/Funai (Diretoria Fundiária/Funai), que fuera creada en julio de 2006. Esta tenía por objetivo “la protección de los grupos y pueblos indígenas contactados en nuestro pasado reciente y que viven en un relativo estado de autonomía político-cultural y, al mismo tiempo, sin el completo dominio de las fuerzas sociales dominantes que los circundan”.

La exposición de motivos que sostuvo la necesidad de esa coordinación específica, considera como recién contactados a los grupos indígenas que establecieron contactos permanentes con la sociedad nacional luego de la creación de la Funai, en 1967. Justifica también que los innumerables contactos realizados en la década de 1970 y mediados del 80, tuvieron lugar en situaciones de extrema vulnerabilidad, por la presión de los frentes de expansión económico nacional. Sin que hubiesen políticas específicas para esas poblaciones la vulnerabilidad continuó; esos grupos no ganaron espacio dentro de la Funai frente a otros grupos de indios más articulados.

Varios factores contribuyeron a esto. Los mecanismos de consulta a los pueblos indígenas fueron creados en casi todos los programas de gobierno orientados hacia los indios, en general mediante la formación de consejos y la realización de seminarios y audiencias, sin que la realidad de esos indios hubiese sido considerada. El hecho de ser en su gran mayoría monolingües y el de no dominar los códigos y mecanismos de participación, vuelva la presencia de esos indios –en esas consultas- un objeto meramente decorativo; a pesar de manifestarse a veces por la participación de los jóvenes, únicos hablantes de portugués, aunque de expresión reducida en el concierto político interno del grupo. En otros casos son “representados” por indios que ellos desconocen o en quienes nunca confiarían cualquier poder de representación. Otro factor desagregador lo constituyen las políticas públicas de inclusión social, sin considerar los impactos que estas causarían en aquellas comunidades semi aisladas.

La Coordinación pretendía elaborar y aplicar la Política de Protección a los Pueblos Indigenas de Contacto Reciente, proponiendo metodologías para consultarlos de manera adecuada, así como implementar mecanismos internos de capacitación del personal de la Funai que trabajaba junto a ellos. Pretendía incentivar la investigación científica junto a esos pueblos y articularla con otras instancias de gobierno en la evaluación previa de la implementación de políticas públicas de carácter universal en relación a esos grupos así como también crear mecanismos de evaluación periódica de las condiciones de vida de esos pueblos.

La alianza internacional para la protección de los aislados

En noviembre de 2005, fue realizado en Belém, estado de Pará, el Primer Encuentro Internacional sobre Indios Aislados que viven en países amazónicos y en el Gran Chaco, organizado por la Coordinación de Indios Aislados/Funai (CGII) y por el Centro de Trabajo Indigenista (CTI). El evento contó con la participación de más de sesenta personas. Además de los representantes del Brasil, asistieron delegaciones del Perú, Colombia, Ecuador, Bolivia y Paraguay -cuyos casos fueron presentados y discutidos con participantes que representaron 36 instituciones-, y otras de países como Nueva Zelandia, Noruega, Estados Unidos, Reino Unido, España y Francia.

Como resultado final  de las presentaciones y el análisis de los casos y de las sugerencias fue elaborado un documento exigiendo que los gobiernos de los países en donde se ubican esos indios tomen medidas para proteger sus hábitats, sus derechos y el respeto a la decisión por el no contacto con los órganos oficiales, si fuera ese su deseo.

El indigenista Sydney Possuelo –que en ese momento coordinaba la CGII- reafirmó su política de contactar a los indios aislados, sólo en el caso de que se presentara un gran riesgo y resaltó la necesidad de respetar la autonomía y el aislamiento de esos pueblos. Para justificar su elección, Possuelo realizó un balance general de la situación de varios pueblos que fueron contactados y actualmente se encuentran en situaciones muy difíciles, con su futuro seriamente amenazado.

Indios emergentes

En los últimos años aumentó el número de las poblaciones que comenzaron a reivindicar pública y oficialmente su condición de indígenas en el Brasil. Se trata de familias que, mestizadas y despojadas territorialmente a lo largo del tiempo, reencuentran, en el presente, los contextos políticos e históricos favorables para retomar sus identidades colectivas indígenas.

Etnogénesis indígenas

por Jose Maurício Arruti

Este proceso no es exclusivo del Brasil; casos semejantes son conocidos en otros Estados nacionales contemporáneos como, por ejemplo, en Bolivia y en la India.

En el Brasil, este fenómeno surge de modo más evidente en las últimas décadas, cuando las historias regionales pasaron a ser revisadas; los derechos indígenas más reconocidos y respetados; y las organizaciones de apoyo a los indios se consolidaron de manera más efectiva pasando a ser agentes importantes de la causa indígena.

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