De Pueblos Indígenas en Brasil
Foto: Sergio Bloch, 2000

Waimiri Atroari

Autodenominación
Kinja
¿Donde están? ¿Cuántos son?
RR, AM 2009 (PWA, 2018)
Familia linguística
Karib

Durante mucho tiempo, los Waimiri Atroari estuvieron presentes en el imaginario del pueblo brasilero como un grupo guerrero que enfrentaba y mataba a todos aquellos que intentaban entrar en su territorio. Dicha imagen contribuyo a que las autoridades gubernamentales transfirieran las responsabilidades de las obras de la carretera BR 174 (Manaus – Boa Vista) al Ejercito Brasilero, quienes de paso, utilizaron sus fuerzas militares represivas para contener, reducir y controlar a éstos indígenas. Enfrentamientos que resultaron en la casi total extinción del pueblo ‘Kinja’ (autodenominación de los Waimiri Atroari).

Además, la intromisión del ejercito en las tierras de los Waimiri Atroari se intensificó con la instalación de una empresa minera, y con la inundación de buena parte de sus terrenos para la construcción de una Hidroeléctrica. Pero los Waimiri Atroari afrontaron la situación, negociaron con los blancos, y al día de hoy tienen bien definidos los límites de su territorio, han fortalecido su cultura e incrementado el crecimiento poblacional de su gente.

Waimiri Atroari: el pueblo Kinja

Mulher preparando bebida feita de açaí. Desenho: Mepeni, 1999.
Mulher preparando bebida feita de açaí. Desenho: Mepeni, 1999.

Cuentan los Waimiri Atroari que antiguamente existían dos (2) grupos: los ‘Iky’ y los ‘Wehmiri’. Los primeros vivían en la cabecera del Río y tenían la piel ‘sakra’ (más clara), mientras que los segundos estaban instalados cerca de la desembocadura del mismo caudal, y tenían la piel ‘tapyryma’ (más oscura que la de los Iky). Los dos grupos habitaban tanto en el fondo del río (ya que eran parientes de ‘Xiriminja’ –entidad mitológica en vive entre las aguas), como en la tierra firme.

Fue la hija de los ‘Iky’ quien dio el pene a ‘Kinja Emymy’ (kinja sin pene), y de dicho acontecimiento emergió una de las historias de origen de ese pueblo. Los Waimiri Atroari se denominan ‘Kinja’ (gente verdadera) en oposición a los ‘Kaminja’ (no indígena), a los ‘Makyma’ (demonios que no tienen arreglo) y a los ‘Irikwa’ (muertos-vivos/zombies). ‘Waimiri Atroari’, aquel nombre mediante el cual ese grupo es conocido en la actualidad, apareció a inicios del siglo XX, justo en la época en que funcionaba el Servicio de Protección a los Indios (SPI –entidad gubernamental que precedió a la FUNAI –Fundación Nacional del Indio). Sin embargo, esa denominación representa solamente a un pueblo: los Kinja. 

Tahkome y Nysakome: los ancestros Waimiri Atroari y los dominios de la tierra, el aire y el agua

Menino com arco. Foto: Sergio Bloch, 2000.
Menino com arco. Foto: Sergio Bloch, 2000.

De acuerdo con el pueblo Kinja (autodenominación Waimiri Atroari), antiguamente todos los animales mitológicos que habitaban la tierra eran ‘gente’ y vivían en medio de los Kinja. Un día ‘llovieron’ muchas piedras y todos pensaron que el mundo se iba a acabar. Sin embargo, había una maloca cuyo pilar central era de ‘piria’ (lapacho -Tecoma Curialis), una madera muy dura y compacta que resisto los golpes de las piedras. En esa maloca vivían varias familias de las cuales surgieron los ancestros de los actuales Waimiri Atroari.

Por tanto, la génesis de este grupo étnico esta marcada por un antes y un después del hito de la ‘lluvia’ de piedras. De ahí que en la actualidad, la segunda generación de Waimiri Atroari diga que son descendientes de aquel pueblo que sobrevivió dentro de la maloca, gracias a la fortaleza del pilar central de ‘piria’.

Los antiguos Waimiri Atroari son llamados ‘Tahkome’ (masculino) y ‘Nysakome’ (femenino). El primero es un término que también hace referencia a un pasado muy distante (al tiempo en que existían los tahkome), donde todos convivían en igualdad de condiciones: todos eran seres humanos a pesar de que algunos tuvieran poderes sobrenaturales.

En ese tiempo pasado no había animales, y las personas se alimentaban de las frutas y los tubérculos que les daba la naturaleza. ‘Mawa’, quien también era una persona, vivía en la tierra y abastecía a ‘Kinja’ de todo lo que necesitara, pero también fue uno de los responsables de transformar a la personas que trasgredían las reglas, en animales o en algunos productos cultivados en sus chagras.

Mulher com tanga tradicional utilizada na época dos primeiros contatos com os brancos. Desenho: Iarymaky, 1999.
Mulher com tanga tradicional utilizada na época dos primeiros contatos com os brancos. Desenho: Iarymaky, 1999.

Un día ocurrió que Mawa, cansado de la convivencia en la Tierra y en un intento por impedir que el cielo se cayera, pidió a la Tortuga Morrocoy que flechara el cielo para que se formara una escalera y pudiera tener acceso a ese lugar. A través de la cuerda que se formó con las sucesivas flechas lanzadas, fue posible conectar el cielo con la tierra para que Mawa llegara al espacio superior a establecer su morada. Algunas otras personas también intentaron subir, pero Mawa cortó la cuerda y los derribó a todos. Quienes quedaron colgados en los árboles, se transformaron en diversas especies de micos. Mawa es quien regula las fuerzas de la naturaleza, por eso esta presente en varias narrativas sobre el día y la noche, o en las que tienen que ver con el surgimiento del trueno y el diluvio.

En la tierra vive Kinja, que escoge lugares para fundar sus asentamientos y sus casas, alrededor de las cuales planta su chagra. Después de la chagra está la selva tupida donde habitan los animales de caza, pero ese es un lugar peligroso para los Waimiri Atroari porque allí también viven los ‘Irikwa’ (muertos-vivos/zombies), los ‘Iamai’ (ser parecido a un murciélago) y los ‘Ianana’.  Todos ellos son seres terribles que se alimentan de la sangre y de la carne de Kinja. Tanto los ‘Irikwa’ como los ‘Iamai’ no pueden ser vistos por los humanos, y en caso de que eso ocurra, la persona morirá mientras siente que sus energías vitales se van desvaneciendo lentamente. Por esa razón, los Waimiri Atroari evitan que los niños y las mujeres vayan solos a internarse en la selva.

O weiepe, conhecido também por jamaxi, é um dos artefatos tradicionais dos Waimiri Atroari, confeccionado pelos homens e usado pelas mulheres para transportar produtos da roça. Fotos: Sérgio Cleto, 1999.
O weiepe, conhecido também por jamaxi, é um dos artefatos tradicionais dos Waimiri Atroari, confeccionado pelos homens e usado pelas mulheres para transportar produtos da roça. Fotos: Sérgio Cleto, 1999.

Por su parte, ‘Ianana’ vivía en un tronco de ‘angelim’ (enorme árbol de la amazonía brasilera -Hymenolobium petraeum duke), y se dedicaba a matar y comer Kinja. Un día, Kinja descubre la morada de Ianana y decide incendiarla. Sin embargo, el hijo de Ianana sobrevive y es llevado a la comunidad, donde lo crían como Kinja. Este particular joven tenía mucha suerte en la caza, lo que causaba gran curiosidad en los demás miembros de la comunidad. Pero aunque él les contaba a todos cómo cazaba, muchos no le creían. Un día el muchacho, aburrido de ser desacreditado por la comunidad, iba andando por la selva y se encuentra con su abuela, quien le cuenta toda su historia y logra que el joven vuelva a vivir en la selva.

En el mundo acuático se encuentran los peces, otra fuente de proteína que es muy importante para los Waimiri Atroari. En ese dominio viven los Xiriminja, aquellas entidades semi-humanas que habitan los fondos de los ríos y los lagos. Xiriminja ofreció sus hijas a los Kinja para que se casaran, y como en esa época los hombres no tenían pene, la hija de Xiriminja le brinda ese órgano a los Kinja.

El estrechamiento de lazos y relaciones entre esos dos (2) pueblos (Xiriminja y Kinja), trajo consigo el enriquecimiento de la cultura material e inmaterial de los Waimiri Atroari, ya que Xiriminja les enseñó el arte de la cestería (con sus variados diseños), algunos cantos y bailes de ‘Maryba’ para los ritos de iniciación masculina, así como a sembrar las plántulas de diversas matas y arbustos con frutos comestibles, que ellos tampoco conocían y que Xiriminja les brindó.

A pesar de que los seres mitológicos y humanos ocupan dominios distintos, mantienen una estrecha interrelación que constituye el Todo del universo Waimiri Atroari.

Mydy taha: las comunidades

Aldeia waimiri atroari. Foto: Homero Martins, 2001.
Aldeia waimiri atroari. Foto: Homero Martins, 2001.

‘Mydy taha’ (casa grande) es la denominación que los Waimiri Atroari le dan al espacio de la comunidad, es decir, al asentamiento y todo su entorno (incluida la chagra). ‘Mydy taha’ también es el nombre que se le da a la maloca circular comunal en la que habita la mayor parte de las personas de la comunidad. Éste es entonces un lugar importante para los Waimiri Atroari porque además de vivienda, sirve como espacio ritual durante las festividades. Las ‘Mydy taha’ son construidas de acuerdo a varias cosas: a las necesidades de la comunidad, al aumento de población, al agotamiento de suelo para cultivo y a la escasez de caza.

Las Mydy taha se encuentran cerca a los igarapés (estrechos brazos de ríos existentes en la amazonía, caracterizados por su poca profundidad, y por ubicarse selva adentro) y a los grandes ríos, y como no hay un poder centralizado, cada comunidad tiene autonomía economía y política. La formación de una nueva comunidad se da gradualmente, y depende de que una persona de prestigio (‘mydy iapremy’ -dueño de la comunidad) logre movilizar a un conjunto de grupos domésticos para la construcción de nuevo espacio. Primero se escoge el lugar (dentro de la región destinada para ese conjunto de unidades domésticas) y se inician los trabajos de apertura de chagras. Una vez se deja la chagra cultivada y comenzando a producir, se empieza a construir una gran maloca comunal en forma circular (la Mydy taha). En ese amplio espacio habitan varios grupos constituidos por parientes afines y cognados, y cada grupo familiar tiene su propia hoguera y lugar específico.

Cabe às mulheres providendiar lenha. Foto: Henrique Cavalleiro, 1999.
Cabe às mulheres providendiar lenha. Foto: Henrique Cavalleiro, 1999.

Las actividades económicas de una comunidad se basan en la caza, en la pesca, en la recolección de frutos silvestres y en la agricultura. La caza es una labor masculina y puede realizarse en periodos nocturnos y diurnos. Tanto a mujeres como a hombres les es permitido pescar, porque es una práctica comunal en la que toda la familia participa. Otra actividad que cuenta con la participación de toda la familia es la recolección de frutos silvestres. En cuanto a la agricultura, se percibe una mayor separación del trabajo: a los hombres les compete la tala, la quema y la limpieza del terreno, mientras que la plantación es un ejercicio colectivo en el que todas las familias participan (para luego dividir colectivamente la producción), y la recolección de lo cultivado es una tarea femenina.

Además de los productos producidos en la chagra (yuca brava, yuca dulce, varios tipos de camote, cará –tipo de tubérculo amazónico- y algunas frutas) y de los peces capturados en las jornadas de pesca, también hacen parte del menú de los Waimiri Atroari algunos animales como el tapir amazónico o danta (Tapirus terrestris), los micos (mono aullador rojo -Alouatta guariba- y mono araña o coatá - Ateles geoffroyi), la lapa (Cuniculus paca), el pecarí de collar  (Tayassu tajacu), el paujil (Crax sp.) y las gallinetas tente o trompeteros (Psophia) entre otros. Pero en el día a día, los Waimiri Atroari no pueden consumir todos esos tipos de animales y peces que capturan. Hay varias restricciones alimenticias que guardan relación con los acontecimientos que marcan sus vidas, como el nacimiento, los ritos de pasaje, la primera menstruación, y la purificación antes y después de la guerra.

El casamiento ‘preferencial’ es entre primos cruzados. Dicho tipo de alianza da un nuevo status a la pareja, que además de alcanzar la ‘ciudadanía plena’, pasa a constituir un nuevo grupo doméstico dentro del grupo local. Con el matrimonio se acentúan los compromisos familiares: al hombre le corresponde la manutención de la chagra y la provisión de alimentos para su familia, mientras que la mujer asume las labores de la cocina y los cuidados de los niños.

Aldeia waimiri atroari. Foto: Henrique Cavalleiro, 1999.
Aldeia waimiri atroari. Foto: Henrique Cavalleiro, 1999.

La división de tareas varía de acuerdo al sexo, la edad y el estado civil. Las tareas aumentan con la edad, aunque una vez la persona empieza a entrar a la etapa de la vejez, las responsabilidades tienden a disminuir. Aún así, es común ver a los hombres ayudando a las mujeres en las labores de caza y pesca, en el cuidado de los niños y en la preparación de la fariña para el consumo del grupo doméstico.

Por otra parte, la formación de un Waimiri Atroari varía de acuerdo al sexo. Por ejemplo, hasta los cuatro (4) años aproximadamente, los niños y las niñas son cuidados por las madres y estimulados a repetir/imitar las tareas relacionadas con su género. Cuando se cumple esa edad, los niños pasan por el ritual de iniciación, por lo que tienen una fiesta específica donde se conmemora ese pasaje. A partir de esa edad, los niños empiezan a realizar actividades tradicionalmente asociadas a su género.

Otra actividad permanente en la cotidianidad de una comunidad Waimiri Atroari es la confección de artefactos. De hecho, éstos indígenas son excelentes tejedores. Toda la cestería es confeccionada por los hombres, quienes enseñan el oficio a los jóvenes que están en edad para casarse. Son ellos los que producen los objetos con que trabajan las mujeres como el ‘wyiepe’ (cesto de carga), el ‘matapi’ (o ‘tipiti’, que es un cesto cilíndrico hecho de junco o paja, en el que se introduce y se exprime la yuca brava), el ‘matyty’ (cesto de tejido doble), y el ‘wyre’ (objeto en forma de abanico que se usa para atizar el fuego). Los hombres también confeccionan objetos para su uso personal como el ‘pakra’ (cesto con tapa que se utiliza para guardar los materiales con que se confeccionan las flechas), el arco y las flechas, que son utilizados en las jornadas de caza y pesca.

Casa sendo construída. Foto: Henrique Cavalleiro, 1999.
Casa sendo construída. Foto: Henrique Cavalleiro, 1999.

La mayor parte de la cestería producida por los Waimiri Atroari es ilustrada con dibujos que heredaron de algunas entidades mitológicas y de sus antepasados. De acuerdo con su edad, el aprendiz artesano inicia haciendo los trenzados mas ‘simples’, hasta obtener la habilidad y el consentimiento para tejer diseños mas complejos y permitidos solamente a los hombres mayores.

Así pues, las mujeres reciben de sus esposos o de sus suegros los artefactos que utilizan en las labores cotidianas. Estos hombres, también se encargan de tejer las redes de fibra de ‘buriti’ (palma amazónica) utilizadas en los partos, las pulseras, los collares y los ‘wyre’ o abanicos que se utilizan para atizar el fuego. Antiguamente también se les encomendaba modelar las ollas y los hornos de barro, artefactos que al día de hoy han sido reemplazadas por los de aluminio y hierro.

En la actualidad, es común ver en la comunidad varios objetos que antes no hacían parte de la vida de los Waimiri Atroari. Sin duda, los primeros objetos en ser introducidos fueron los instrumentos cortantes y la ropa. En un pasado mas bien reciente (algo mas de treinta años),  era común ver a los hombres vestidos con liana ‘titica’ en forma de cinturón peniano, mientras que las mujeres confeccionaban sus taparrabos con fibra de tucum (palma amazónica), y los adornaban con semillas de bacaba (otro tipo de palma amazónica). Esa era la indumentaria tradicional de los Kinja. Hoy en día, es muy común ver a los hombres con pantalonetas y a las mujeres con faldas.

Maryba: el origen de las fiestas

Foto: Sérgio Bloch, 2000.
Foto: Sérgio Bloch, 2000.

Durante varios periodos del año, los Waimiri Atroari interrumpen sus actividades cotidianas para realizar sus fiestas. No hay un calendario específico para efectuar los ‘maryba’ y las fechas son definidas con los ‘eremy’ (cantores), aunque generalmente se hacen en los periodos de poco trabajo comunitario, como lo son los momentos de preparación y plantación de las chagras.

Maryba puede traducirse como fiesta, canto o baile. Es un momento ritual a la vez que festivo donde se suspende la cotidianidad y la rutina para trasportarse a otro tiempo y espacio. Las fiestas tienen un significado especial en la vida de los Waimiri Atroari, porque son los momentos en que varios grupos locales se reúnen para establecer y reafirmar alianzas intra-grupales e inter-grupales.

Algunas historias se erigen como referencias para explicar el surgimiento de las ‘maryba’, y las mas conocidas son las siguientes:

En la época de ‘tahkome’ Kinja no hacia fiesta, no sabia cantar ni bailar. Xiriminja, quien cedió mujeres para que se hicieran esposas de los tahkome, les enseñó un ‘maryba’ para que fuera cantado en el momento en que él visitara a su nieto. Además, les envió un recado en el que les pedía que al momento de su visita nadie estuviera cerca de su descendiente, ya que quería certificar que el pequeño tuviera los trazos del pueblo del agua: los dedos unidos por una membrana. Cuando Xiriminja estaba llegando a la comunidad con todo su gran sequito de enormes serpientes y otros xiriminja, lo que consiguió con tanta imponencia fue atemorizarlos a todos. Pero luego de que todos los seres salieron completamente de las aguas, los habitantes de la comunidad comenzaron a escuchar sus cantos y pudieron ver sus bailes. Así, kinja, Xiriminja y su séquito, finalmente bailaron juntos.

Foto: Henrique Cavalleiro, 1998
Foto: Henrique Cavalleiro, 1998

Dentro de la maloca, un niño ‘panaxi’ (muy curioso y travieso) quería ver al nieto de Xiriminja, y cuando se dio cuenta de que la mano de ese chiquillo se parecía a la de un pato, le estiró los dedos y le rasgó la membrana. Xiriminja, lleno de ira, se devolvió inmediatamente a su morada. Por esa razón, solamente un poco de los cantos pudo ser aprendido. Esos cantos y bailes son realizado en la ‘maryba’ de iniciación masculina, pero en esa celebración no puede haber ninguna mujer gestante participando, ya que Xiriminja podría pensar que el que viene en camino es su nieto.

En otro momento, kinja tahkome estaba cazando y paró para descansar y dormir un poco. Fue entonces cuando una gota de agua cayó en sus pestañas y al abrir los ojos vio que había una mujer frente a él. Se trataba de ‘Weriri kyrwaky’, la hija del papagayo. Kinja iba a flechar a esa mujer, pero su padre intervino y se la ofreció para que se casara con ella. Así, ese kinja se casa con la mujer papagayo y la lleva a su comunidad. Allá, ‘Weriri kyrwaky’ les enseña varios cantos y bailes a los Waimiri Atroari, pero con el pasar de un largo tiempo, ‘Weriri kyrwaky’ comienza a sentir mucha nostalgia de su padre y empieza a cantar en la chagra para llamar la atención de su progenitor. Inmediatamente su esposo se da cuenta, desconfía de la artimaña de su conyugue y decide matarla para que no huya. Por eso es que desde entonces, y hasta el día de hoy, kinja pasó a cantar y a bailar todos los ‘maryba’ que aprendió con sus antepasados.

Algunas Maryba

Foto: Twadja Joanico, 1998.
Foto: Twadja Joanico, 1998.

Los Waimiri Atroari se preparan para la fiesta de iniciación masculina durante varios meses. Como ya se mencionaba, esa celebración se da cuando los niños alcanzan la edad de tres (3) o cuatro (4) años. La fiesta no puede ser organizada sin la presencia de los ‘eremy’ (cantores). Él, junto con los padres de los niños de un mismo grupo local que serán iniciados, deciden la fecha en que se realizará la fiesta, y también quienes serán los responsables de liderar los trabajos y las actividades durante el ritual. Para ser ‘eremy’ no es suficiente ‘querer’ serlo, es necesario estar dispuesto a pasar por un largo periodo de aprendizaje con un cantor de mayor experiencia, tener disciplina y una buena memoria. Tanto mujeres como hombres pueden ser ‘eremy’. Estos cantores son quienes evocaran y enunciaran los cantos para conectar el universo festivo con el cosmogónico. Sus canciones hablan de los animales, de los alimentos, de los héroes míticos y mitológicos, y son cantados en una lengua que actualmente no se habla. Los conocimientos de estos personajes también incluyen la fitoterapia, el uso de remedios, el cuidado a los enfermos y el acompañamiento de los partos.

Una vez decidido el día de la fiesta, el padre del niño teje un calendario con varias astillas de bambú, a las que le entrelaza una fina cuerda de liana ‘titica’. Esas astillas de bambú representan los días que faltan para que los invitados lleguen al lugar del festejo. Además, en ese calendario hay una marca hecha con un cuchillo, por medio de la cual se identifica el día en que debe hacerse la recolección de banano, para madurarlo y proceder a preparar la papilla (mingao).

Una vez terminado el calendario, los padres salen de su comunidad a invitar a sus ‘paxira’ (parientes lejanos que viven en asentamientos distintos a los del grupo que promueve la fiesta). Posteriormente, los parientes recién convidados se desplazan hacia la comunidad donde será la celebración, con la intención de ayudar en los preparativos de la fiesta.

Foto: Carmen Do Vale, 2000.
Foto: Carmen Do Vale, 2000.

Las mujeres son las encargadas de toda la culinaria para el festejo, tanto las madres como las abuelas materna y paterna, son quienes organizan todas las actividades que se dan en la cocina. Por su parte, los hombres se ocupan de la confección de artefactos como flechas y cestos. Las flechas serán ofrecidas tanto a los ‘eremy’ como ‘pago’ por sus servicios, como a los ‘paxira’ en agradecimiento por su asistencia. Los cestos sirven para ofrecer los alimentos (en especial las carnes ‘moqueadas’ -ahumadas), y también para colocarlos en la cabeza del niño, como acto simbólico del festejo con el que se busca que el pequeño sueñe bastante y sea muy ‘maty’ (buen cazador y pescador).

Los padres de los niños se dividen entre las diversas comunidades que quieren invitar, y permanecen entre ellas hasta que llegado el gran día, deben desplazarse a la comunidad anfitriona. Durante ese tiempo entre una y otra aldea, los padres, junto con todos los habitantes de las diversas comunidades, organizan expediciones por los senderos que comunican a los diferentes grupos locales. En esos periodos de largas caminatas en medio de la selva, los hombres aprovechan para cazar, ‘moquear’ (ahumar –acción realizada con el fin de que se conserve mucho mas la carne) y guardar la carne para la fiesta. De hecho, en los campamentos solamente son consumidos los pedazos menos tiernos de la carne y los frutos silvestres que se van encontrando. Es así como los cestos cargueros confeccionados con materiales extraídos de la palma de ‘patauá’, van llenándose de carne, mientras los padres de los niños que serán iniciados, los cargan hasta llegar a la maloca en que se realizará la fiesta.

Cuando ya están bastante cerca a la ‘Mydy taha’ anfitriona, los ‘paxira’ montan un campamento para esperar la llegada de la alborada del día de la fiesta, que generalmente es al día siguiente. Cuando esta entrando el amanecer, los ‘eremy’ empiezan a cantar y a despertarlos a todos. Flautas y cantos son oídos a lo lejos, y todos los que están en la ‘Mydy taha’ se levantan y se ponen alerta para esperar a sus invitados.

Foto: Xaky Sidronio, 2000.
Foto: Xaky Sidronio, 2000.

Los niños que serán iniciados, son llevados afuera de la maloca y sentados en un banco confeccionado especialmente para la ocasión, desde el cual los pequeños reciben a los invitados.  Algunas veces las hermanas adolescentes y solteras de los niños, los acompañan en esa bienvenida. Todos los ‘paxira’ van entrando a la aldea cantando, y tanto el padre como los ‘eremy’ vienen con ellos en la parte de adelante desde donde lideran y guían a la multitud hasta llevarla a que rodee y festeje con los niños. Acto seguido, entregan la caza a los anfitriones y entran a la maloca, donde son recibidos con ‘beiju’ (tipo de casabe)  y ‘mingao’ (papilla) de ‘buriti’ (fruto de palma amazónica).

También hay otros tipos de fiestas, como el ritual de los ‘muertos-vivos’(zombies) y la inauguración de las comunidades. El ‘Irikwa maryba’ (ritual de los muertos-vivos) es realizado cuando un espíritu maligno se está aproximando a la comunidad, y precisamente tiene por objetivo calmar o alejar ese espíritu. También es un ritual que se efectúa cuando se muere algún pariente, con el fin de que su alma no se quede vagando por el mundo de los vivos. ‘Irikwa’ es una entidad que vive en la selva y que no trae buenos augurios. De hecho, si un Kinja ve a esta siniestra entidad, esta destinado a languidecer hasta desaparecer, ya que no existe ningún tratamiento de curación para ese tipo de contagio. De ahí que no exista una periodicidad establecida para la realización del ritual ‘Irikwa maryba’, sino que se haga siempre que sea necesario.

La ‘Mydy maruba’ (fiesta de la casa nueva) es realizada cuando el grupo local termina la cubiertas laterales y el tejado de la maloca a inaugurar. En esa fiesta participan los diversos grupos domésticos y locales que los ‘mydy iapremy’ (dueño de la comunidad) invitaron para que ayudaran en los trabajos de construcción de la nueva maloca. Tres (3) de los objetivos principales de la fiesta son: llenar de buenas energías la nueva residencia, hacer que Irikwa no logre aproximarse, y conseguir que el material utilizado en la construcción de la maloca sea duradero.

Lengua

Meninos pintados e enfeitados para o ritual do Maryba. Foto: Henrique Cavallero, 1999.
Meninos pintados e enfeitados para o ritual do Maryba. Foto: Henrique Cavallero, 1999.

La lengua Waimiri Atroari o ‘kinja iara’ (lengua de gente) pertenece a la familia lingüística Karib. Dicha lengua, además de ser el referente de comunicación entre los Waimiri Atroari y ser hablada por todos ellos, también es usada para la alfabetización. El idioma portugués se concibe como lengua de contacto y su uso se restringe al ámbito escolar (a las clases para el aprendizaje de una segunda lengua) y a las relaciones interétnicas. El grado de bilingüismo es relativamente bajo (llegando al veinte por ciento -20%- de la población), y quienes lo tienen son en su mayoría hombres jóvenes y adultos que actúan como intermediarios en las relaciones entre la sociedad Waimiri Atroari y otras sociedades indígenas y no indígenas.

El contacto

Foto: Paul Lambert, 1970
Foto: Paul Lambert, 1970

A inicios del siglo XX (1911), en aquellos momentos en que se daban nuevos contactos amistosos con los Waimiri Atroari (para entonces conocidos como ‘Uaimirys’), Alípio Bandeira, representante del Servicio de Protección a los Indios (SPI –entidad abolida en diciembre de 1967), recorrió la región donde se localiza el Río Jauaperi. Sin embargo, guardadas las debidas proporciones y momento histórico, el hombre del SPI encuentra la misma situación de hostilidad que en general se vivía entre indígenas y no indígenas. Con miras a llamar la atención de los indios del río Jauaperi, en 1912 Bandeira decide instalar el primer ‘Puesto de Atracción a los indios’ del SPI en la zona, por lo que dicha entidad gubernamental comienza a coordinar –al menos teóricamente- los trabajos y la política indigenista de la región. Y decimos teóricamente por que el SPI fue una entidad con muy poca autonomía para imponer las políticas indigenistas vigentes en esa época.

Los Waimiri Atroari veían cómo era invadido su territorio por explotadores de recursos naturales (pieles de animales, nueces, palo de rosa y balata entre otros), a lo que respondían armándose de arcos y flechas. Según los relatos y los documentos, en esos intentos de los Waimiri Atroari por ahuyentar a los invasores de su territorio, fueron ellos quienes realmente sufrieron muchas más perdidas que los no indígenas.

La fama de valentía que tenia ese pueblo llegó a conocerse hasta la capital de la provincia del Amazonas, mientras se organizaban expediciones militares en el intento por tomar represalias contra toda esa comunidad indígena. Además, en ese periodo, el gobierno estadual basaba su economía en la actividad extractivista, por lo que la población indígena se volvió una piedra en el zapato para los recolectores de las famosas “drogas del sertão” (término que hace referencia a determinados productos nativos -hiervas aromáticas, plantas medicinales, cacao, canela, vainilla, clavo, nueces y guaraná entre otros- que eran extraídos del denominado ‘sertão brasilero’ -sectores agrestes- y de la cuenca del Río Amazonas, para comerciar en Europa donde eran considerados como ‘especies’ muy especiales), que veían en las tierras indígenas un gran depósito de esos productos.

Así pues, eran estimuladas las invasiones en áreas ocupadas por indígenas, y las denunciadas de esas invasiones, eran consideradas meras calumnias contra los recolectores realizadas por personas que querían impedir el crecimiento de la economía estadual. Además, tal y como sucedió al final del siglo pasado, cuando los indígenas reaccionaban contra la invasión de su espacio territorial agrediendo y matando a los no indios, se organizaban fuertes represalias para vengar esos muertos y castigar a los ‘bandidos’. Represalias que siempre eran desproporcionadas en sus alcances y efectos negativos para los indígenas, ya que entre otras, eran ofensivas supremamente desiguales en términos de armamento y número de combatientes: de un lado las armas de fuego, y del otro los arcos con flecha; de un lado trescientos (300) no indígenas y del otro un grupo con un número de integrantes indígenas bastante menor.

Eran entonces guerras injustas y desiguales en las que uno se defendía mientras el otro atacaba intensamente. Debido al reducido número de combatientes, la posición de los Waimiri Atroari era mas de defensa del territorio, de su honra y de su comunidad. Aldeas enteras eran diezmadas en ataques sorpresa, pero aún así, los indios combatían con una extrema habilidad guerrera. Es por eso que la reputación atribuida a los Waimiri Atroari de valientes, guerreros, bravos y reacios al contacto, no sólo fue creciendo, sino que contribuyó a la generación de un mito en torno a su identidad colectiva.

El final de la década de 1960, los gobiernos del estado de Amazonas y del territorio Federal de Roraima, iniciaron las obras de construcción de la carretera Manaos/Caracaraí, la cual conectaría a esos dos (2) municipios por tierra. Así fue como el Departamento de Carreteras y Rodajes del Amazonas (DER-AM), teniendo conocimiento de las historias que involucraban a los Waimiri Atroari y a la sociedad no indígena, solicitó al SPI que pacificase a los indígenas en el menor tiempo posible, para evitar posibles confrontamientos con los trabajadores de la carretera.

De esa manera, la Fundación Nacional del Indio (Funai –sucesora del SPI), atendiendo al pedido del DER-AM, decidió intensificar las actividades y comenzar los trabajos de pacificación en el Puesto de Atracción a los Indios conocido como ‘Frente de Atracción Waimiri Atroari’ (FAWA), bajo el liderazgo de Gilberto Pinto Figueiredo. Ese ‘sertanista’ (nombre que se le atribuía en el Brasil a aquellos exploradores que se sumergían en las profundidades de las regiones agrestes -sertão-, en busca de conquistas y riquezas, o simplemente con la intención de apoyar a los indígenas, o de conocer esos lugares y sus dinámicas, o de colmar sus intereses científicos) guiaba los contactos siguiendo la política indigenista de la Funai.

Así era como don Gilberto visitaba las comunidades, conversaba mediante gestos con los indígenas e intercambiaba ‘regalos’ (ollas, cuchillos, tejidos, cubiertos, ropa, etc.) por objetos confeccionados por los Waimiri Atroari. Todo eso le sirvió para crear varios ‘Puestos de Atracción a los Indios’ en lugares estratégicos, de modo que pudiera alcanzar su objetivo: atraer a los indígenas hacia lugares distantes del trazado de la carretera que para entonces se construía. Sin embargo, el esfuerzo del ‘sertanista’ fue considerado por el DER-AM (responsable de las obras de la vía Manaos/Caracaraí) como un ‘trabajo muy lento’, ya que tenían una gran urgencia en concluir los trabajos debido a las presiones políticas estaduales y federales. De ahí que se hubiera decidido sustituir a la Funai.

Con la exclusión de Gilberto Pinto Figueiredo, quien asume la responsabilidad de atraer a los indígenas es el padre italiano Giovanni Calleri de la prelatura de Roraima. La ‘Expedición Calleri’ estaba compuesta por ocho (8) hombres y dos (2) mujeres. Era la primera vez que las mujeres participaban de ese tipo de trabajo, y la presencia femenina era justificada para dar un carácter ‘normal’ y familiar a la expedición.

La estrategia sería bajar por los cursos del agua, ya que el padre consideraba que esos cursos eran territorios neutros respetados por los indios. El padre Calleri también pensaba que era mucho mas fácil establecer contacto con los indios que se encontraban en comunidades bien alejadas de los trabajos de la carretera, ya que ellos ‘no habían presentido la llegada de los blancos’. Pero la intención de comenzar las actividades por la vía del río Alalaú (donde estarían localizadas las comunidades más distantes), fue desmontada, debiéndose modificar el trayecto a seguir: iniciar entonces los contactos por el Río Santo Antonio de Abonari. El cambio fue justificado por la necesidad de suavizar los conflictos entre los Waimiri Atroari y los trabajadores. La expedición en el área indígena duró cinco (5) días y se logró tener contacto con la comunidad de una maloca, sin embargo, al final del quinto día casi todos los expedicionarios estaban muertos (solamente uno salió con vida). 

Con el exterminio del equipo del padre Calleri, vuelve a ejercer estos trabajos de pacificación el ‘sertanista’ Gilberto Pinto Figueiredo, además de que la responsabilidad de la carretera es transferida del DER-AM al Departamento Nacional de Carreteras y Rodajes (DNER). Entidad que decide ampliar el proyecto inicial, extendiendo la obra a la construcción de la carretera Federal Manaos-Boa Vista (la BR 174). Así es como el DNER le delega al Ejercito Brasilero (hasta entonces sin tradición en la construcción civil) la misión de coordinar y ejecutar dichas obras. De esa manera, las obras de la carretera son retomadas por la ‘20 Agrupación de Ingeniería y Construcción – 60 Batallón de Ingeniería y Construcción’ (60 BEC).

Como era de esperarse, las relaciones entre funcionarios de la Funai y el Ejercito se mantuvieron tensas durante el periodo de las obras: de un lado, la Funai establecía normas de conducta en tierras indígenas para todos aquellos que estuvieran desarrollando trabajos que tuvieran que ver con la carretera, mientras que de otro lado, el Ejercito trasgredía esas normas y dirigía las operaciones de ingeniería según sus propios criterios.

La urgencia de concluir las obras no sólo intensificó las divergencias entre esas dos (2) instituciones (Funai-Ejercito), sino que además estropeó por completo las acciones indigenistas que hasta entonces se adelantaban. Como consecuencia de esos desacuerdos, muere en 1974 don Gilberto Pinto Figueiredo y todos los que se encontraban en el ‘Puesto de Atracción a los Indios’. El ’60 BEC’ intensifica las obras y concluye la carretera cumpliendo las metas de los gobiernos federales y estaduales. Para garantizar el tráfico y la seguridad de los transeúntes de los ataques de los Waimiri Atroari, el ’60 BEC’ instaló en el trecho de la carretera que coincide con tierra indígena, torres de vigilancia para controlar la entrada y la salida de los vehículos en los límites norte y sur del área indígena.

Los planes desarrollistas pensados y emprendidos en la Amazonía por parte del gobierno federal, continuaron afectando las tierras de los Waimiri Atroari. En la década de 1970 el Proyecto ‘Radam’ confirma la existencia de un mineral conocido como Óxido de Estaño (SnO2) en el área indígena, y a inicios de la década de 1980 la empresa ‘Paranapanema’ muestra interés en explotar ese mineral. Con ayuda de la Funai y del Ministerio de Minas y Energía, y a través del Departamento Nacional de Producción Mineral (DNPM), dicha empresa logra iniciar un proceso que culmina con la extinción de la Reserva Indígena Waimiri Atroari (creada el trece -13- de julio de 1971), la cual es transformada en ‘Área Temporalmente Prohibida para Fines de Atracción y Pacificación de los Indios Waimiri Atroari’ (decreto presidencial expedido el veintitrés -23- de noviembre de 1981), de la que se excluía a su vez, la región de la tierra indígena donde se encontraban los yacimientos del mencionado mineral.

Otro gran proyecto que afectó las tierras Waimiri Atroari en la década de 1980, fue la construcción de la planta Hidroeléctrica de Balbina por parte de la ‘Eletronorte’. Dicho proyecto incluyó la creación de un lago, para el que se inundaron treinta mil hectáreas (30.000 ha.) de tierra indígena.

Los actuales Waimiri Atroari

Entre as ações do programa Waimiri Atroari, destaca-se a assistência à saúde, que conseguiu reduzir o alto índice de mortalidade causado pelas doenças introduzidas pelo contato com a sociedade envolvente. Foto: Nádia Barboza, 1999.
Entre as ações do programa Waimiri Atroari, destaca-se a assistência à saúde, que conseguiu reduzir o alto índice de mortalidade causado pelas doenças introduzidas pelo contato com a sociedade envolvente. Foto: Nádia Barboza, 1999.

La Tierra Indígena Waimiri Atroari esta localizada en la Amazonía brasilera entre el norte del estado del Amazonas y el Sur del estado de Roraima. Éstos indígenas habitan la región situada en la margen izquierda del bajo Río Negro, en las cuencas de los Ríos Jauaperi y Camanaú, y en sus afluentes: los ríos Alalaú, Curiaú, Pardo y Santo Antonio de Abonari. Sin embargo, puede afirmarse que hace muchísimos años ese territorio ‘kinja itxiri’ (tierra de kinja) era bien mas extenso, abarcando los ríos Urubu, Uatumã y Anauá.

Datos censales de finales del siglo XIX y otros de inicios del siglo XX, estimaban que la población Waimiri Atroari alcanzaba dos mil (2.000) y seis mil (6.000) personas respectivamente. Ya para la década de 1970, la estimativa de la Funai hablaba de quinientos (500) a mil (1000) indígenas. Sin embargo, todos esos datos se basaban en estimativas y no en censos aplicados. El hecho es que, debido a su complejo proceso histórico, los Waimiri Atroari sufrieron una baja por causa de las guerras y de las enfermedades introducidas por los blancos, llegando a tener una población de tan solo trescientas cuarenta y cuatro (344) personas para 1988. En diciembre de 2001 esa población era de novecientos trece (913) indígenas que se dividían en diez y nueve (19) grupos locales, que a su vez componían tres (3) asentamientos.

A educação no Programa Waimiri Atroari é voltada para valorizar a cultura indígena e ao mesmo tempo preparar os Waimiri Atroari para o contato com o mundo dos brancos. Foto: Nádia Barboza, 1999.
A educação no Programa Waimiri Atroari é voltada para valorizar a cultura indígena e ao mesmo tempo preparar os Waimiri Atroari para o contato com o mundo dos brancos. Foto: Nádia Barboza, 1999.

En 1987, un proyecto de mitigación a los impactos ambientales causados por la Planta Hidroeléctrica de Balbina (UHE Balbina), fue elaborado y propuesto a los Waimiri Atroari, a la Eletronorte y a la FUNAI. Se trataba del ‘Programa Waimiri Atroari’, que preveía acciones en las áreas de salud, educación, medio ambiente, apoyo a la producción, vigilancia de los límites, documentación y memoria. Una vez aceptada la propuesta por las partes interesadas, el acuerdo fue firmado entre la Funai y la Eletronorte, siendo la primera la ejecutora y la segunda la financiadora del proyecto. A partir de ese convenio, el área fue demarcada y homologada en 1989. 

La tasa de crecimiento vegetativo de los Waimiri Atroari presenta una media de 5,68% anual, y son un grupo étnico que tienen acceso tanto a la educación escolar diferenciada donde ellos mismos piensan y conducen el proceso de escolarización, como a la atención médica y odontológica. Son además unos indígenas que han intentado administrar y controlar las nuevas demandas provenientes del proceso de encuentro de culturas, por lo que utilizan varios productos industrializados para mejorar las condiciones de trabajo y reducir las distancias que recorren. La mejoría en su calidad de vida puede ser observada en la cotidianidad de los kinja:  no solamente tienen mas tiempo para dedicarse a las actividades socioeconómicas y culturales, sino que además, ha habido un aumento importante en la natalidad, el cual se percibe en la cantidad de niños que son iniciados en los ‘maryba’. Rituales que son cada vez es mas frecuentes e imprescindibles en la agenda cultural de los Waimiri Atroari.

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