De Pueblos Indígenas en Brasil
Foto: Francisca Arara (Diaká), 2005

Arara Shawãdawa

Autodenominación
Shawanaua
¿Donde están? ¿Cuántos son?
AC 677 (Siasi/Sesai, 2014)
Familia linguística
Pano
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Así como los demás grupos indígenas en Acre, los Arara Shawãdawa sufrieron los efectos de la fiebre y del sistema de producción del caucho a partir de las últimas décadas del siglo XIX y han sido explotados, expropiados y cercados en su reproducción física y cultural. En los últimos años, ellos se han empeñado en revertir este proceso, por medio de la revalorización de su lengua y tradiciones, como también de la reivindicación de sus derechos territoriales junto al Estado Brasileño. Consiguieron la ampliación de su tierra, sin embargo, hasta hoy ésta no fue homologada por la presidencia de la República. 

Identificación y lengua

La designación Arara fue atribuida al grupo en el contexto del contacto con el frente de expansión en el Alto de Juruá, en el siglo XIX. Los Arara se autodenominan Shawãdawa, pero también son conocidos por otras denominaciones como: Shawanáwa”, “Xawanáua”, “Xawanáwa”, “Chauã-nau”, “Ararapina”, “Ararawa”, “Araranás”, “Ararauás” y “Tachinauás”.

El contacto con los agentes del frente de expansión del caucho dejó marcas en la relación del grupo con la lengua materna. Actualmente, son pocos los que hablan la lengua Arara. Según una investigación lingüística realizada por Cunha junto al grupo, fueron encontradas apenas siete personas que hablan la lengua, mientras que muchos adultos poseen competencia receptiva, o sea, entienden pero no hablan la lengua (Cunha, 1993: 10). Por haber sido históricamente ridiculizados y discriminados al hablar su lengua, los Arara  comenzaron a no transmitirla más a sus descendientes, generando una población infantil educada apenas en el portugués. Con todo, desde el inicio de la década de 1990, los Arara buscaron “rescatar” su propia lengua y han contado con el apoyo de la CPI-Acre (Comisión Pro-Indio de Acre) para consolidar una educación bilingüe entre el grupo. Así, muchos de los jóvenes y niños Arara están aprendiendo la lengua indígena con profesores formados por la CPI-Acre.

La lengua hablada por los Arara de Acre está clasificada como perteneciente a la familia lingüística Pano, cuyos representantes pueden ser encontrados en el Perú, en Bolivia y en el Brasil. En este último país, las sociedades indígenas Pano están situadas en el sur y en el oeste del Estado de Acre, de donde se extienden para el este hasta la parte occidental de Rondônia y, en dirección al norte, penetra el Estado del Amazonas, entre los ríos Juruá y Javari.

Localización y ambiente

La mayor parte de la población Arara reside en la Tierra Indígena Arara del Igarapé Humaitá, cuyos cursos fluviales definidores de sus límites son el Riozinho Cruzero do Vale (también denominado igarapé Humaitá, Leonel o Amahuacas), afluente de la margen derecha del alto río Juruá; el igarapés Nilo, afluente de la margen derecha del Riozinho Cruzeiro do Vale; y el igarapé Grande, formador del río Valparaíso. [Los datos sobre el proceso de demarcación están en el ítem Histórico del Contacto].

La distribución espacial de los Arara en el interior de la Tierra Indígena puede ser notada principalmente en la organización del grupo en tres aldeas –Raimundo do Vale, Foz do Nilo y Boa Vista-, las cuales no forman grandes conglomerados poblacionales debido a que las residencias están distribuidas a lo largo de la margen derecha del Riozinho Cruzeiro do Vale. En la misma margen de este río se sitúa también una parte de la aldea Foz do Nilo, próxima a la confluencia del igarapé Nilo con el Riozinho Cruzeiro do Vale, estando el resto de las residencias localizadas a lo largo de ambas márgenes del igarapé Nilo, con una mayor concentración en la margen derecha. La aldea Boa Vista, a su vez, se localiza en la margen izquierda del Igarapé Grande, afluente del río Valparaíso.

El acceso a las aldeas ocurre generalmente por vía fluvial, pero las tres están intercomunicadas por caminos terrestres que cortan la Tierra Indígena. Los criterios determinantes de esta distribución espacial de los Arara son principalmente la facilidad del transporte proporcionada por las residencias en las márgenes de los cursos fluviales, la necesidad de construir las casas relativamente distantes para la manutención del orden social y económico, el patrón de residencia, la relación con el medio ambiente, las actividades productivas, la organización social y el histórico de ocupación del Alto Juruá por la sociedad envolvente, como también, las migraciones del grupo y las prácticas de secesión (divisiones internas)

Relevancia ambiental del Valle de Juruá y de la Tierra Indígena

El Valle de Juruá en Acre, donde está insertada la Tierra Indígena, es considerado por zoólogos y botánicos como una de las regiones de mayor diversidad biológica del Amazonas, con la más grande concentración de especies vegetales y animales del planeta. Levantamientos recientes registran la presencia de especies endémicas de plantas y animales, que son desconocidas en otras regiones del propio Amazonas y del país. En sus exuberantes paisajes, se encuentran diferentes tipos de selva: abierta con palmeras y con bambú (tabacal), de vegas (periódica o permanentemente inundadas) y de tierra firme, como también, de selva densa en la planicie aluvial y en la sierra, selva enana en los bordes y topes de la sierra  e inclusive, “campiña sobre arena blanca”, ésta última un tipo de vegetación no selvática.

En este Valle nacen también muchos ríos e igarapés, entre ellos el Cruzeiro do Vale (o igarapé Humaitá) y sus innumerables afluentes, el Gregório, el Tejo, el Bagé, el San Salvador y el Primavera, tributarios de la margen derecha del río Tarauacá. El clima es más húmedo y frío que en otras regiones amazónicas, llegando a alcanzar hasta siete grados centígrados con el fenómeno de las heladas, que ocurren en los meses de junio y julio, auge del verano amazónico. Por todas estas características, el Alto Juruá es considerado como una de las regiones amazónicas de más alto potencial para la conservación y preservación. En esta región de Acre son también encontrados diferentes tipos de suelos: fértiles y pobres, arcillosos (de barro) o arenosos, bien o mal drenados, sujetos o no a inundaciones.

La relevancia ambiental de esta región de Acre fue reconocida por el gobierno federal al inicio del siglo XX. Parte de la Tierra Indígena incide directamente en el área de la antigua Reserva Forestal del Territorio de Acre, creada por el Decreto nº 8.843, de 26 de Julio de 1911, con cuatro fajas discontinuas. Esta reserva posee una extensión de 2,8 millones de hectáreas, siendo que la faja Río Gregório coincide con parte considerable de esta Tierra Indígena. En esta faja, se encuentran todavía las nacientes de algunos de los principales afluentes del alto río Juruá, como los ríos Tejo, Cruzeiro do Vale, Gregório y Acurúa, como también, las cabeceras de los afluentes de la margen izquierda del río Tarauacá, como los igarapés São Salvador, Primavera y Catuquina.

La Tierra Indígena Arara del Igarapé Humaitá ha sido incluida también en el “mosaico” continuo de 23 tierras federales existentes en el Alto Juruá, que componen una amplia región de relevancia ambiental para las poblaciones indígenas y para las poblaciones regionales, teniendo gran interés nacional e internacional. Entre las tierras que pertenecen al gobierno federal, que existen en el alto Juruá, se encuentran un Parque Nacional, tres Reservas de Extracción Sostenible y 19 Tierras Indígenas. La importancia ambiental de este “mosaico” de tierras es enorme debido a la rica biodiversidad encontrada en la selva. Existe una gran cantidad de especies de fauna y flora en esta región en un elevado grado de preservación, esto debido al uso sostenible realizado por las poblaciones que ocupan estas áreas. En el mosaico, la tierra ocupada por los Arara es contigua a la Reserva de Extracción Sostenible Riozinho da Liberdade, principalmente en el divisor de aguas con los igarapés Nilo y Grande.

Histórico del contacto

La región actualmente ocupada por los Arara era territorio de los grupos Pano y Aruak desde el período pre-cabralino, pero a partir de mediados del siglo XIX comenzó a ser ocupada también por explotadores y comerciantes que vinieron de Belén, Manaos y de otros centros urbanos localizados a lo largo del río Solimões (Aquino & Iglesias, 1999). Mientras tanto, la explotación y ocupación efectiva de la región del Alto Juruá ocurrió apenas en las dos últimas décadas del siglo XIX, después de varios combates con los grupos indígenas locales. Durante este período, la región fue poblada principalmente por migrantes oriundos del nordeste brasileño, los cuales, huyendo de la seca de 1877, establecieron varias locaciones y carreteras de caucho con el objetivo de extraer látex de la Hevea brasiliensis.

A finales de la última década del siglo XIX, el Alto Juruá ya estaba poblado por brasileños, cuando peruanos “caucheros”, explotando el caucho (castilloa ellastica) y otros productos forestales ocuparon la región. La ocupación de los caucheros peruanos fue itinerante y de corta duración, finalizando al inicio del siglo XX, mientras que la de los nordestitos fue maciza y duradera (Castello Branco, 1930: 640).

Conforme consta en la historia oral de los Arara y en las fuentes historiográficas sobre el Alto Juruá, solamente al inicio del siglo XX, el grupo entró en contacto con agentes de la sociedad nacional. En el año de 1905, cuando se estaba abriendo una carretera que ligaba Cocamera, en el Tarauacá, a Cruzeiro do Sul, Felizardo Cerqueira y Ãngelo Ferreira consiguieron, conjuntamente con los indios Yawanawa, Rununawa e Iskunawa, contactar a los Arara que estaban localizados en la región del igarapé Forquilha, afluente de la margen izquierda del Riozinho da Liberdade (Tastevin, 1926:49). En este período, los Arara que habitaban próximos a este igarapé residían con los indios Rununawa, siendo todos liderados por el célebre tuxaua Tescon, quien estaba casado con la hija de un tuxaua Arara.

Referencias a Tescon liderando a los Arara son una constante en las fuentes escritas sobre el Alto Juruá, como la del teniente del ejército Luis Sombra, que en 1907 mantuvo contacto con los “xauánauás (araras)” en el Riozinho da Liberdade. En este mismo año, el ingeniero Nunes de Oliveira visitó las malocas de varios indios en la región, encontrándose con Tescon en las proximidades del igarapé Forquilha. En 1911, Tescon y los demás indígenas por éste liderados permanecían en el Riozinho da Liberdade cuando el ingeniero Máximo Linhares, como ayudante del Servicio de Protección a los Indios y Localización de Trabajadores Nacionales (SPILTN), recorrió los valles de los ríos Juruá y Tarauacá. Máximo Linhares encontró Arara, Ararapinas, Contanauás, Caxinauás, Jaminauás y Tuxinauás en el río Humaitá, afluente del alto río Muru; Caxinauás, Jaminauás, Curinas, Catuquinas, Aninauás, Ararauás y Capanauás en el Alto “Embira” (Envira); y, malocas de Caxinauás y Araras, en las cabecera del Forquilha (Castello Branco, 1950: 19-23).

Después de 1912 estuvo en el Alto Juruá el padre francés Constantino Tastevin, quien relató las constantes guerras intertribales establecidas por los Arara al inicio del siglo XX, además de haber hecho una distinción entre los Arara del Tauari y los de Forquilha, dio a entender que los Arara estaban divididos en más de un grupo, o en diferentes aldeas de un mismo grupo. Todavía en los relatos de Tastevin, se notan las migraciones emprendidas por los Arara a lo largo de los ríos Tejo, Bagé, Liberdade y Arahuaca (Riozinho Cruzeiro do Vale), siendo posible constatar el combate que resultó en la muerte de Tescon debido a un conflicto con los Arara (Tastevin, 1928:208-209).

En 1914, Tescon fue asesinado por los indios Arara, dando como resultado la dispersión del grupo. De acuerdo con la memoria Arara, debido a que Tescon le pegó a su esposa Arara y amenazó a sus parientes, éstos declararon una guerra contra el grupo de Tescon en la región de Riozinho da Liberdade, dando como resultado su muerte. Después de esta confrontación, ocurrieron otras guerras incitadas por los indios liderados por Tescon, con el objetivo de vengar su muerte, lo que llevó a los Arara a migrar para las proximidades de los ríos Bagé, Tejo, Gregório y Riozinho Cruzeiro do Vale. Los Arara se establecieron en las márgenes del Riozinho Cruzeiro do Vale y del  río Valparaíso probablemente después de la muerte de Tescón, en 1914, cuando realizaron varias migraciones, hasta ser localizados en la década de 1920 en las regiones de caucho Cruzeiro do Vale y Humaitá. Inclusive estando la región dividida en áreas de caucho, el grupo no se mantenía fijo en una única localidad, pues continuaban desplazándose por los ríos Valparaíso, Riozinho Cruzeiro do Vale, Riozinho da Liberdade y Bagé.

En este período, una parte de los Arara, también denominados en la historiografía por Ararauás y Ararapinas, se encontraban viviendo en las márgenes de los ríos Humaitá, afluente del Muru, del Turunaia, del Tauari y del Embira (actual Envira). Mientras tanto, no es posible afirmar con base en las informaciones orales y escritas que estos Arara se unieron posteriormente a aquellos que vivían en el igarapé Forquilha. De acuerdo con la memoria oral de los Arara ellos estuvieron en la región del Riozinho da Liberdade y después de varias migraciones se establecieron en el Riozinho Cruzeiro do Vale. Durante estas migraciones, muchas fueron las guerras intertribales establecidas por los Arara, las cuales acabaran después de la inserción de los Arara en la empresa cauchera.

Para tener a los Arara como mano de obra, los “patrones” patrocinaron varias “correrias” (reclutamiento violento de mano de obra esclava), utilizando a algunos “antiguos” (ancestrales) Arara como agentes del proceso de inserción del grupo en las actividades productivas de los caucheros. Estos antiguos se encuentran fuertemente presentes en la memoria Arara, y son referencias de la identidad del grupo y del territorio inmemorialmente ocupado. Las informaciones relativas a los “antiguos”, en general, están vinculadas a las “correrias”, a las guerras intertribales, al parentesco, a la organización social, a las costumbres tradicionales, a las prácticas de secesión y a las migraciones del grupo por un vasto territorio que comprendía las regiones de la cuenca de los ríos Liberdade, Gregório, Bagé, Cruzeiro do Vale, Tejo, Humaitá y Envira.

A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, los Arara estuvieron bajo el dominio de los patrones realizando constantes migraciones en busca de mejores condiciones de vida por las áreas de caucho de la región, que incidían en su antiguo territorio, entre ellos Valparaíso, Russas, Nilo, Humaitá y Concordia. Debido a las enfermedades y a las represalias de los patrones, algunos Arara que vivían próximos al río Bajé migraron, en las décadas de 1970-80, para la región de Riozinho Cruzeiro do Vale y del río Valparaíso, donde se encontraban varias familias Arara. En este período, comenzaron a reivindicar sus derechos territoriales y consiguieron que, en 1985, fuera identificada y delimitada la Tierra Indígena Arara del Igarapé Humaitá (para informaciones, vea al lado en “Tierras habitadas”).

Después de garantizar una parte de su territorio, diversas familias que estaban bajo el dominio de los patrones, esparcidas por las locaciones de los ríos Liberdade y Bagé, preferían abandonarlas para vivir con sus parientes en la Tierra Indígena, o en áreas próximas a ésta. Cuando, en 1994, estuvieron en el área los antropólogos del GT de la Portería n° 1.204/93 ya no había ninguna familia Arara en el Riozinho da Liberdade, pero existían varias viviendo fuera de los límites de la Tierra Indígena, en la región del igarapé Grande, afluente del río Valparaíso, además de muchas otras en la ciudad de Cruzeiro do Sul. Con el objetivo de insertar una parcela del territorio no contemplada anteriormente, los Arara comenzaron a reivindicar, a lo largo de la década de 1990, la ampliación de la Tierra Indígena ocupada por el grupo, lo que solamente vino a ser atendido en el año de 2000, con la realización de los estudios antropológicos de identificación y delimitación de la tierra.

El 19/12/2001 fue publicado en el Diario Oficial de la Unión la aprobación de los estudios de identificación de la tierra por la Funai (Fundación Nacional del Indio) y, el 04/12/2002, el decreto declaratorio del Ministro de la Justicia dio la posesión permanente a los indios.

Población

Al inicio de 2000, las aldeas englobaban diversas locaciones y residencias, con una población numéricamente distinta. La aldea Raimundo do Vale contaba con una población de 126 habitantes; la aldea Foz do Nilo, a su vez, con una población de 108 habitantes; y, la aldea Boa Vista, con una población de 41 habitantes, totalizando 275 individuos en la Tierra Indígena Igarapé Humaitá. Con todo, hay una considerable población Arara localizada fuera de esta Tierra Indígena, en ciudades próximas. Al sumar a toda la población localizada fuera de la Tierra Indígena que tiene parentesco con los Arara se obtuvo, en 2000, 94 individuos, siendo 82 Arara y 12 blancos. Sumando la población residente fuera de la Tierra Indígena con la que vive en su interior se llegaba a una población total de 369 individuos. De éstos, 37 son blancos, 1 es Yawanawa y 12 son Poyanawa.

Debido a la tendencia de retorno de muchos Arara de la ciudad para la TI, es posible notar un relativo crecimiento en los últimos años de la población Arara residente en esa área y la perspectiva de que continúe ocurriendo. Utilizando los datos totales relativos a la población residente en la Tierra Indígena, se nota que del primer censo, realizado en 1985, para el realizado en 2000, la población de la TI aumentó de 130 para 275 personas. Por lo tanto, en 15 años la población pasó a ser el doble de la anterior, el equivalente a un aumento de 111,54%. La tasa de natalidad en el Igarapé Humaitá es bastante elevada, siendo el número de viejos, en comparación con los jóvenes, bastante reducido.

Los principales factores del aumento de la población en la Tierra Indígena en los últimos 15 años son: la mejoría en la calidad de vida del grupo, después de la parcial identificación de la tierra en 1985; la no dependencia de los patrones; la formación de agentes de salud; la adquisición de barcos para el transporte; una mayor actuación del órgano indigenista y de las organizaciones no-gubernamentales; la organización del grupo en asociaciones; entre otros.

Organización social

Después de varios años de contacto entre los Arara y los agentes de los frentes de extracción del caucho, el antiguo patrón de la residencia del grupo fue alterado de una habitación en grandes malocas para varias casas ocupadas por pequeños grupos domésticos. Con un nuevo patrón de residencia, en la década de 1980 fueron formadas las aldeas Raimundo do Vale y Foz do Nilo. La aldea Boa Vista, a su vez, vino a ser consolidad durante la década de 1990, con la migración de familias Arara para la región del igarapé Grande. Familias extensas procuran residir en casas próximas, habitadas por una familia nuclear. Las aldeas son constituidas por diversas residencias Arara distribuidas a lo largo del Riozinho Cruzeiro do Vale, del Igarapé Nilo y del Igarapé Grande.

No hay informaciones sobre mitades lineales, grupos de residencia, matrimonio ideal, familias extensas y nucleares, patrones de comportamiento, terminología de parentesco y otros aspectos referentes a la organización social y al parentesco de los Arara en período anterior a la ocupación del alto Juruá por el frente expansionista del caucho.

Conforme algunos informantes, los Arara pararon de hablar la lengua y adoptaron el portugués porque las personas acostumbraban “mangar” de ellos, reírse de ellos. Como consecuencia, no solamente desapareció la terminología de parentesco como la posible división social en mitades, y en cuatro secciones (característica de otros grupos Pano). La unidad del grupo hoy es mejor concebida por la descendencia de los “antiguos”, de aquellos Arara que fueron los primeros a entrar en contacto con los agentes del frente de expansión del caucho.

La jefatura indígena por maloca fue sustituida por los líderes indígenas, hoy en número de tres, uno para cada aldea. No hay una uniformidad de familias extensas en cada aldea, habiendo individuos de las principales familias (los Pereira, los Cazuza y los Varela) en las tres aldeas.

Los Arara han procedido a una reorganización en el parentesco del grupo de modo a alterar el modelo patrilineal característico del grupo Pano, con el objetivo de pasar a ser los descendientes de estos “antiguos”, también reconocidos como Arara. En este sentido, de la unión de un hombre Duwãdawa con una mujer Shawanáwa (Arara) vinieron descendientes del grupo Arara. Lo mismo ocurrió con la unión de un hombre Poyanawa con una mujer Arara, que resultó en diversos descendientes Arara, entre ellos el líder de la aldea Boa Vista.

Con relación a los matrimonios, en general, los Arara poseen apenas una esposa, no habiendo un ritual para consolidar la unión. Los pocos Arara que tuvieron un ritual durante el matrimonio, éste fue el de la iglesia católica. Básicamente, para casarse es necesario que el hombre tenga una escopeta para cazar y siembre una plantación para sostener a la esposa. Es necesario también que el marido construya una casa, y mientras está lista, la esposa vive en la casa del padre del marido. Se puede, por lo tanto, inferir que los Arara tienen unas reglas de residencia patrilocal combinada con la neolocalidad. El matrimonio es incentivado entre parejas jóvenes, en una edad entre los 13 a los 16 años, lo que favorece el crecimiento poblacional.

Las plantaciones son una actividad básicamente masculina, pero durante la cosecha las mujeres auxilian a los hombres. De la yuca plantada en el cultivo, los Arara hacen harina, que también es una actividad masculina, siendo la caza y la harina la base de la alimentación del grupo. Las mujeres están más a cargo de las actividades domésticas, como cuidar de la casa, de los hijos y de algunos animales: marranos y gallinas, básicamente. Otros animales domesticados también están a cargo de los cuidados femeninos, siendo éstos generalmente capturados todavía pequeños en las expediciones de caza de los hombres, actividad de la cual las mujeres no participan. Los niños en el seno de una familia nuclear, desde temprano aprenden la división de las tareas por sexo y comienzan a desempeñar las actividades que les son pertinentes.

Relaciones interétnicas y asociativismo

Algunos Arara, formados como profesores bilingües, agentes de salud o agentes agro-forestales, acostumbran a relacionarse con un mayor número de individuos de otras etnias debido al carácter de sus actividades sociales. Con todo, no hay relaciones económicas entre los Arara y otros grupos indígenas, actualmente, tales relaciones ocurren apenas con la sociedad envolvente. Principalmente en Cruzeiro do Sul, los Arara acostumbran realizar compras de productos de primera necesidad.

Además de las relaciones económicas, las relaciones de los Arara con la sociedad envolvente son también de carácter político, pues muchos poseen el título de elector y participan activamente de las elecciones municipales, estaduales y nacionales. Los Arara también comenzaron a organizarse en la Asociación del Pueblo Arara del Igarapé Humaitá (APAIH) para mejorar sus relaciones sociales, económicas y culturales con la sociedad envolvente. Otras importantes relaciones son aquellas que existen entre ellos y las organizaciones no gubernamentales indígenas o no –indígenas, como la Comisión Pro-Indio de Acre (CPI-Acre), la Unión de las Naciones Indígenas (UNI) y la Organización de los Pueblos Indígenas del Río Juruá (OPIRJ). La CPI-Acre ha formado dos profesores bilingües Arara, desde la década de 1990, y un agente agro-forestal Arara, desde el año 2000. La CPI –Acre también contribuyó con la formación de cuatro agentes de la salud, en la década de 1990, algunos de los cuales continuaron sus formaciones con el apoyo de la UNI y de la Fundación Nacional de Salud (FUNASA).

Cosmología y rituales

Actualmente, los más viejos son los “guardianes de la memoria” Arara, buscando siempre que les es posible transmitirla a sus descendientes. Se nota un considerable interés de los más jóvenes en aprender los mitos y los rituales practicados por los Arara, con mayor intensidad en tiempos pasados. Hoy en día, los rituales son practicados sin una periodicidad bien definida, lo que no implica decir que están ausentes. Practican todavía hoy, el ritual del “mariri”, de la  “inyección del sapo” y del “sinbu”.

El primero es una danza indígena, también encontrada entre otros grupos Pano. Actualmente, es practicado principalmente como una forma de mantener la cohesión del grupo, resaltando la identidad Arara. Son los más antiguos, aquellos que hablan la lengua de manera fluente, que durante el ritual cantan y le enseñan a los más jóvenes.

El ritual del sinbu (liana/ayahuasca) todavía es practicado por algunos Arara, habiendo la mayoría del grupo participado de uno o de otro de estos rituales. Sin embargo, algunos Arara no acostumbran a ingerir más el sinbu, inclusive habiendo hecho uso de éste en algún momento. En un período anterior a la introducción de los Arara en el sistema productivo del caucho el uso del sinbu era más recurrente, inclusive para sesiones de cura, cuando el chamán consumía la bebida y buscaba los males en el paciente para retirarlos y traer de vuelta la salud. De acuerdo con uno de los Arara:

El finado de mi padre era chamán. Cuando la persona estaba enferma, así con fiebre, con ardor, con otra enfermedad, cuando él veía que iba a morir, papá tomaba. Tomaba e iba a cantar para aquella enfermedad, porque la persona estaba con aquella enfermedad, él iba a cantar. Cuando veía que se ponía bien, al otro día decía que la persona iba a estar bien. Cuando veía que no iba a estar mejor, que iba a morir, papá también decía que no escapaba (Jõao Martins, 10/03/2000, Cruzeiro do Sul).

A partir de la década de 1990, algunos Arara adhirieron a la doctrina del Santo Daime, fuertemente presente en la ciudad Cruzeiro do Sul, donde fue construido un templo en la aldea Foz do Nilo. La introducción de la doctrina del Santo Daime en la Tierra Indígena no contó con la adhesión de todos los Arara, siendo pocos aquellos que se consideran daimistas, los cuales llegan a sufrir cierta represalia por los Arara que hacen un uso “tradicional” de la liana. Hay, por lo tanto, entre los Arara, dos formas de usar ritualmente el “ayahuasca”. La primera, por aquellos que guardan la forma tradicional de consumir la liana, llegando inclusiva a usarlo para sesiones de cura, y la segunda, por aquellos que consumen la liana con la intención de compartir la doctrina del Santo Daime. 

Otro ritual característico de los grupos Pano, y practicado todavía hoy por los Arara, es aquel utilizado para recuperar la suerte del cazador. Cuando este está “enrascado”, con “panema”, o sea, cuando no puede cazar, los Arara preparan el ritual de la “inyección del sapo”, para recuperar las cualidades esenciales del cazador: puntería, visión, audición y suerte. Toman el sapo “campô” y retiran de éste, con un grueso instrumento, la “leche” que queda a lo largo de su cuerpo – la leche que sale de la cabeza del sapo es utilizada apenas en el rapé aplicado en el perro cazador. Con la leche del sapo queman dos o tres pequeños puntos circulares en la piel del cazador con un cigarrillo, o con la brasa, para introducir la leche. Ponen sobre la quemadura una pequeña cantidad de leche, suficiente para generar vómito y excreción, estimulados también por el gran consumo de “caissuma” [bebida fermentada de yuca] antes de la aplicación de la inyección. Al otro día, el cazador ya estará listo para continuar desarrollando sus actividades con mayor destreza y eficacia. Según el Arara Chico Cazuza:

La inyección es, así, cuando una persona está débil. Cuando sube estas laderas, que nosotros llamamos aquí de tierra. Cuando terminamos de subir la tierra queda aquel zumbido en la cabeza y da aquella debilidad en las piernas. Entonces tomamos la leche del sapo, la inyección que es para mejorar. Entonces, limpia todo, lo que la gente siente, y nos mejoramos de verdad. Pero necesitamos tomar un poco de algunas cosas que son para limpiar también el estómago, porque vomitamos. A la hora de la inyección, que se pone la leche del sapo encima, en el momento que revienta ya está en la cabeza de la persona, calienta todo. Calienta la oreja, aquel zumbido, la persona no aguanta, corre y va a vomitar. Entonces aquella persona vomita amarillo, porque aquel amarillo es la debilidad (Chico Cazuza, 17/02/200, Raimundo do Vale).

Los Arara atribuyen algunas propiedades medicinales a la inyección de sapo, su utilidad no está restringida apenas a las creencias del grupo relacionadas a su capacidad de “desenrascar” al cazador. Lo mismo ocurre con el sinbu, el cual posee también diversas propiedades medicinales, además de operar en el mundo metafísico. Existen también otros rituales practicados por los Arara, con el objetivo de “desenrascar” al cazador, como el ritual de uso del rapé:

La persona raspa el polvo del hueso del venado, o entonces del marrano, de la canilla del venado, y del marrano nosotras raspamos el hueso del muslo, y hacemos aquel polvito, entonces raspa aquella leche del sapo también, que ponemos en una tablita, nosotros raspamos y mezclamos, entonces tuesta con un poquito de tabaco. Hacemos el rapé. Para tomar el rapé así es mejor todavía que tomar la inyección. Usted lo aspira (Chico Cazuza, 17/02/2000, Raimundo do Vale).

Otro ritual practicado por los Arara, y que tiene como objetivo mejorar las habilidades del cazador, desenrrascandólo o a su perro, és el del sahumerio con el tipi. De acuerdo con uno de los cazadores Arara:

 El tipi es para hacer sahumerios cuando la persona está enrascada. Con el pelo del venado o del marrano. Nosotros lo ponemos al sol para secar. Bien temprano tomamos aquel sahumerio para poder ir para la selva, para poder cazar. Usted se queda encima, entonces prende el sahumerio y va a cazar. Lo hacemos tres veces. Por casualidad lo hacemos hoy por la mañana, que es jueves, entonces el jueves siguiente es otro día de sahumerio, y en el siguiente, otro sahumerio. Lo hacemos tres veces (Chico Cazuza, 17/02/2000, Raimundo do Vale).

Los rituales descritos anteriormente son practicados en general cerca de las residencias, en el terrero o en el interior de las casa. Pero la adquisición de los elementos esenciales para los rituales proviene de la selva, encontrándose en casi toda la extensión de la Tierra Indígena. Sin embargo, los Arara afirman haber encontrado una mayor concentración de sapo ‘campô’ en las regiones de los igarapés Nilo y Grande.

La existencia de los rituales mencionados viene desde un tiempo mítico, sin una fecha precisa. Como ya fue mencionado por uno de los Arara más viejos, al referirse a la inyección del sapo:

”...esto es desde el comienzo del mundo. La vacuna del sapo es buena para quien está con cansancio en la pierna, para la persona engordar, para la persona matar la caza, es muy buena. Para el dolor de cabeza es muy buena. La persona que duerme mucho, toma aquella vacuna del sapo y pasa. Yo tomé muchas veces la vacuna del sapo (João Martins, 10/03/2000, Cruzeiro do Sul).

Los mitos Arara son contados en especial por los más viejos, pero algunos jóvenes ya comienzan a aprenderlos y a reproducirlos. Los mitos son narrados en la lengua Arara o en portugués y, como en prácticamente todas las narrativas míticas, es posible constatar una variación en las versiones contadas, pero no en la estructura. Así, la narración del mito de origen de los Arara es bastante larga y sufre algunas variaciones en la forma de contar, dependiendo del narrador. De forma bastante resumida, los principales elementos de este mito son los que siguen: existía una maloca con diversos niños, y próximo a la plantación un árbol de Sumaúma, donde vivía un gavilán. Casi todos los días este gavilán salía para cazar y traía alimentos para sus críos. Cuando la caza comenzó a escasear éste pasó a tomar a los niños indígenas. Se comió a todos los niños menos a uno.

En ese momento un ‘caboclo’ de la aldea resuelve matar al gavilán, antes de que éste “acabe” con los indios. Cuando pudo matar al gavilán, después de mucha dificultad, construyendo una escalera para llegar al nido, puso las plumas de éste dentro de una cesta. Una noche este cesto comenzó a hacer un ruido, que el “caboclo” pensó que eran cucarachas, solamente las plumas. Un día, después de varias noches escuchando el ruido y revisando la cesta por las mañanas sin encontrar lo que hacía ruido, salieron de la cesta cantando de felicidad todas las tribus Pano, cada una diciendo su nombre, Shawãdawa, Yawanawa, Kaxinawa, Xaranawa, Duwanawa, Poyanawa y otras. Es interesante notar aquí que en la cosmología Arara tanto éste como otros grupos Pano se habrían originado de las plumas de un mismo gavilán, de donde es posible inferir también, una proximidad socio-cultural y lingüística.

Actividades productivas

En el auge de la producción del caucho, a finales del siglo XIX e inicio del XX, los Arara todavía no trabajaban en las actividades de extracción del caucho. Posteriormente, fueron insertados en el sistema productivo del caucho como mano de obra alternativa a los diversos caucheros oriundos del Nordeste del país. La economía de los Arara pasó entonces a tener una considerable dependencia económica del “sistema de barracón”. Prácticamente, todo el caucho producido era comercializado en los ‘barracones” de los patrones a cambio de algunos productos de primera necesidad. El comercio con los “regatões” (figuras famosas en las regiones caucheras provenientes del oriente próximo. Son vendedores ambulantes, cuyas embarcaciones llenas de mercancías, sirven como puntos de venta) no era permitido, a pesar de ocurrir en pequeña intensidad de una forma ‘clandestina’.

Inclusive bajo el mando de los patrones y con una actividad productiva direccionada para la producción del caucho, los Arara no dejaron de dedicarse a la caza, pesca, agricultura y recolección. Los productos oriundos de estas actividades no estaban volcados para el comercio, y si para el consumo familiar. La producción de alimentos para el consumo obtuvo, debido al contacto con la sociedad dominante, diversos cambios tecnológicos. En las actividades de caza, el arco y la flecha fueron sustituidos por las armas de fuego; en la pesca, introdujeron los anzuelos, las líneas de nailon y las redes; y en la agricultura, se comenzaron a usar instrumentos de hierro como los azadones, hachas y otros. La introducción de nuevos instrumentos en las actividades productivas se sumó al conocimiento tradicional desarrollados por los Arara.

En este sentido, los Arara, después del contacto con la sociedad envolvente, comenzaron a  tener grandes habilidades en el uso de las armas de fuego, manteniendo una serie de conocimientos tradicionales sobre la floresta y su fauna, y sobre los modos para que un cazador sea exitoso en sus actividades. Hoy en día, las áreas de caza se sitúan en el interior de la selva, a la cual tienen acceso por los caminos que salen de los fondos de las residencias y llevan a varias horas de caminada en dirección al interior de la selva. La extensión de las áreas de caza es bastante amplia, ocupando toda la región del centro de la margen derecha del Riozinho Cruzeiro do Vale y de las dos márgenes del Igarapé Nilo y del igarapé Grande.

Uno de los motivos de mayor conflicto entre los Arara y los regionales es la invasión de sus áreas de caza por cazadores profesionales oriundos de Porto Valter, los cuales para allá se dirigen, con el objetivo de conseguir una gran cantidad de carne de caza para comercializar en las ciudades próximas. Estas invasiones estaban ocurriendo principalmente en los igarapés Nilo y Grande, locales de mayor abundancia de caza.

En los igarapés Nilo y Grande, los Arara practican también actividades de pesca, denominada “marisco”, que ocurría con gran intensidad en el período anterior a la penetración de la región por los agentes del frente de extracción del caucho. En estos mariscos realizados casi siempre en los períodos del verano amazónico, éstos pescaban principalmente con assacú, timbó, awaka, purá, chatá y otros vegetales que inmovilizan a los peces, facilitando su captura. Actualmente, existen otras modalidades de pesca: con anzolim (anzuelo), con zagala (especie de arpón), con espinhel (lanza), con bichero          (buceo), con tiro, con hachas y con redes. La modalidad de pesca más utilizada es con anzuelo y con “tingui”, siendo las otras menos practicadas. La actividad de pesca ocurre a lo largo del Riozinho Cruzeiro do Vale, del igarapés Nilo, del igarapés Grande y de los afluentes de éstos. Por lo tanto, el área utilizada para la pesca ocupa prácticamente toda la extensión de la Tierra Indígena, concentrándose en los ríos e igarapés existentes en su interior y en sus límites. Los Arara procuran la pesca en las áreas próximas a las residencias, pero eventualmente organizan expediciones a las cabeceras de los igarapés Grande y Nilo, considerados los más preciosos de la Tierra Indígena.

Otra actividad que complementa el consumo alimenticio de los Arara es la cría de animales utilizados para el consumo o para la venta, entre éstos, la gallina, el pato, el marrano y la oveja. El principal animal que se comercializa es el marrano, que es vendido en Porto Valter. El dinero adquirido con la venta es revertido en bienes de primera necesidad, como la sal, el azúcar, los remedios, la pólvora, el plomo y la espoleta. La cría de cerdos exige ambientes favorables, alejados de las plantaciones, para evitar daños a éstas. Preferiblemente, los cerdos son criados en la margen opuesta de aquella donde se sitúan las residencias.

La actividad de la recolección, a su vez es una fuente importante para adquirir complementos alimenticios, materiales para la construcción de las residencias, productos medicinales, condimentos para los alimentos, aceites vegetales, entre otros. Mucho del conocimiento tradicional del grupo para la extracción de productos de la selva es transmitido de generación en generación, habiendo introducido, a partir del contacto con los ocupantes de la región del alto Juruá, otras actividades de recolección, como la extracción de látex de las áreas de caucho. Las principales actividades de extracción están volcadas para el uso y el consumo familiar, dejando de ser para la producción del caucho. Los productos de la selva poseen épocas del año para ser recolectados y están localizados en prácticamente toda la extensión de la Tierra Indígena. Las áreas de recolección son bastante amplias, pues se ubican en las áreas de “centro” y de “orilla”, o sea, en las áreas del interior de la tierra y en aquellas próximas a los principales cursos hídricos existentes.

Otra actividad productiva es la agricultura de “coivara” (técnica tradicional de plantación), que permite el cultivo de varios tipos de yuca, maíz, banano, papaya, caña de azúcar, ñame, cará (especie de papa), frijol, arroz, papa-dulce, pimienta, tabaco y otros. Recientemente, han sido introducidos el cultivo de pupunha (palmera nativa de la región  amazónica) y, en menor cantidad, el de guaraná. Los productos agrícolas son retirados de la plantación, siendo el principal la yuca (o macaxeira), que constituye, juntamente con la carne de caza o de la pesca, la base de la alimentación de los Arara. De la yuca hacen harina, que está volcada para el consumo familiar y para el comercio en las ciudades próximas. Después que declinó la producción de caucho, a partir de la década de 1980, la harina comenzó a ser uno de los principales productos comercializados por ellos.

La familias Arara acostumbran tener más de una plantación, algunas próximas a las residencias localizadas en el fondo de éstas, y otras más al interior de la selva. Algunas áreas de plantío poseen en las proximidades, la casa de la harina, donde la yuca es procesada. Las actividades agrícolas de los Arara incluyen también productos que son plantados en los terreros o en los jardines, como frutas, plantas medicinales, condimentos y otros. El conocimiento de los Arara sobre los productos agrícolas cultivados incluye el lugar adecuado para las plantaciones, los cuidados durante el plantío, el crecimiento de los vegetales, la manutención de las áreas de cultivo y el período de plantación y cosecha. Los lugares más apropiados para la plantación son aquellos con ocurrencia de selva cerrada, tierra firme o selva de vega.

Los Arara tienen también como actividad productiva las artesanías, que antes de la ocupación del Alto Juruá, por el frente de la extracción del caucho era producido por el grupo a gran escala, incluyendo utensilios domésticos, adornos y armas de caza y pesca. Después del contacto con la sociedad envolvente esta actividad fue reducida considerablemente. Todavía, la producción de artesanías de los Arara, aunque a pequeña escala, ocurre actualmente. Son producidos, principalmente, instrumentos domésticos, como ralladores, escobas, cestas y potes de barro. Estos objetos, sin embargo, no están destinados para el comercio, al contrario de otros. Las artesanías comercializadas, en pequeñas cantidades, son objetos de adorno, como anillos y collares, o también bolsas de tejido, que son llevadas para la ciudad de Cruzeiro do Sul y quedan expuestas en la sede del Concejo Indígena Misionarios (CIMI), que repasa el dinero obtenido con la venta para los Arara.

Fuentes de información

  • DAL POZ NETO, João. A etnia e a terra : notas para uma etnologia dos índios Arara (Aripuanã-MT). Cuiabá : UFMT, 1996. (Série Antropológica, 4)
  • --------. "Nova sociologia" da Funai impede reassentamento Arara. In: RICARDO, Carlos Alberto (Ed.). Povos Indígenas no Brasil : 1987/88/89/90. São Paulo : Cedi, 1991. p. 442-5. (Aconteceu Especial, 18)