Foto: Rieli Franciscato

Korubo

  • Otros nombres
  • ¿Donde están? ¿Cuántos son?

    AM34 (Siasi/Sesai, 2014)
  • Familia linguística
    Pano

Historia del contacto

Los frentes de expansión y las experiencias de contacto

Hay registros de contactos esporádicos con el grupo desde los años 1920. De acuerdo con un relevamiento de información sobre los conflictos en el Valle del Javari (1996), realizado por el antiguo Departamento de Indios Aislados de la Funai, el registro más antiguo de una masacre de los Korubo está fechado en 1928, cuando más de 40 Korubo murieron en manos de un grupo peruano acompañado de indios Ticuna.

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A fines del siglo XIX y principios del XX, comenzó la explotación económica al interior del Valle del Javari con la extracción del caucho  Muchos indios fueron obligados a trabajar en esta actividad como esclavos, a cambio de algunos productos industriales y de su propia supervivencia. Tenían dos alternativas: trabajar para los llamados “patrones” o ser exterminados. Durante este período se exterminaron  diversos grupos indígenas y se despoblaron otros que resistieron.

Algunos años después del inicio de la explotación del caucho en la Amazonia, hubo un periodo de estancamiento económico debido a la competencia de la explotación del mismo material  en Oriente. La caida de los precios del caucho provocó la quiebra de estos emprendimientos y, como consecuencia, volvió a disminuir la población no india en la región del Valle del Javari. Este nuevo escenario contribuyó para que los grupos de sobrevivientes se reestructuraran. Sin embargo, la presión de los frentes de contacto en la región no desapareció del todo.

Hasta la década de los años 50, los pueblos que vivían en "tierra firme" del Valle del Javari se mantuvieron aislados; sin embargo, la expansión de la actividad maderera durante esos años llegó hasta sus territorios. Entonces comenzaron los primeros conflictos con estos indios. El ejército los reprimió duramente en favor de empresarios peruanos y brasileros que tenían intereses en esas tierras, pero se sentían amenazados con la presencia de los indios.

En la década de los años 70, un área considerable al interior del Valle estaba ocupada por ribeirinhos (poblaciones pescadoras de las márgenes de los ríos), quienes se consideraban habitantes legítimos de la región. Explotaban la mano de obra de los “indios dóciles” y exterminaban a aquellos grupos que demostraban resistencia, o “indios bravos”. Los Korubo formaban – y todavía forman –  parte de la idea de “indios bravos” presente en el imaginario regional.

Durante el mismo período, Petrobrás (empresa brasileña de generación de energía) inició una investigación de prospección sísmica, caracterizada por raleos en la selva y explosiones. Esas actividades dañinas para el medio ambiente empeoraron el conflicto entre indios y no-indios de la región, creando una atmósfera más tensa y, finalmente, obligando a los grupos aislados, entre ellos los Korubo, a dispersarse.

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La Funai empezó sus trabajos en el Valle del Javari en 1970, como parte de un equipo de apoyo para la apertura de la ruta Perimetral Norte, proyecto de infraestructura previsto en el Plan de Integración Nacional. En esa ocasión, la Fundación instaló en la ciudad de Atalaia do Norte la “Base Avanzada de Frontera del Solimões” y creó cinco Frentes de Atracción al  interior del Valle. La mayor parte de estos frentes terminó por prestar ayuda a los grupos ya contactados y, posteriormente, se transformaron en puestos indígenas.

El Puesto Indígena de Atracción Marubo fue creado en 1972, en la margen derecha del río Itaquaí, no lejos del igarapé Marubo. Un equipo liderado por Sebastião Amâncio da Costa tenía el objetivo de establecer contacto pacífico con los indios aislados conocidos como “caceteiros” (golpeadores, en portugués), como son llamados los Korubo por otros habitantes de la región. En la época, la Funai acreditaba que ellos formaban parte de un grupo marubo.

A un año de la instalación del puesto y de algunos contactos con el grupo aislado, hubo un ataque de los Korubo al puesto, que provocó la muerte de la familia del funcionario público Moisés. Ese mismo año, en otro ataque, murió el funcionario Sebastião Bandeira y Bernardo Muller quedó gravemente herido.

Luego de estos incidentes, el puesto se trasladó a lamargen opuesta, cerca de la confluencia de los ríos Itaquaí y Branco, y Valmir Torres asumió la dirección. Según cuenta  Torres, los indios siempre portaban armas y demostraban hostilidad cuando visitaban el campamento. En ese momento, se creía que la autodenominación del grupo era Kaniwa (pero cómo ahora se sabe, Kaniwa quiere decir cuñado en muchas lenguas de la familia Pano).

En noviembre de 1974, el equipo del puesto contactó a un grupo korubo. Al mes siguiente, sobrevuelos realizados en el área pudieron localizar algunas malocas en la margen izquierda del río Ituí. Según el Informe de Identificación y Delimitación de la Tierra Indígena Valle del Javari, en febrero de 1975, “cerca de 200 Korubo se presentaron en la margen opuesta al puesto”.

Ese mismo año, los Korubo visitaron nuevamente el puesto y pidieron machetes, hachas, entre otras cosas. Al día siguiente de la visita, el equipo localizó una aldea con seis malocas y cerca de 200 indios. Sin embargo, más tarde los Korubo volvieron a atacar al puesto, lo que provocó otra muerte, la del funcionario Jaime Sena Pimentel, en 1975. Luego de este episodio y debido a fallas en el proceso de aproximación y contacto pacífico, el puesto fue suprimido.

A principios de 1982, se intentó una nueva aproximación con los Korubo , a través de la creación del Puesto de Atracción del Itaquaí, bajo la dirección del indigenista Pedro Coelho, y un campamento en la localidad de Jó,. En marzo, Coelho relata que los indios llevaron regalos al equipo de unos de los puestos de atracción y,pocos días después, el equipo encontró un grupo korubo en la margen del río Itaquaí. Binan Matis, que trabajaba como intérprete del puesto, comprendió algunas palabras de los indios. Al día siguiente, los indios contactados aparecieron otra vez, pintados de urucum (achiote) y sin armas.

El tercer contacto ocurrió un mes después. Al igual que la primera vez, el equipo de la Funai se aproximó en barco, pero los Korubo nadaron hasta la embarcación y durante las cinco horas que estuvieron allí, mantuvieron una conversación en que se alternaban momentos agresivos con otros pacíficos. Binan Matis fue nuevamente el intérprete. El equipo de contacto se enteró en esta ocasión de que un joven Korubo estaba enfermo, probablemente de malaria. Al otro día, los Korubo contactados volvieron en busca de más regalos, pero no fueron atendidos por falta de material en el puesto.

Los Korubo reaparecieron nuevamente en el mes de julio, debilitados y más delgados que antes. Permanecieron en la margen opuesta del puesto, la comunicación fue a distancia y duró cuatro horas. Al día siguiente, volvieron al mismo lugar, cinco de ellos nadaron hasta la embarcación de la Funai y los funcionarios del puesto los medicaron. Los Korubo relataron a Binan Matis que había más gente enferma es su maloca.

Luego de estos contactos amistosos, un nuevo ataque de los Korubo hostilizó a Amélio Wandik Chapiwa y José Pacifico de Almeida. El episodio fue suficiente para la inmediata eliminación del puesto de atracción y su transformación en puesto de vigilancia – iniciativa que no tuvo éxito para impedir la entrada de los invasores de la Tierra indígena o expulsar a los que ya ocupan el área. Durante el mismo periodo, otras malocas fueron localizadas por un sobrevuelo.

En 1983, Petrobrás inició una investigación sísmica en una área próxima al primer puesto. Un año después del inicio de las actividades, dos funcionarios de la empresa fueron asesinados por los Korubo en respuesta a ataques contra los indios; puesto que no hay registro del ataque, no se ha podido contabilizar el número de heridos o muertos entre los indios.

Sin embargo, después de la muerte de los funcionarios de Petrobrás, por ejemplo, se encontraron varias malocas quemadas y un Korubo muerto. De acuerdo con un relevamiento de datos sobre conflictos, realizado por el Departamento de Indios Aislados de la Funai, indios gomeros comandados por Flávio Azevedo masacraron a tiros un número incierto de Korubo en el río Itaquaí, en 1979. En otra ocasión, en 1981, el mismo Flávio Azevedo, seguido de Manoel Vicente y João Bezerra, distribuyó harina envenenada a un grupo korubo en el río Itaquaí, donde un Kanamari encontró el cuerpo de un Korubo en 1985. En 1986, tres Korubo fueron asesinados por gente de la región.

De todos estos ataques contra los Korubo, conocidos y relatados por los propios habitantes de la región, y registrados en los documentos de la Funai, solo tres fueron legalmente reconocidos. Aún así, los culpables siguen en libertad y los procesos están detenidos.

En la década de 1990, dos incidentes provocaron la muerte de varios habitantes de la región e impulsaron a la Funai a reiniciar los intentos de aproximación con los Korubo. Al mismo tiempo, la Administración Regional de la Funai en el Valle del Javari denunció la organización de expediciones punitivas y la incitación constante al exterminio de los Korubo por parte del jefe de gobierno de la ciudad de Atalaia do Norte y de políticos y empresarios tanto de Atalaia como de la ciudad de Benjamin Constant.

El contacto oficial con la Funai

Los primeros avances del contacto con los Korubo tuvieron lugar en 1996, cuando una aldea fue localizada. El equipo, liderado por el sertanista (explorador) Sidney Possuelo, llevó el barco Jacurapá hasta la boca del río Ituí, lugar que serviría también como puesto de fiscalización. Otra embarcación, el Waiká, era el punto de apoyo para realizar incursiones río arriba, sobretodo para las observaciones del campamento de atracción – señalado con un tapir, especie de vivienda precaria cubierta con paja, construida por los integrantes del Frente de Contacto en la margen del río, cerca del camino que llevaba hacia la aldea. Ahí eran dejados los regalos utilizados en el proceso de atracción.

En un fragmento de su informe, Possuelo se refiere a la localización de la aldea y del camino utilizado por el equipo de la Funai:

“Entramos en el terreno cultivado, ubicado entre 50 a 60 metros de la aldea, separado del terreno por un fragmento de selva de 30 metros. Los indios contestaron a nuestros cantos, hablaron mucho, pero no se mostraron. Nos quedamos cerca de 45 minutos y calculamos que la mayor parte de los indígenas estaba cazando o caminando por la región. Luego de dejar algunos regalos, volvimos a la embarcación, abriendo un sendero por el cual esperábamos que los indios nos visitasen. En las dos noches que nos quedamos en la selva antes de volver a la embarcación, fuimos cercados por los indios. Imitaron animales, golpearon el suelo con sus porras y lanzaron palos al campamento. Sin grandes incidentes, volvimos al puesto. Ahora tenemos una relación física entre nosotros”.

El 29 de agosto de 1996, los integrantes del Frente de Contacto no encontraron los regalos que habían dejado en el tapiri, salvo la harina, que fue rechazada. A cambio, los indios dejaron otras cosas y un cacho de banana.

El 15 de octubre de 1996, el equipo estableció un nuevo contacto con un grupo korubo de 18 personas, de las cuales cuatro eran mujeres, seis hombres, seis niños y dos niñas. A principios de 1998, un hombre y dos niños fallecieron infectados con la malaria.

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Luego de diez meses y cerca de 30 visitas de los Korubo al puesto del Frente, los funcionarios de la Funai fueron atacados por los indios y Raimundo Batista Magalhães, cuyo apodo era Sobral, murió a golpes de porra. Hay muchas interpretaciones del episodio, la más probable indica que una lona fue el motivo de la contienda. Los indios habrían tomado la tela para reforzar el techo del tapiri y Sobral fue a reclamarla. Los indios se habrían enfadado con Sobral porque , al sacar la lona, habría destruido la cabaña.

La muerte del funcionario fue el resultado de una serie de equívocos por parte del Frente , que no habría seguido las instrucciones registradas en un informe, entregado al mismo Sobral. Entre las recomendaciones expresadas en el documento, había una que orientaba al equipo a mantener siempre una superioridad o equivalencia numérica en las interacciones con los Korubo. Otro ítem prohibía la travesía a la otra margen si los indios aparecían. Las dos recomendaciones fueron desobedecidas.

Algunos días después de ese suceso, los Korubo reaparecieron en la boca del igarapé Quebrado. Según un relato escrito por el jefe del Puesto Ituí, algunos Korubo habían sido vistos en las márgenes del río gritando y pidiendo comida, entre otras cosas. La comunicación entre las dos partes tuvo la mediación de los Matis y en ningún momento el barco del equipo de la Funai se aproximó a la margen del río.

En noviembre de 1998, un grupo de cinco hombres, dos mujeres y dos chicos aparecieron en la localidad de Ladário, cercana a la confluencia de los ríos Ituí e Itaquaí, buscando harina y ollas. No hubo conflictos, pero los habitantes de la comunidad, con miedo, pidieron ayuda al equipo de la Funai y le propusieron a la administración regional del órgano estatal en Atalaia do Norte que comprara sus tierras.

El último ataque realizado por los Korubo fue en 2001, cuando mataron a tres madereros en el río Quixito. El ataque tuvo lugar en el momento en que el Fente de Protección Etno-Ambiental abría un claro para la construcción de un nuevo puesto de vigilancia y protección, cercano al sitio donde ocurrió la ofensiva de los Korubo.

En el año 2000, los Korubo relataron a Rieli Franciscato la última masacre que sufrieron, probablemente un año antes del contacto. De acuerdo con el informe de Franciscato, “en julio de 1998, mientras hacíamos un tratamiento de piel a un joven Korubo, al pasar la crema por su cuerpo, palpamos algo que me llamó la atención y que luego fue aclarado por los intérpretes Matis: se trataba de fragmentos de plomo alojados en diversas partes de su cuerpo. En seguida, otros indios empezaron a mostrarnos cicatrices y restos de plomo en diversos puntos de sus cuerpos. Sin mucho entusiasmo y luego de mucha insistencia, los Korubo nos relataron el episodio” (2000: 6).

La historia puede ser resumida de la siguiente manera: seis indios fueron a un terreno de cultivo conocido por los nawa (no-indios) para recoger banana y luego volver a la aldea. Al regresar, pernoctaron en un sitio no muy distante del terreno. Durante el segundo día del viaje de regreso, fueron emboscados por unos hombres en el camino. Dispararon contra los indios y dos de ellos cayeron al suelo, mientras el resto huyó. Una vez que los agresores se fueron, los indios volvieron al sitio donde estaban los heridos y constataron que el hombre había muerto. La mujer vivía, pero no resistió a la caminata hasta la aldea. Debido al dolor de las heridas, no pudieron transportar ni enterrar los cuerpos.

Según el relato de los Korubo, después de haber huido de los nawa, se retiraron al sitio donde fueron contactados en 1996. De acuerdo con las descripciones e informaciones relevadas entre los propios Korubo, los autores de la masacre fueron habitantes de una comunidad de ribeirinhos llamada Ladário, ubicada cerca de  la confluencia de los ríos Ituí e Itaquaí.

Hoy en día, el contacto con los no-indios está restringido a los miembros del Frente de la Funai, especialmente a los integrantes del puesto situado en la confluencia de los ríos Ituí e Itaquaí. A veces, los indios van a la ciudad en busca de tratamientos para la salud.