Foto: Eliane Motta, 1984

Taurepang

  • Autodenominação
    Pemon
  • ¿Donde están? ¿Cuántos son?

    RR673 (Funasa, 2010)
    Venezuela27.157 (INE, 2001)
  • Familia linguística
    Karib

Cosmología

En el repertorio de los géneros orales Taurepang, tanto las narrativas personales como los mitos que se refieren a las hazañas del héroe creador ‘Makunaíma’, reciben el calificativo de ‘pandon’, término que los Taurepang traducen como ‘historias’. Así, los acontecimientos narrados en los mitos ocurren en un tiempo que los Taurepang llaman de ‘Pia daktai’, un ‘tiempo de origen’ en el que la tierra, los hombres y los animales toman la forma que hasta hoy poseen, mientras que las narrativas de cada uno respecto a su vida y la de sus padres, habrían acontecido ‘ahora’, ‘sereware’, indicando que se trata de acontecimientos mucho más recientes a los ocurridos en el ‘Pia daktai’.

El paso de un tipo de relato a otro no obedece a una regla formal: nada impide que un indígena pase de estar narrando un relato sobre las peripecias de Makunaíma en la región del monte de Roraima, a otro que hable sobre una comunidad situada en la misma área en el tiempo de su juventud. Así tenemos una especie de compresión del tiempo en la medida en que la narrativa se aproxima al presente, periodo que esta mucho mas lleno de detalles y recuerdos.

Makunaíma

El ciclo mas importante de la mitología Taurepang tiene que ver con la saga del héroe cultural Makunaíma, a veces referenciado como un solo personaje y otras veces como un grupo de hermanos, tal y como aparece en el relato tomado por el padre C. De Armellada (1964: 33ss). En el ‘tiempo de origen’, tanto los hombres como lo animales poseían la forma humana ‘pemon-pe’. Mientras tanto los hermanos Makunaíma (nacidos de la unión del sol, ‘Wei’, con una mujer hecha de barro), quienes compartían con los demás seres de la tierra una existencia prosocial, deambulaban en la búsqueda de su padre que había sido raptado por los ‘Mawari’ (espíritus malvados que habitan al interior de las sierras). Y es precisamente en la región del monte de Roraima donde se encuentran de nuevo con el padre cautivo, quien una vez libre de sus raptores sube al cielo y abandona a sus hijos en la tierra.

Los hermanos Makunaíma permanecen en la región del monte de Roraima vagando o siguiendo algunos animales –entre los cuales está el Aguti, ‘akuti’- para que éstos los lleven a las fuentes de comida. Son entonces esos animales los que llevan al héroe al ‘árbol del mundo’ o ‘wadaka’, del cual se tomaban todos los frutos comestibles. Makunaíma, deslumbrado con la abundancia de ese árbol, y en un acto de ansiedad desmedida, decide derrumbarlo. De lo que restó de ese tronco caído salió a borbotones una enorme cantidad de agua que provocó una inundación. Aluvión al que siguió un gran incendio que destruyó a los hombres y a los animales. Después de esa catástrofe, Makunaíma hace nuevos hombres y nuevos animales con barro, y después les da vida (Koch-Grunberg, 1924/1981, II: 43; Armellada, 1964: 60).

Cuentan los Taurepang que el monte de Roraima sería la raíz de ese árbol que permaneció luego de la gran inundación, y que a pesar de las grandes proporciones, tiene una forma semejante a la de un tronco partido. Entre todas las hazañas de Makunaíma, el anterior episodio es el que más comúnmente narran los Taurepang. Sin embargo, en varias de las demás aventuras que se relatan, el héroe transforma en rocas a los seres a los que se va encontrando. Al final, Makunaíma parte en dirección al Este hacia el otro lado del monte Roraima, dejando atrás el mundo donde permanecen cristalizadas -principalmente en las formaciones rocosas del territorio Taurepang- diversas acciones realizadas por él.  Después de eso Makunaíma no vuelve a intervenir entre los hombres, dejándoles entonces una triste herencia: el mundo al que quedan relegados ya no posee la misma naturaleza que aquella que había antes de cortar el gran árbol. Además, los seres de ‘ahora’, ‘sereware’, perdieron la identidad que antes poseían, ya que no todos son penom; por lo que además, la alteridad es introducida en el mundo.

Si antes todas las cosas eran ‘gente’, ‘pemon-pe to ichipue’, después de la gran inundación varios de los personajes que aparecen en las ‘pandon’ (historias/hazañas) se distancian de los hombres, localizándose en dominios específicos y generando nuevas relaciones con los seres humanos, las cuales estarán revestidas de un antagonismo explícito.

Upatá y Taren

Entre los Taurepang, se hace un particular énfasis en la noción de ‘Upatá’, la cual puede ser representada con el lugar de nacimiento o residencia. Esa noción, interpretada aquí como ‘mi lugar’ corresponde, en una acepción mínima, a la comunidad. Término con el que no sólo se denota el espacio físico, sino también un espacio eminentemente social. Así, mientras que ‘patasek’ significa ‘casa’, ‘upatá’ sería, más apropiadamente, ‘hogar’.

En el territorio Taurepang hay lugares de enfermedad que se denominan ‘enek-patá’, así como también existen buenos lugares para el establecimiento de las comunidades: los ‘wakipe´patá’. Y entre esos dos (2) extremos, desde los primeros en dirección a los últimos, es que se mueven los grupos Taurepang.

Aunque los Taurepang saben que están rodeados por un conjunto altamente diversificado de entidades ocultas, no siempre son capaces de realizar una lista completa de todas ellas. Un conocimiento más preciso de ese tema está asociado al chamanismo, pero también a un vasto repertorio de invocaciones mágicas denominadas ‘Taren’. En su uso cotidiano, tales conjuros que son realizados por el chamán, sirven para curar enfermedades simples como la picadura de una culebra, pequeñas heridas, algunos tipos de diarreas, etc.

Al parecer los ‘Taren’ derivaron de los incidentes ocurridos en el ‘Pia daktai’ (tiempo de origen): operan en el sentido inverso a los males que fueron introducidos en el mundo por las acciones de los héroes culturales en ese periodo inicial. En ese sentido, los ‘Taren’ siempre son introducidos con un relato mítico que trata del origen del mal que se desea anular. Luego se articula a partir de un conjunto de frases repetitivas, en las cuales se llama a un agente que posee un carácter inverso al disturbio o perturbación que el Taren pretende revertir.