Foto: Paulo França, s/d

Huni Kuin (Kaxinawá)

  • Autodenominação
    huni kuin
  • ¿Donde están? ¿Cuántos son?

    AC7.535 (Funasa, 2010)
    Peru2.419 (INEI, 2007)
  • Familia linguística
    Pano

Histórico

kaxinawa_4

Los primeros relatos de los viajeros en el área del Alto Juruá que mencionan a los Kaxinawá consideran los ríos Muru, Humaitá y principalmente Iboiçu, tres afluentes del Envira (a su vez afluente del Juruá), como su hábitat “original”, antes de la llegada de los caucheros. De estos ríos ellos ocuparon la margen derecha, siendo la margen izquierda ocupada por los Kulina (McCallum 1989; Tocantins 1979). A lo que parece, ya en el siglo XVIII los colonizadores organizaron excursiones en procura de esclavos en esta región. Pero no se tiene ningún registro de este contacto. Estas primeras incursiones fueron muy fragmentarias y de corta duración.

Al final del siglo XIX, a partir de 1890, se inicia una onda de invasiones de los caucheros peruanos, que no duró más de veinte años. Para conseguir el caucho, los árboles precisaban ser cortados y, así, la región quedó pronto agotada. En cambio, la extracción del látex de la Hevea brasiliensis por medio de cortes hechos regularmente, preserva el árbol. Por esto, la llegada de los caucheros brasileños no fue pasajera, a pesar de las altas y bajas del mercado. 

En ese violento contacto, los grupos indígenas locales sufrieron violencia por parte de los explotadores que trajeron, entre otras cosas, enfermedades. En 1913 la región del Juruá contaba con 40 mil migrantes (en su mayoría del estado de Ceará) y el Purus con 60 mil. La violencia era organizada. La función de los leñadores no era solamente abrir las rutas del caucho, sino también limpiar el área de indios bravos. La reacción de los Kaxinawá fue robar y asaltar, aunque algunos grupos se dejaron amansar por los caucheros. Fue lo que aconteció con el grupo Kaxinawá del Iboiçu, que aceptó trabajar para Felizardo Cerqueira a cambio de mercaderías. Felizardo los llevó del Iboiçu hacia el Alto Envira y de allí, en 1919, hacia el Tarauacá, donde fueron usados en la masacre de los Papavó (McCallum 1989). En 1924 llegaron al río Jordão, donde están hasta hoy, mucho tiempo después de la muerte del patrón. Los Kaxinawá más viejos de este río todavía están marcados con las iniciales FC (Felizardo Cerqueira) del nombre del patrón.

Hasta 1946, los Kaxinawá del Perú permanecieron allá, en la floresta virgen, lejos de los ríos navegados por los comerciantes. Ellos prefirieron la independencia y el aislamiento a la dependencia que implicaba el mayor acceso a las armas y utensilios de metal. A través de los Yaminawa ellos consiguieron algunas cosas, pero parece que a mediados de la década de 1940 decidieron que necesitaban de más y mandaron un equipo de seis hombres hacia el río Taraya para realizar negociaciones directas.

Con el tiempo, los Kaxinawá tomaron la decisión de procurar el contacto con la civilización, una decisión de profundas consecuencias, que fue cuestionada por los propios Kaxinawá.

El contacto puede ser inevitable a largo plazo. A corto plazo, sin embargo, depende de la iniciativa del grupo, que una generación antes había escogido la posición contraria. Y esto en una región donde, incluso hoy, viven etnias, grupos de lengua Pano y Arawak, que evitan cualquier contacto con la sociedad no-indígena.

En 1946, cuando un visitante brasileño llegó donde los huni kuin, ellos sabían lo que querían de él: las mercaderías industrializadas, machetes de metal, escopetas, etc. El comerciante se llevó a cambio madera y caucho, pero enroló también algunos jóvenes para trabajar con él, lo que no estaba previsto (Kensinger 1975: 10-11).

Después, en 1951, llegaron los viajeros alemanes Schultz y Chiara: “Encontramos en total ocho aldeas, con un número de habitantes que variaba entre veinte y 120 individuos. Calculamos el número total de los individuos kaxinawá entre 450 y 500” (Schultz 1955). A consecuencia de esta visita murió del 75 al 80 por ciento de la población adulta a consecuencia de una epidemia de sarampión. Los Kaxinawá, no obstante, consideraban las filmaciones del equipo como causantes de la onda de muertes: según Deshayes y Keifenheim (1982), para los Kaxinawá, que en aquella época intentaban dar una explicación a aquella tragedia, el film reducía la imagen de una persona y así, con su yuxin yuda disminuido, la persona moría.

Los sobrevivientes huyeron hacia el Envira y el Jordão en Brasil, donde vivían sus parientes empeñados en el trabajo en los cauchales. Pero ya en la época seca del año siguiente, la mayor parte de los refugiados resolvió volver hacia el Curanja, donde no había ni caucho ni patrones.

Balta, la mayor comunidad kaxinawá en el Perú, es una creación del SIL (Sociedad Internacional de Lingüística). Con la llegada de los misioneros fue construida una pista de aterrizaje para el transporte de bienes a Pucallpa e instalada una radio que mantenía contacto con la base del SIL en Yarinacocha. A inicios de la década de 1920, Balta había atraído tantos Kaxinawá que su número llegaba a 800 individuos.

Conta, la segunda mayor aldea kaxinawá en Perú, fue construida en el Purus cerca de Puerto Esperanza en 1968 por Kaxinawá llegados del Envira. En 1985 Conta había superado a Balta en número de habitantes, gracias básicamente a los migrantes de Kaxinawá de Balta y Santarém, aldea ubicada encima de Balta, que dejaron el Curanja en búsqueda de nuevos caminos para conseguir los productos que hasta entonces eran provistos por los misioneros.

Conta mantiene relaciones comerciales con Puerto Esperanza, pequeño puerto construido alrededor de un puesto militar de frontera. Algunos Kaxinawá de Conta han hecho el servicio militar en ese puerto, experiencia impactante y en algunos casos traumática.

Las dos aldeas Kaxinawá donde hice mi trabajo de campo, Cana Recreio y Moema, en el alto río Purus, representan la conjunción de estas dos tradiciones Kaxinawá del último siglo: la peruana y la brasileña. La primera, que mantuvo su autonomía por más tiempo y vio su vida aldeana interrumpida por menos tiempo, es considerada más “tradicional” (culturalmente más indígena), a pesar de estar marcada por el contacto con los misioneros y los militares peruanos; la segunda vivió durante años en forma más dispersa y se familiarizó con la cultura cauchera a través del trabajo de dos generaciones para el patrón, pero vive hoy en día un profundo proceso de recuperación de las “tradiciones”.

Las historias de vida de los Kaxinawá de Cana Recreio y Moema refieren el largo viaje entre el Envira y el Jordão en Brasil y el Alto Purus y el Curanja en Perú hasta llegar a Cana Recreio, en el Purus del lado brasileño.

En abril de 1989, un tercio de la población de Cana Recreio fundó una nueva aldea: Moema.

Durante mi estadía allá la nueva aldea tenía siete casas.

Fronteira es la tercera comunidad Kaxinawá en el área indígena del Alto Purus. Ella es la más antigua en el río Purus del lado brasileño y fue fundada por los Kaxinawá caucheros del Envira. El líder de esta aldea, Mario Domingos, se mudó del cauchal Vista Alegre, en el Envira, hacia el cauchal Triunfo, en el Alto Purus, a inicios de los años 1970, a pedido del dueño del referido cauchal, Chico Raulino.

El puesto de la Funai (Fundación Nacional del Indio) fue instalado en Fronteira, que obtuvo una pista de aterrizaje, hoy en desuso, además de una escuela, una farmacia, una radio ligada a la intendencia de la Funai en Rio Branco y una casa para el jefe del puesto, que acabó sirviendo de casa para la familia del líder Kaxinawá, Mario.

En 1978, los voluntarios del Cimi (Consejo Indigenista Misionero) convencieron a un grupo de 32 personas en Santa Rosa, en la frontera con Brasil, que habían descendido durante el año anterior el Curanja y el Purus, viniendo de Balta, a mudarse al puesto de la Funai en Fronteira. Este grupo tenía como líder a Francisco Lopes da Silva, Pancho, que fundaría dos años más tarde la aldea Cana Recreio, a una hora y media descendiendo de Fronteira.

La reubicación en Fronteira es un proceso que hasta hoy no fue totalmente concluido. Las familias parecen apreciar su independencia unas de otras más que en las aldeas de Moema y Cana Recreio. Las casas quedan un poco más distantes unas de otras, hay unas diez cabezas de ganado pastando entre las casas, y las familias mantienen una economía relativamente independiente. Hay, por ejemplo, intercambios individuales con los comerciantes ambulantes que navegan el río y venden mercaderías a cambio de caucho, cuero de ganado y gallinas. Mientras que esas transacciones tendían a ser controladas por la colectividad y los líderes en otras aldeas del Purus, el líder de Fronteira no tenía, en la época de mi investigación, la intención de controlar esas transacciones y no existía una cooperativa responsable por la economía de la comunidad como un todo, tal como acontecía en Cana Recreio.

Una serie de trabajos, sin embargo, son realizados en conjunto: las pescas colectivas en el lago o en los igarapés [estrechos canales] con timbó (barbasco), la apertura de nuevas rozas y las expediciones de caza en ocasión de las grandes fiestas. Un problema para la realización de estas fiestas es que Fronteira no tiene líderes de canto para “jalar” el canto.

La ausencia de ancianos que hayan vivido cuando eran adultos una vida de aldea (en el Perú) provoca un relativo olvido de elementos culturales al nivel de los rituales, de la lengua y de la cultura material. Así como no había ningún hombre ni mujer que supiese todos los cantos del katxanawa, ritual de la fertilidad y del txirin, ritual de iniciación de los niños, no había mujer que supiese tejer o diseñar kene kuin, el estilo kaxinawá del diseño geométrico. A pesar de que esta situación afecta también la especificidad y el orgullo de este grupo, que dominaba mucho más los códigos de la sociedad brasileña que sus vecinos y que era respetado a causa de sus poderosos tomadores de ayahuasca, en mi última visita vi que también en Fronteira (como había acontecido en el Jordão) se procuraba incrementar la “ciencia de los antiguos” con la llegada de parientes del Perú.

La tendencia a la escisión de las aldeas es común entre los Pano y refleja la base democrática que constituye la comunidad. Todo padre de familia puede decidir, por cualquier motivo, mudarse a otro lugar a fin de construir una nueva comunidad, en caso tenga la habilidad de persuadir a otros a seguirlo. No existe coerción en estos casos; cada individuo, hombre o mujer, escoge donde o con quien vive. La única presión es afectiva; a nadie le gusta vivir lejos de los parientes más próximos.