Foto: Vladimir Kozak, Museu Paranaense. S.d.

Karajá

  • Autodenominação
    Iny
  • ¿Donde están? ¿Cuántos son?

    GO, MT, PA, TO3.198 (Funasa, 2010)
  • Familia linguística
    Karajá

Ciclo de vida

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El nacimiento de un niño entre los Karajá está marcado socialmente por la regla de la tecnonimia, esto es, los padres dejan de ser llamados por sus nombre propios y comienzan a ser conocidos como el padre o la madre de ego (aquel que nació). En el caso de los hombres, el padre novato pasa a pertenecer a otra categoría masculina.
El hombre es considerado como el responsable por la fecundación, siendo necesario copular varias veces para, de manera gradual, formar el niño en el vientre de la madre, considerada apenas como la receptora. Luego del nacimiento, el recién nacido es lavado con agua tibia y pintado con tinta de urucum.

En la infancia, el niño permanece la mayor parte del tiempo con la madre y los abuelos. Sin embargo, la diferencia entre los géneros gana una mayor proporción cuando el niño llega a la edad de entre siete y ocho años y se produce la perforación del labio inferior con un hueso de guariba o mono aullador (Alouatta guariba). Luego de esto, y al alcanzar la faja etárea de entre los diez y los doce años de edad, el niño es objeto de una gran fiesta de iniciación masculina denominada Hetohoky o Casa Grande.

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Los mismos son pintados con la tinta negra azulada del jenipapo (Genipa americana) y se mantienen confinados durante siete días en una casa ritual denominada Casa Grande. Se le cortan los cabellos y son denominados jyre o ariranha.

Durante la primera menstruación, la niña comienza a ser vigilada por la abuela materna, resultando en su aislamiento. Su aparición pública, cuando está bien decorada con pinturas corporales y accesorios plumarios para bailar con los Aruanãs, es fuertemente acompañada por los hombres.

El casamiento ideal es aquel arreglado por las abuelas de la pareja, preferentemente de la misma aldea, cuando los jóvenes son aptos para mantener relaciones sexuales. El casamiento más típico implica el simple traslado del joven hacia la casa de la joven, acontecimiento que se puede precipitar si algún pariente masculino, por parte de la joven, sorprende a la pareja en un encuentro intimo a escondidas de los demás. El hombre, una vez casado, comienza a vivir en la casa de la madre de la esposa, siguiendo la regla matrilocal. Cuando la familia se torna numerosa, la pareja construye una casa propia, aunque anexa a aquella en la cual residió, caracterizando espacialmente así, a la familia extensa.

De esta manera, la mujer más anciana asume un rol central en la unidad doméstica en tanto el hombre, conforme avanza en edad, va perdiendo prestigio político en la plaza de los hombres, pero tornándose –en compensación- en un referente del poder espiritual, ejerciendo en forma corriente actividades chamánicas.

En un entierro Karajá, el muerto es colocado con sus pertenencias en una estera al fondo de una fosa; todo es cubierto por varas, tratando de imitar una casa. En el frente se coloca una especie de pequeño mástil; de madera decorado. En otros tiempos también se realizaba un entierro secundario, en la actualidad no se registra, que consistía en exhumar el cuerpo y colocar los huesos en una vasija de cerámica, preparada especialmente por los parientes del occiso.