Foto: Milton Guran/Agil, 1988

Guarani Mbya

  • Otros nombres
    M'byá
  • ¿Donde están? ¿Cuántos son?

    Argentina5.500 (CTI/G. Grünberg, 2008)
    ES, PA, PR, RJ, RS, SC, SP, TO7.000 (Funasa, Funai, 2008)
    Paraguai14.887 (II Censo Nacional Indígena, 2002)
  • Familia linguística
    Tupi-Guarani

Organización social, política y religiosa

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Los lugares donde los guaraníes forman sus asentamientos son identificados bajo la denominación de tekoha. De acuerdo a la traducción de Montoya (1640), tekoha significa “forma de ser, de estar, sistema, ley, cultura, norma, comportamiento, costumbres”. Tekoha sería, entonces, el lugar en donde existen las condiciones de ejercer la “forma de ser” guaraní. Podemos calificar al tekoha como el lugar que reúne las condiciones físicas (geográficas, ecológicas y estratégicas) que permiten componer, a partir de una familia extensa con jefatura espiritual propia, un espacio político-social fundamentado en la religión y en la agricultura de subsistencia (Ladeira, 1992, 1997).

Para que se desarrollen las relaciones de reciprocidad entre los diferentes tekoha mbya es necesario, entonces, que estos, en su conjunto, presenten ciertas constantes ambientales (selvas preservadas, suelo para la agricultura, aguas vertientes, entre otras) que permitan a los mbya ejercer su “modo de ser” y aplicar sus reglas sociales.

Las aldeas guaraníes pueden estar formadas a partir de una familia extensa desde que exista una jefatura espiritual y detenten una política propia. El contingente poblacional de las aldeas guaraní mbya varía, en término medio, entre unas 20 a 200 personas, formando unidades familiares integradas por la jefatura espiritual y política. La organización espacial interna de las aldeas está determinada por las relaciones de afinidad y consaguinidad.

De acuerdo a los patrones guaraníes, la familia extensa está compuesta, en principio, por la pareja, las hijas, los suegros y los nietos, constituyéndose en una unidad de producción y de consumo. En la actualidad, la familia extensa, aunque presente algunas variantes en su composición, es la unidad de producción. No obstante, la “propiedad” de los campos y el consumo de los productos es de la familia nuclear, luego del nacimiento de los hijos de la pareja. Esto no excluye los servicios en los campos del suegro y la realización de trabajos comunes entre las familias.

Entre los mbya, el liderazgo espiritual es ejercido por el Tamoi (abuelo, genérico) y sus auxiliares (yvyraija), pudiendo ser ejercido también por mujeres Kunhã Karai. Actualmente, cada comunidad tiene un jefe político, el cacique, al cual están subordinados los líderes jóvenes, quien intermedia entre la comunidad indígena y el Estado así como con los demás sectores de la sociedad civil. Hasta mediados de la década de 1990, era común, entre los mbya, que líder espiritual y religioso ejerciese, también, la jefatura política de una comunidad. En los períodos de múltiples atribulaciones, consecuencia del contacto, esta práctica es imposible y el líder espiritual necesita ser preservado, como ocurre en el presente.

Casa de oración

Los mbya (e los ñandeva) construyen y mantienen una casa para la práctica de las oraciones y de los rituales colectivos, opy guaçu, localizada cerca de la casa del tamoi o, inclusive, como apéndice de la misma.

Las prácticas religiosas de los mbya son frecuentes y se extienden por muchas horas. Orientadas por el líder espiritual, las “oraciones” –realizadas a través de cantos, bailes y discursos- también se dirigen a las necesidades más cotidianas, como la recolección, la ausencia o el exceso de lluvia, los problemas familiares, los acontecimientos importantes, los imprevistos, entre otras.

La principal ceremonia realizada en Opy es la de Nheemongarai, que se produce cuando los cultivos más tradicionales son cosechados y “bendecidos” y son otorgados los nombres a los niños nacidos en ese período. El nheemongarai debe coincidir con la época de los “tiempos nuevos” (ara pyau), caracterizados por los fuertes temporales que se producen en el verano. De esta manera, la asociación entre la cosecha del maíz y la ceremonia de su “bendición”, así como la de la atribución de nombres a las almas impone el calendario agrícola y la permanencia de las familias en la aldea (Ladeira, 1992).

El acervo mitológico guaraní es extremadamente rico y complejo. Entre los autores, León Cadogan es el que realizó la mayor compilación de mitos clásicos y cuentos mbya. Por su parte, los mbya vienen incorporando a su acervo mitológico las interpretaciones y los acontecimientos vívidos y vehiculados entre ellos a lo largo de su historia. Para los mbya, lo cotidiano está impregnado de relaciones míticas posibles, devenidas de la comunicación con las divinidades. De esta manera “las tradiciones son puestas en práctica secularmente, según los principios de los mitos que fundamentan el pensamiento y las acciones de los mbya” (Ladeira, 1992).