Foto: Wilson Dias/ABr, 2011

Guarani Kaiowá

  • Otros nombres
    Pai-Tavyterã, Tembekuára
  • ¿Donde están? ¿Cuántos son?

    MS31.000 (Funasa, Funai, 2008)
    Paraguai12.964 (II Censo Nacional Indígena, 2002)
  • Familia linguística
    Tupi-Guarani

Actividades productivas

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La agricultura es la principal actividad económica guaraní, aunque se aprecia la caza y la pesca, practicando estas actividades siempre que es posible. Realizan una economía de subsistencia, marcada por la distribución y la redistribución de los bienes producidos en la cual las relaciones de producción económica, sea cual fuere la actividad, están pautadas por los vínculos sociales definidos por el parentesco. La “propiedad” (como uso exclusivo) de los campos y el consumo de los productos es de la familias elemental, luego del nacimiento de los hijos de la pareja, lo que no excluye la distribución de los bienes producidos o adquiridos, el servicio en los campos del suegro y la realización de construcciones dentro de los grupos macrofamiliares.

Las dimensiones de los campos son relativamente reducidas. Oscilan entre una hectárea y media y las seis hectáreas por unidad familiar. En el, participan todos los familiares –según la división sexual del trabajo- con trabajos y actividades propias a los unos y a las otras. Plantan maíz (avati morotĩ e avati tupi), mandioca (mandi’o), batata o papa dulce (jety), caña de azúcar (takuare’e), zapallo, (andai), mamón, naranja, banana (pakova), maní (manduvi), urucu o achiote (yruku), varios tipos de frijoles o porotos de árbol (kumanda), arroz, porotos o frijoles e otros productos destinados a la alimentación de la familia así como especias utilizadas como remedios (pohã ñana). La supervivencia guaraní ha sido garantizada por esos campos, base de su economía, aun con las posibilidades de realizar cambios motivados por el contacto, sea en relación a la “changa”, sea en relación al acceso a la tecnología moderna. Solamente una variedad de maíz, el avati tupi (maíz amarillo) es plantado para la comercialización. Esta variedad de diferencia del avati morotĩ (maíz blanco), considerada planta sagrada que no debe ser utilizada para el comercio, siendo un elemento determinante en las ceremonias anuales del avati kyry, que es el bautismo del maíz y de las plantas nuevas.

Les cabe a las mujeres la tarea de machacar el maíz y prepara la chicha y hacer el chipa, una especie de torta de maíz. La variedad de tipos y formas de preparación del maíz es vasta: producen avatiku’i (harina de maíz), hu’ikyra (harina de maíz con grasa, hu’i rovaja (harina de maíz con mandioca, cocida en un recipiente sin las hojas de la planta), chipa mbixi (hecha en el fuego y envuelta en hojas de plantas, en general de banano), mbeju (harina de maíz pisada en un recipiente), avati mbixi (maíz verde asado), chipa kukui (del maíz blanco, chipa guasu), chipa perõ (maíz asado hecho una torta con las manos que luego se introduce en agua caliente), chipa jetyiru (maíz mezclado con batata o para dulce, como el chipa perõ), mbaipy (papilla de maíz), kãguyjy miri (maíz rallado y llevado al fuego con agua) y avati pororo (pochoclo o palomitas de maíz). Lo mismo ocurre con la mandioca que, a pesar de no ser una planta sagrada es también bastante valorada por los guaraníes y cuya presencia está garantizada en su alimentación. Preparan la mandioca de diferentes formas como el pirekai (mandioca asada), pireti (mandioca asada sin cáscara), mandi’o mimoi (mandioca cocida) y el karaku (chicha de mandioca). Además, la papa dulce o batata (jety) y la caña de azúcar (takuare’e) también son presentadas en diferentes formas; estos cuatro productos son realmente apreciados al preparar el kãguy o chicha, una bebida fermentada muy estimada por estos indígenas y que es consumida en una gran cantidad durante sus fiestas profanas y en las ceremonias religiosas.

El manejo de los recursos naturales

Los conocimientos tradicionales dotan a los guaraníes de una aguzada sapiencia en el trato con los espacios disponibles, aun en condiciones adversas -como es el caso de los acampados que reivindican la plena ocupación de sus tekoha como hemos visto antes-, de modo de usufructuar al máximo el área disponible. Ellos practican lo que los agrónomos occidentales denominan “sistema agroforestal”, en el cual combinan las actividades de caza, pesca, recolección y agricultura de forma integrada y vinculada. Relacionada a esta técnica realizan el pousio (período de descanso de la tierra). Según el Manual Agroflorestal para Amazônia (1996:18), el Sistema Agroflorestal es una “forma de uso y manejo de la tierra en la cual árboles o arbustos son utilizados en asociación a cultivos agrícolas y/o con animales en una misma área, de manera simultánea o en una secuencia temporal”. Otro aspecto observado es resaltado con énfasis por los agrónomos que entran en contacto con estos indígenas y su capacidad de cuidar y mantener las semillas nativas, contando “con un banco de germoplasma vivo” (Spyer, 1996:19), que contribuye, en gran medida, al mantenimiento de la diversidad. En este sentido, poseen para cada planta que conocen semillas de diferentes variedades como las de maíz, mandioca, frijoles o porotos, papa dulce o batata y otras tantas, lo que torna indispensable la introducción y el fomento de especie híbridas. Las semillas tradicionales, donde se incluyen las plantas medicinales y las usadas para la confección de utensilios son, de esta manera, encontradas constantemente. Los indios conocen a las personas que poseen las semillas deseadas, saben donde se encuentran y recurren a ellas cuando necesitan semillas o mudas. En efecto, el intercambio de semillas, plantas, mudas y remedios es parte del día a día y es tema de frecuentes conversaciones sobre el asunto.

Con la proximidad del contacto y las variadas situaciones de exigüidad de tierras disponibles de cara a la superpoblación de alguna áreas, los ñandeva y los kaiowa están obligados a trabajar en el mercado regional. Si hasta hace algunos años había demanda para el trabajo de los indios en las haciendas que se estaban formando, hoy en día esta actividad disminuyó sobremanera en la medida en que las haciendas están implantadas y mecanizadas o, por otro lado, los espacios se fueron transformado en tierras que han disminuido la oferta de trabajo como consecuencia de la mecanización, lo que principalmente ocurre en Mato Grosso do Sul, donde el problema es más grave. Últimamente, los kaiowa y los ñandeva han sido contratados por las usinas de alcohol, distantes de sus comunidades, donde los hombres permanecen durante semanas trabajando lejos de sus familias.