Foto: Jaime Siqueira Jr./CTI, 1994

Canela Apanyekrá

  • Otros nombres
    Canela, Timbira
  • ¿Donde están? ¿Cuántos son?

    MA1.076 (Siasi/Sesai, 2012)
  • Familia linguística

Relaciones entre sexos

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Un primer matrimonio ocurre cuando la joven tiene entre once (11) y trece (13) años y decide entregar su virginidad al hombre de quien ella gusta. Sin embargo, ella no está totalmente casada hasta que no quede embarazada y de a luz un bebé. Antes de 1975, el casamiento era prácticamente indisoluble, pero hoy en día, cuando un hombre deja la casa (lo cual sucede con mucha frecuencia), a eso se le llama ‘divorcio de los niños’.

Durante el ‘resguardo’ de la mujer, que dura cuarenta (40) días después del parto, la mujer convoca a sus ‘otros maridos’ para compartir el ritual con el marido efectivo. Como ella puede haber tenido relaciones sexuales ceremoniales en serie con varias docenas de hombres durante el embarazo, ella identifica entre uno (1) y cuatro (4) de esos ‘otros maridos’, como aquellos que posiblemente contribuyeron con una cantidad suficiente de semen para la formación del feto. Esos hombres deben cumplir fuertes restricciones alimentarias y sexuales, con el fin de que favorezcan el crecimiento y la salud de la criatura. En caso contrario, el niño(a) corre el riesgo de perder la vida. Consecuentemente, con el objetivo de garantizar la salud del pequeño, el ‘otro marido’ principal es secretamente avisado sobre la necesidad de seguir las restricciones alimenticias y sexuales, sin que su esposa tenga conocimiento de las trasgresiones que él ha cometido.

Los niños son criados en el ambiente familiar de la casa de la madre y de las hermanas de la mujer y todos sus hijos. Antes del contacto más intenso con los patrones occidentales de sociabilidad, era común que la mujer dejara a sus hijos con la madre o una de sus hermanas mientras ella se ausentaba para tener un romance.

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De esa manera, amigos informales pueden tener relaciones sexuales. De hecho esta era una actividad tan ampliamente practicada que constituía una forma muy común de recreación. Sexo extraconyugal era permitido a todos -excepto entre consanguíneos, amigos formales o ciertos afines- durante las prácticas en serie que eran requeridas en las innumerables fiestas anuales. Así, dependiendo de la ocasión, un grupo de entre diez (10) a ochenta (80) hombres podía tener relaciones sexuales –uno a la vez- con un grupo de dos (2) a ocho (8) mujeres. Entre estos indígenas, negar pública o privadamente el deseo sexual de otro era muy difícil que se diera, puesto que tal actitud era entendida como mezquina, antisocial y hasta maligna. Por lo que hombres y mujeres tenían que ser entonces generosos tanto con sus cuerpos como con sus bienes (tales como cestos, arcos, flechas y comidas).

Las personas emparentadas (con tíos y sobrinas, o tíos y sobrinos) que no habitaban la misma casa, ni tenían vínculos de nombre o tratamientos prescritos, cuando se encontraban jugaban. Aunque parientes muy distantes podían romper el tabú del incesto y tratarse como ‘esposos’. Sin embargo, esa poco común generosidad sexual fue totalmente perdida hacia mediados de los años ochentas, cuando hubo un importante estrechamiento del contacto con ‘no indios’, que trajo consigo una serie de bienes industrializados que pasaron a ser fácilmente adquiridos por los indios, así como fuertemente deseados. Con lo que los viejos tiempos de placer fueron entonces perdiéndose debido a la aparición de celos sexuales de los maridos.

En el ámbito social, los Canela poseen cinco (5) sistemas de ‘mitades’ y, restringidos a la esfera masculina, seis (6) grupos de ‘patio central’, cinco (5) asociaciones rituales, dos (2) órdenes jerarquizadas y cinco (5) agrupaciones de hombres que demuestran orígenes inter-tribales.  Por su parte, las mujeres no tienen asociaciones, pero casi todos los grupos masculinos tienen dos (2) mujeres jóvenes reconocidas como integrantes de esas agremiaciones masculinas. Las mujeres tienen su propia fuerza en relación con los hombres en el control de sus familias y de las extensivas redes de parentesco.

Aunque el poder entre los sexos estuviese equilibrado a favor de los hombres, el poder de las mujeres aumentó durante la última mitad del siglo veinte (XX). Ahora las mujeres también pueden ser pintadas en el patio central a modo de jefes ceremoniales. Aunque el poder de los hombres es mucho más tenido en cuenta por los jefes y los ancianos a la hora de dar órdenes y responsabilidades sobre iniciativas propuestas por dichas autoridades. El poder masculino emerge de las reuniones en el patio central y cubre a todos los miembros de la comunidad. En contrapartida, el poder de las mujeres se ejerce exclusivamente al interior de la casa, a través del control sobre la distribución de comida para todos los moradores.