Foto: Paula Morgado, 1989

Aparai

  • Autodenominação
    Aparai
  • ¿Donde están? ¿Cuántos son?

    PA466 (Siasi/Sesai, 2012)
    Guiana Francesa40 (Eliane Camargo, 2011)
    Suriname10 (Eliane Camargo, 2011)
  • Familia linguística
    Karib

Organización Política

aparai_20

Tradicionalmente, los Aparai y Wayana no reconocen una organización política y/o liderazgo que trasciendan los límites de la aldea. Cada aldea es, en principio, políticamente autónoma, poseyendo su propio jefe, llamado por pata esemy (‘jefe de la aldea’), typatakemy (‘el propio jefe de la aldea’) o también por el término tuisa (o tamuxi en wayana). Todavía, en ciertos contextos, es posible que un líder desempeñe un papel de destaque en el ámbito de decisiones que movilizan la sociedad aparai y wayana como un todo (entendida, aquí, como el conjunto de las aldeas y grupos locales en territorio brasileño). Cuando esto ocurre, la influencia de este líder trasciende los límites de su aldea hasta su grupo local (el conjunto de aldeas próximas genealógica y/o geográficamente) y, a veces, hasta otras aldeas más distantes.

La autoridad del jefe de la aldea sobre sus miembros es restringida, conforme las distancias sociales entre éstos, el prestigio que él conquista y su capacidad de persuasión. A groso modo, cabe al jefe de la aldea coordinar actividades comunitarias (como la limpieza del patio) y que sobrepasen los límites de ésta, como cuestiones de política exterior, intra o interétnica (fiestas, rituales, reuniones, etc.). En aldeas más grandes, que engloban más que un único grupo doméstico, de abre un espacio político para aquellos hombres que ‘lideran’ su grupo doméstico y acaban ejerciendo alguna influencia en las decisiones políticas de la aldea. Además de esto, ciertas actividades que se dan por medio de cooperación entre los individuos exigen la constitución de un liderazgo temporal para su realización. Son éstas las fiestas y la prestación de servicios en forma colectiva (por ejemplo: limpieza de la tierra, hacer las canoas), que exige la contratación de varios empleados o, como dicen, muruku. En ambos casos, existe un ‘jefe’ que organiza la respectiva actividad, llamado aporesemy. Este vocablo comparte una misma raíz léxica, emy, que denota una posición jerárquicamente superior de pose y de autoridad, esto es, ‘jefe’ y ‘dueño’, simultáneamente – empleada también en el caso del ‘jefe’ de aldea, pata esemy o typatakemy.

La posición recíproca a la del jefe de la aldea es la de sus subordinados y co-residentes, designados genéricamente por –poetory. Se trata de una ‘relación-institución’ ampliamente difundida entre los pueblos que hablan lenguas Karib de la región de Guyanas, pensada y caracterizada de maneras distintas por cada uno de éstos. Para muchos, como entre los Aparai y Wayana, esta relación posee una fuerte connotación asimétrica, remitiendo a posiciones consideradas jerárquicamente inferiores, como las del yerno (marido de la hija), ‘empleado’, ‘siervo’, ‘prisionero’ o ‘esclavo’ (Rivière, 1969:81).

De modo general, el jefe de la aldea corresponde a un ‘padre-suegro’ que reúne a su alrededor sus hijos e hijas solteros, hijas casadas, yernos y nietos y, a veces, hijos casados y nueras. Además de éstos, él puede reunir sus hermanos (as), cuñados (maridos de las hermanas), entre otros. La relación suegro/yerno presupone una serie de obligaciones del segunda para con el primero, a partir del momento en que la alianza es establecida, como la tala en el campo, la construcción de una casa o de una canoa. Además de esto, a lo largo de la vida, el yerno debe prestar servicios al suegro siempre que solicitado y ofertarle regalos por intermedio de su esposa. De manera análoga a lo que ocurre entre cónyuges, los bienes industrializados han coexistido con las obligaciones ‘tradicionales’ y hasta las han substituido. Aunque, estas formas de obligación no se excluyen necesariamente, pueden estar asociadas de acuerdo con el poder del suegro en cuestión.

Entre los criterios que evalúan la cualidad de un futuro yerno, la pertinencia o no del matrimonio está - además obviamente de los determinantes de distancia genealógica  (terminológica)  y geográfica – el hecho de éste ser o no “trabajador”. O sea, la disposición y aptitud del pretendido yerno para realizar los servicios citados arriba y, sobretodo, su capacidad en adquirir bienes industrializados para su esposa, suegro y suegra, por medio de la producción y comercialización de artesanías, de prestación de servicios a la Funai o en minas vecinas. La intensidad de estas obligaciones parece variar conforme la proximidad/distancia genealógica y/o geográfica entre suegro y yerno. Así, cuando el yerno es co-residente tiene más obligaciones y condiciones para cumplirlas, que si estuviera residiendo en otra aldea. Por otro lado, si entre suegro y yerno ya existe algún vínculo genealógico o lazo de afinidad entre sus familias, las obligaciones también tienden a ser minimizadas.

La relación entre yerno y suegro se extiende sobre el resto de la familia extensa, sirviendo de modelo hiperbólico de relación asimétrica y de poder. Gracias a esta relación se mantienen cohesionados los grupos domésticos y se configuran los grupos locales.

Mientras tanto, si idealmente, en contrapartida a los servicios prestados de sus miembros, el jefe de la aldea tiene como obligación organizar fiestas, ser un buen anfitrión y, sobretodo, dividir y redistribuir los bienes (valores éstos frecuentemente evocados como crítica a los actuales líderes), el suegro no parece tener ninguna obligación para con su yerno.

Liderazgo y organización indígena

Como ya fue dicho, entre los Aparai y Wayana, no hay tradicionalmente ninguna forma de liderazgo que trascienda los límites de la aldea y, en última instancia, del grupo local. No obstante, a partir de 1973, con el inicio de las actividades asistenciales por parte de la FAB y de la Funai, se estimuló la creación de un liderazgo mayor, un representante de todas las aldeas, interlocutor frente al gobierno y a la sociedad envolvente. Progresivamente, las decisiones que alcanzan a los Aparai y Wayana en general comenzaron a depender del consentimiento de este único líder, provocando y produciendo tensiones entre los jefes de las aldeas, aldeas y familias. Este modelo, aunque implementado hace más de 30 años, encuentra todavía muchas dificultades para coexistir con la forma de poder tradicional. Se verifica una enorme insatisfacción por parte de varios individuos (líderes o no), que acusan al liderazgo general de beneficiar apenas sus parientes y aliados próximos. 

En 1996, por medio de una maniobra política que articuló los intereses de una familia aparai específica con los de la administración de la Funai local, se creó la Asociación de los Pueblos Indígenas del Tumucumaque (APITU). En principio, esta asociación representa los grupos indígenas que habitan el Parque Indígena Tumucumaque y la Tierra Indígena Río Paru D´Este: Aparai, Wayana, Tiriyó y Kaxuyana, entre otros. Aunque, la mayor parte de los individuos desconoce el modo de funcionamiento de la APITU, que es ‘controlada’ y disputada por una minoría más familiarizada con los códigos de la sociedad envolvente, como nuevas formas de organización, representación y actuación política.

Finalmente, se considera que la autoridad del presidente de la asociación indígena no se impone, de ningún modo, a la de los jefes de aldea. Al contrario, el presidente de la asociación depende en cierta medida del consentimiento de algunos jefes de aldea más influyentes para tomar algunas decisiones.