Sobre el nombre de los pueblos

Por no poseer escritura alfabética en los tiempos de la “atracción y pacificación”, los pueblos indígenas fueron (y continúan siendo) “bautizados” por escrito por los no indios, en un proceso que produjo (y aún produce) muchas confusiones en términos de grafías y significados.

Es importante destacar que, en las últimas décadas, con el desarrollo de proyectos en el área de la educación escolar indígena, algunos pueblos están aprendiendo a escribir su propia lengua y, de esta manera, a crear, junto a los asesores lingüistas, una grafía propia.

Grafías

Existe una gran variabilidad en las formas de escribir los nombres de los pueblos indígenas. Conviven patrones diferentes, algunos creados por funcionarios de la Fundaçao Nacional do Indio (Funai-Fundación Nacional del Indio), otros por antropólogos y, más recientemente, hasta por los manuales de redacción de los grandes órganos de prensa brasileños. Un grupo que actualmente reside en las áreas del estado de Acre, denominado kaxinawá, sólo a modo de ejemplo, tiene su designación escrita -por lo menos- de cuatro maneras diferentes: caxinauá, cashinauá, kaxinawá y kaxináua.

"Atraer y pacificar” a los indios, imponiéndoles denominaciones arbitrariamente, tiene que ver, históricamente, con prácticas coloniales de control social: concentración espacial de la población (con la consecuente contaminación por las enfermedades y la despoblación poscontacto), la implantación de los sistemas paternalistas y precarios de asistencia social, el confinamiento territorial y la explotación de los recursos naturales disponibles. Todo en nombre de la “integración de los indios a la comunión nacional”.

 

Muy por el contrario; reconocer y valorizar sus identidades específicas, comprender sus lenguas y sus formas tradicionales de organización social, de la ocupación de la tierra y el uso de sus recursos naturales, está relacionado con gestos diplomáticos de intercambio cultural y respeto a los derechos colectivos especiales.

La razón básica por la cual los antropólogos escriben el nombre de un grupo de una manera determinada se relaciona con la adopción de un alfabeto con el cual escribirán las palabras de la lengua de un pueblo dado. Como las lenguas indígenas tienen sonidos que no encuentran representación directa en las letras del alfabeto brasileño, los antropólogos están compelidos a recurrir a otras letras y a sus respectivas combinaciones. Buscan, entonces, utilizar letras cuya interpretación sonora se aproxima al alfabeto fonético internacional, empleado por lingüistas de todo el mundo, y no al alfabeto brasileño.

Inclusive, ¿que justificaría la reducción fonética de los nombres indígenas a la forma brasileña si existen diversos pueblos que no viven exclusivamente en el Brasil? Recordemos que las fronteras entre los Estados nacionales de América del Sur se superpusieron a las áreas ocupadas por los pueblos indígenas, de forma tal que algunos de ellos viven actualmente bajo la jurisdicción político-administrativa de dos, tres y hasta cuatro países diferentes.

Las discordancias ortográficas acerca de los nombres de los pueblos indígenas acostumbran oponer a los antropólogos y a los manuales de redacción de los grandes diarios. Con respecto a esto, no hay consenso ni siquiera entre los mismos antropólogos. Las polémicas más importantes se refieren al uso (o no) de mayúsculas iniciales y de la forma del uso del plural para los nombres de la etnias.

Para muchos, cuando la denominación de un pueblo aparece con función de adjetivo, no habría por que no escribirla con minúscula (lengua guaraní, por ejemplo). Sin embargo, cuando se manifiesta como sustantivo en forma de gentilicio sería más adecuado mantenerla con mayúscula porque, si es verdad que esas etnias no tienen países (como los franceses a Francia), también es cierto que sus nombres designan una única colectividad, de una sociedad, de un pueblo, y no simplemente de una sumatoria de personas. De esta manera, por ejemplo, nos podríamos referir a los kaingang.

Aquellos que defienden la posición negativa en relación a la no flexión del plural, se basan en la justificación de que, en la mayoría de los casos, cuando los nombres son palabras en lengua indígena, agregar una S resultaría en una forma hibrida. Además, existe la posibilidad que las palabras estén ya en la forma plural o, inclusive, de que la forma del plural no exista en las lenguas indígenas correspondientes.

Los manuales de redacción, por otro lado, le han impuesto una forma portuguesa a la grafía de los nombres de los grupos indígenas, prohibiendo el uso de letras como w, y, k (¡) y ciertos grupos de letras no existentes en portugués, como la sh. Este criterio no tiene consistencia, así como el de escribir los nombres siempre con minúsculas o flexionar el número (singular/plural), aunque no el género (masculino/femenino). Por ejemplo, si krahô de debe escribir craô, entonces Kubitscheck debería escribirse Cubicheque y Geisel se graficaría Gáisel (ambos ex presidentes brasileños). ¿Por qué el mismo manual que recomienda escribir Yanomami y los ianomâmis, veta la flexión por género, cuando la palabra tiene función de adjetivo (“mujeres ianomâmis” y no “mujeres ianomâmas”), resultando en una transformación parcial al portugués?

 

Significados

La confusión se agrava cuando entran en escena las auto denominaciones. Esto es, las formas verbales a través de las cuales un determinado pueblo se refiere a sí mismo. En muchos casos, las investigaciones de los antropólogos y lingüistas nos enseñan que las auto denominaciones no tienen nada que ver con los nombres aplicados a los grupos indígenas por los no indios. Buena parte de los nombres utilizados, tanto en la actualidad como en el pasado, para designar a los pueblos indígenas en el Brasil no son auto denominaciones. Muchos de ellos fueron atribuidos por otros pueblos, con frecuencia enemigos y, por ello, cargan connotaciones peyorativas.

Es el caso, por ejemplo, de los araweté, denominados por vez primera por un sertanista (persona que conoce y frecuenta regiones remotas del Brasil) de la Funai (Fundación Nacional del Indio) que creía comprender la lengua de ese pueblo, inmediatamente después de haberse producido los “primeros contactos” establecidos a mediados de la década del 70. Tal designación, escrita por primera vez por un funcionario del gobierno federal en un informe, permaneció como la identidad pública oficial de ese pueblo. Sin embargo, un antropólogo que estudió a los araweté algunos años después y aprendió su lengua descubrió que esos indios no se denominan originalmente a través de un sustantivo “los araweté”, sino que utilizan la palabra bïdé (un pronombre que significa “nosotros, los seres humanos”) para referirse al colectivo al cual pertenecen.

La palabra no remite a una sustancia (como brasileños, por ejemplo, remite al Brasil), sino más a un perspectiva humana, que se opone a la animal, a la divina, a la enemiga…. Dependiendo del contexto en que es enunciada, la palabra bïdé se puede referir a las colectividades humanas, abarcándolas en mayor o en menor medida: a los mismos araweté (en oposición a otros grupos, enemigos); a todos los indios (en oposición a los no indios); a todos los seres humanos (en oposición a los animales y dioses)…

 

Los miembros de los Estados-Naciones, como nosotros -los no indios-, tienen el prejuicio de que toda sociedad tiene que tener un nombre propio. Se trata de una idea equivocada, como lo ilustra el caso araweté. Porque, si es cierto que los araweté utilizan la palabra bïdé para referirse a sí mismos, no lo es que esa denominación sea un “nombre propio” y tampoco que el “nosotros” al que se refieren sea siempre el mismo.

 

En otros casos, las connotaciones de los nombres atribuidas a las etnias indígenas llegan a ser despreciativas. Kayapó, por ejemplo, es una designación genérica que le fue dada a aquellos indios por pueblos de lengua tupí, con los cuales mantuvieron guerras hasta no hace mucho y significa “parecido al mono”. Otras denominaciones fueron dadas por los sertanistas del antiguo SPI (Serviço de Proteção aos Indios-Servicio de Protección a los Indios) o de la Funai (Fundação Nacional do Indio-Fundación Nacional del Indio), en muchas oportunidades inmediatamente después de los primeros contactos promovidos por las llamadas “expediciones de atracción”. En ese contexto, sin entender la lengua nativa, los equívocos son frecuentes, y determinados pueblos terminan siendo conocidos por denominaciones que les son atribuidos por razones absolutamente aleatorias.

En la época de los primeros contactos, en la cual la comunicación con las “etnias desconocidas” era precaria, algunos pueblos comenzaron a ser denominados por el nombre de alguno de sus integrantes o facciones. Aún se verifican casos de nombres impuestos en portugués, como, por ejemplo, los “beiço-de-pau” (“labio inferior de madera”, para referirse a los tapayuna, del estado de Mato Grosso) o los cinta-ancha, denominados así por los sertanistas de la Funai, simplemente porque usaban anchas cintas elaboradas de corteza de árbol al momento de ser contactados hacia el final de la década del 60, en el estado de Rondônia.