Indios aislados

Poco se sabe sobre los denominados indios aislados – también conocidos como pueblos en situación de aislamiento voluntario, pueblos ocultos o pueblos no contactados, entre otros. Así son denominados aquellos grupos con los cuales la Funai no estableció contacto. Las informaciones acerca de ellos son heterogéneas, transmitidas por otros indios o por personas de una región determinada, así como por indigenistas e investigadores.

La Funai, institución responsable por la política indigenista del Estado brasileño, posee un órgano responsable para proteger la región donde están indicadas las referencias a esos grupos sin contactos: es la Coordinación General de Indios Aislados y Recién Contactados (CGIIRC- Coordenação Geral de Índios Isolados e Recém Contatados), que ya confirmó la existencia de 28 de estos grupos. En toda América Latina, el Brasil es el único país que tiene un órgano específico para desarrollar políticas de protección a los pueblos aislados.  La CGIIRC está organizada en seis Frentes de Protección Etnoambiental (Juruena, Awa-Guajá, Cuminapanema, Vale do Javari, Envira, Guaporé, Madeira, Madeirinha, Purus, Médio Xingu, Uru-Eu-Wau-Wau e Yanomami), que actúan en la amazonía brasileña, en regiones donde existe la confirmación de la presencia de indios aislados y donde viven pueblos recién contactados.

De acuerdo con los datos de ISA y sus colaboradores, se verifican en la amazonía brasileña más de 50 evidencias de indios aislados. Pero no se sabe ciertamente quiénes son, donde se encuentran ubicados, cuántos son y qué lenguas hablan. Entre esos grupos, de los cuales se tiene evidencia, apenas uno, los avá-canoeiro, se ubica fuera de la Amazonía Legal. De los avá-canoeiro se dice que son cuatro personas, en fuga permanente, evitando el contacto, trasladándose por el norte de los estados de Minas Gerais, Bahia y Goias. Además de este pequeño grupo, otros seis avá-canoeiro viven en la Tierra Indígena homónima y otros cuatro, junto con sus descendientes, residen en el Parque Indígena do Araguaia.

Lo que se sabe es que la mayor parte de esas referencias se encuentran en Tierras Indígenas ya demarcadas o con algún grado de reconocimiento por los órganos federales. También hay evidencias de grupos aislados dentro de dos Parques Nacionales y de dos Selvas Nacionales (Flonas). En el caso de los parques, los grupos están protegidos de la ocupación desordenada de su hábitat; en al caso de las Flonas, que a pesar de ser federales y protegidas, son áreas destinadas a la explotación forestal por empresas, de forma que no existe garantía de que los indios serán protegidos y tendrán su futuro asegurado.

Las informaciones acerca de esas pueblos son escasas. En algunas oportunidades, se presentan vestigios como tapires, flechas y otros objetos encontrados en las áreas por donde pasaron y los mismos son registrados fotográficamente. Los relatos verbales acerca de la existencia de esos grupos son generalmente proporcionados por otros indios y habitantes de las cercanías quienes narran encuentros fortuitos, o que simplemente reproducen informaciones de terceros.

Un caso que ejemplifica correctamente la definición de grupos aislados, en donde las informaciones de los vecinos confirman su existencia y la relación de contacto que mantuvieron con ellos, demuestra que el aislamiento es relativo: los Hi-Merimã, que en la actualidad viven aislados, fueron cuantificados en más de 1.000 personas en 1943. Eran considerados uno de los mayores grupos de la región del río Purus, en el estado de Amazonas, aunque retornaron a una situación de aislamiento. También eran conocidos como Marimã o Merimã, según la información otorgada por la antropóloga Luciene Pohl, en su trabajo de identificación de la Tierra Indígena hi-merimã. Pohl recolectó las informaciones acerca de ellos gracias a sus vecinos, los jamamadi, cuyas tierras demarcadas son continuas a la tierra de los aislados, siendo su lengua de la familia Arawá.

Los jamamadi, relatan que mantuvieron contacto con ellos en el pasado, aunque se produjeron problemas de entendimiento entre las partes, lo que resulto en un conflicto en donde se produjeron decesos. Los banawa, también de la familia lingüística arawá, dicen comprender en forma parcial la lengua hablada por los hi-merimã y afirman que mantuvieron relaciones con ellos, pudiendo describir las características de modo de ser de estos indios quienes volvieron a aislarse. Los indios zuruahã, de la misma familia lingüística, así como sus vecinos hacia el oeste, relatan historias de hostilidades hacia ellos.

¿Aislados o contactados?

A partir de estos relatos se puede percibir que la idea de que hay indios aislados desde la llegada de los portugueses, o sociedades mantenidas al margen de todas las trasformaciones ocurridas desde entonces es engañosa. Los grupos considerados aislados entablaron, entablaron, en muchas oportunidades, relaciones de larga data con segmentos de la sociedad nacional, habiendo, posteriormente, optado por el aislamiento. Los Apiaká de Matrinxã, por ejemplo, tuvieron contactos con la sociedad regional, sufrieron en demasía, y resolvieron huir y aislarse frente a nuevos contactos. La misma historia es atribuida a los katawixi. De esta manera, el aislamiento representa, en muchos casos, una opción grupal, que puede estar pautada por sus relaciones con otros grupos, por la historia de los frentes de ocupación en la región donde residían y también por los condicionantes geográficos que propiciaron esta situación. La noción de aislados, entonces, se refiere al contacto regular, principalmente con la Funai.

Lo que ha ocurrido con alguna frecuencia es la tentativa de la Funai de realizar contactos con grupos que se encuentran en situaciones de riesgo, no obstante, mucho rehúsan esa aproximación.
Un caso de opción por el aislamiento también puede ser observado en la región de Tanaru, al ser del estado de Rondônia. No se trata de una sociedad sino de un único hombre sobreviviente. Todo lleva a creer que su pueblo desapareció debido a la violencia y a la ambición de los ganaderos que ocuparon la región. Desde 1996, la Funai ha intentado ofrecerle asistencia aunque, en todas las oportunidades en las que su campamento fue identificado, era inmediatamente abandonado. El sujeto se muestra absolutamente opuesto al contacto, a pesar de aceptar algunos regalos de los sertanistas como ollas y facones.