Mitos y cosmología

Edición a partir de los textos Mitos e Cosmologias indígenas no Brasil: breve introdução (1992) y Mito, razão, história e sociedade (1995), de Aracy Lopes da Silva.

¿Qué son los mitos?

Una de las maneras a través de las cuales los especialistas acostumbran concebir a los mitos incluye la definición de los mismos como narrativas orales, que contienen verdades consideradas fundamentales para un pueblo (o grupo social) y que forman un conjunto de historias dedicadas a contar las peripecias de los héroes que vivieron en el inicio de los tiempos (en el tiempo mítico o de los orígenes), cuando todo fue creado y el mundo fue ordenado. Lo que se enfatiza, desde esa perspectiva, es el carácter de narrativas que poseen los mitos.

El mito (expresado en singular) también puede ser definido en un nivel específico del lenguaje, como una manera especial de pensar y de expresar categorías, conceptos, imágenes y nociones articuladas en historias cuyos episodios se pueden visualizar fácilmente. El mito, entonces, es percibido como una manera de ejercitar el pensamiento y de expresar las ideas. ¿Cuáles serán, sin embargo, sus características distintivas?

Estas dos definiciones coinciden en lo que se presenta como esencial: primero, ambas indican que los mitos dicen algo, algo importante, que debe ser tomado muy en serio; segundo, ambas señalan el hecho de una de las especificidades del mito que tiene una determinada manera de formular, expresar y ordenar las ideas e imágenes por las cuales se constituye como discurso así como por la historia que narra. Finalmente, ambas sugieren una relación particular entre el mito (o los mitos), la forma de vivir y de pensar y la historia de aquellos pueblos responsables por su existencia.

¿De qué hablan los mitos?

Sin realizar diferencias entre humanos y animales, que se relacionan como iguales; cielo y tierra, que casi se rozan; viajes cósmicos, hombres que vuelan, gemelos primitivos, incestos creadores; orígenes subterráneos; diluvios; humanidades subacuáticas; caos, conquistas, transformaciones… Es el mundo tomando forma, definiendo lugares y características de personajes hoy conocidos.

Son los temas míticos que narran aventuras y seres primordiales en un lenguaje que se construye con imágenes concretas, captables por los sentidos; situadas en el tiempo de los orígenes, aunque referidas al presente, cerrando las perspectivas de futuro y cargando con las experiencias del pasado. Así de complejos son los mitos.

También son extremadamente variados. Dado que constituyen creaciones originales de cada grupo con una identidad cultural propia, y que refieren a sus condiciones de existencia y a la cosmovisión allí elaborada. Asimismo, es igualmente innegable que los mitos presentan variaciones sobre temas comunes, compartidos no sólo localmente sino, en algunos casos, a escala universal. Particulares y locales, universales y esencialmente humanos. Quizás resida allí una parte de la fascinación y del misterio de los mitos.

En universos socioculturales específicos, como aquellos constituidos por cada sociedad indígena en el Brasil, los mitos se articulan a la vida social, a los rituales, a la historia, a la filosofía propia del grupo con categorías de pensamiento elaboradas localmente que resultan en peculiares maneras de concebir a la persona humana, al tiempo, al espacio y al cosmos. En ese plano se definen los atributos de la identidad personal y del grupo que es distintiva y exclusiva y está construida a través del contraste con aquello que es definido como lo “otro”: la naturaleza, los muertos, los enemigos y los espíritus.
Es central la definición acerca de la humanidad y de su lugar en el orden cósmico en contraposición a los otros dominios –habitados y controlados por seres de otra naturaleza- vistos, algunas veces, como momentos diversos de un proceso continuo en la producción de la vida y del mundo. En la concepción del mundo existe orden, hay clasificación, oposición lógica, jerarquía, categorías inclusivas y exclusivas.

Pero hay también movimiento así como un juego constante con el tiempo, sea para suprimirlo, permitiéndole a los humanos vivos un posible reencuentro con el pasado, los ancestros, los orígenes, tanto sea para volverlos el eje de la propia existencia, destinada a completarse y a constituirse plenamente después de la muerte en la superación eterna de las limitaciones de la condición humana.

Pueblos Jê

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Entre los pueblos de la familia lingüística Jê, el cosmos es concebido como habitado por diferentes humanidades –la subterránea, la terrestre, la subacuática y la celeste- que existen desde siempre. El tiempo de los orígenes es el que no establece diferencias y el del desorden, de la convivencia y de la interpretación de aquellos dominios. Los astros, como el Sol y la Luna, son gemelos primordiales que viven aventuras en la tierra y aquí dejan su legado antes de partir hacia su eterna morada. En los mitos jê, existen referencias explícitas a las actividades de subsistencia y a las prácticas sociales en términos generales. Las instituciones sociales –la nominación de los individuos, la guerra, el chamanismo…- tienen en el mito la descripción de sus orígenes y la exposición de su esencia.

 

Pueblos del Alto Rio Negro

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En contraste, cabría mencionar a la región del Alto Río Negro, en el noroeste amazónico, morada de los pueblos de la lengua tucano. En el inicio de los tiempos, los antepasados míticos crearon el mundo que, previamente, no existía. De las entrañas de una gran cobra ancestral, que realizaba el recorrido del río, salieron, en puntos precisos de ese recorrido, los primeros antepasados de cada uno de los varios pueblos de la región, determinando, así, sus respectivos territorios, sus atribuciones específicas y un patrón jerarquizado de relacionamiento entre ellos.

En muchas cosmologías, las relaciones entre humanos y los demás seres son pensadas a través de la idea de predación, en una metáfora que simbólica y lógicamente aproxima la caza, la guerra, el sexo y la comensalidad. En el Alto Rio Negro el chamán parece estar encargado de garantizar que los flujos y volúmenes de energía vital compartida por humanos y animales se mantenga en los niveles adecuados. Exageraciones en la matanza de animales desencadenarían, como contrapartida, epidemias y maleficios entre los hombres, provocados por los espíritus protectores de los animales. Un equilibrio vital en los recuerdos y en la convivencia con la idea de la muerte son experiencias diarias en la apreciación y en la conducción de la vida.

Pueblos Tupi-Guarani

Desde hace más de 500 años, los no indios producen análisis en la tentativa de comprender las prácticas sociales y las concepciones cosmológicas de los tupi-guarani. Del espanto inicial a la sistematización de las informaciones de los cronistas realizada entre las décadas de 1940 a 1950, pasando por la catequesis jesuítica y por los episodios dramáticos de la conquista, es constante la referencia central a temas como la guerra, el canibalismo, la venganza de muerte a través de nuevas guerras y las nuevas venganzas.

Una comprensión de estos pueblos, sus sociedades y sus cosmologías, adecuada a los tiempos recientes de maduración teórico metodológica de la antropología, revela – a pesar de la gran diversidad existente entre ellas, tanto en el plano sociológico como en las variaciones entre sus respectivas cosmovisiones- la centralidad de la noción de temporalidad como eje sobre el cual se construyen las nociones fundamentales, como la de persona y la de cosmos. Esta temporalidad está aliada a las relaciones de alteridad que los tupi.-guarani buscan sistemáticamente situar fuera del dominio social propiamente dicho, encarnadas en los enemigos, los espíritus, los animales, en los muertos y en las divinidades.

 

Bibliografia

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